¿En algún momento, deja usted de ser médico?

8 de septiembre del 2012

Atrae mi atención esta pregunta que titula un artículo recientemente publicado en Medscape, una revista dedicada a la actualización médica. Revista que permanentemente enfoca temas éticos, legales, filosóficos, además de los netamente científicos y académicos en medicina. Allí encontramos preguntas difíciles en el ámbito de los colegas, tratadas con altura y abiertas a discusión. Preguntas […]

Atrae mi atención esta pregunta que titula un artículo recientemente publicado en Medscape, una revista dedicada a la actualización médica. Revista que permanentemente enfoca temas éticos, legales, filosóficos, además de los netamente científicos y académicos en medicina. Allí encontramos preguntas difíciles en el ámbito de los colegas, tratadas con altura y abiertas a discusión. Preguntas centradas en el ejercicio de la profesión. Permítanme hacer traducción libre y compartir algunos de sus apartes al tiempo que expreso mi opinión personal.

Comienza la publicación con una encuesta realizada sobre si los médicos apagan el switch de la medicina por fuera de sus trabajos, o si simplemente la medicina queda dormida en algún rincón cuando hacen otras actividades. La respuesta es que sí se desconectan el 57%, no lo hace el 6%, no siempre el 29% y desearía pero no lo logra el 7%.

Es esta una pregunta superficial, o es de fondo. Al compartir con mis colegas siento que es de fondo. Existen las posiciones opuestas, quienes viven y se sienten ciento por ciento confortables, y quienes quisieran poder pasar desapercibidos en ciertos momentos y circunstancias.

Sí, algunos o muchos médicos quieren desconectarse por ratos, más o menos prolongados. El estrés de su ejercicio conduce a desearlo. Mas sin embargo, veamos algunas de las frases de los encuestados en el mencionado artículo: “Cuando voy a casa trato de olvidar que soy médico, pero el sentido de ser uno, está allí en forma natural, siempre”. “Es difícil desconectarse, aun en fines de semana sin turno, acabo atendiendo a alguien”. “La profesión siempre esta allí, me siento confortable con ello”.  “Con frecuencia en mis sueños, sigo siendo médico, sueño con nuevos procedimientos”.  “Soy médico desde los 25 años de edad y me siento orgulloso de este mi mayor logro, aunque tengo otras áreas de interés, me siento bendecido”. Algunos otros comentarios tienen el matiz de desesperanza por no poder desconectarse de la medicina.

Para mí, la medicina es un estilo de vida, no solo una profesión. En el medio ambiente en que me desenvuelvo, al estar en situaciones sociales, casi siempre surge alguna pregunta, alguna solicitud de consejo médico. Lo interesante es qué tanto nos daña esto el rato o qué tanto lo asumimos con tranquilidad y pasión. Personalmente me alegran estos momentos.

En mi casa, en el campo o mientras viajo mis pacientes están en mi mente y emociones, recordando logros, fallas, decisiones difíciles, y hasta renegando de ellos en ocasiones, lo cual será tema para otro escrito. También podremos ver en otra ocasión cómo la medicina nos transforma a los médicos en mejores seres humanos, es uno de los beneficios de ejercerla.

La medicina se vive con ella, para ella, se duerme, se levanta con ella, es parte integral, ya que aun en los pasatiempos,  en la playa o el cine, surgen asociaciones a cómo podemos resolver un caso.

No hay conclusiones ciertas, verdaderas o falsas. Es una vivencia personal. Ojalá estas cortas palabras estimulen a los lectores a opinar al respecto y a los médicos a la reflexión personal y a avanzar en pos de esa zona en que nos sentimos plenamente confortables con nuestro estado del alma.

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