¿En dónde andas libertad?

15 de enero del 2012

Reseña crítica del libro “Libertad” de Jonathan Franzen   “Los niños siempre han dado sentido a la vida. Te enamoras, te reproduces, y luego tus hijos crecen, se enamoran y se reproducen. Precisamente ésa ha sido siempre la finalidad de la vida. El embarazo. Más vida. Pero ahora el problema es que más vida sigue […]

Reseña crítica del libro “Libertad” de Jonathan Franzen

“Los niños siempre han dado sentido a la vida.
Te enamoras, te reproduces, y luego tus hijos crecen, se enamoran y se reproducen.
Precisamente ésa ha sido siempre la finalidad de la vida. El embarazo. Más vida.
Pero ahora el problema es que más vida sigue siendo algo maravilloso y lleno de sentido en el plano individual,
pero para el mundo en su totalidad sólo significa más muerte.

J.F.

Como de “la primera gran novela norteamericana del siglo XXI” ha sido calificado el último trabajo de Jonathan Franzen, “Libertad”, y la verdad es que hay materia para tal afirmación, así ésta sea un tanto magnificada. Su estilo en todo caso guarda un cierto símil con la novela europea del siglo XIX, emparentándose, así sea de lejos, con Tolstoi, con Flaubert.

Franzen nacido en 1959 en Illinois fue elegido en 1996 entre los Mejores Jóvenes Novelistas Norteamericanos en la famosa revista Granta. Aparte de Libertad, ha escrito las novelas Ciudad veintisiete, Movimiento fuerte, y Las correcciones. Esta última lo acreditó mundialmente, con ella obtuvo el National Book Award y el Premio James Tait Black Memorial, fue finalista de los premios Pulitzer y Pen/Faulkner. Ha escrito, también, dos obras de no ficción: Cómo estar solo, una recopilación de sus ensayos, y Zona templada, un libro de memorias.

En esta nueva novela, estampa el escritor en una larga narración el acontecer de una saga de cuatro generaciones, un retrato idiosincrático, asaz logrado, de la sociedad actual norteamericana. Para ello utiliza a la familia Berglund, representativa del Medio Oeste americano, como protagonista de tal ilustración; Walter y Patty, así como sus hijos Joe y Jessica son presentados con gran minucia: sus actuaciones, sus deseos, su evolución, sus amores, sus ideas, su vivir diario.

Walter reconcentrado en sus responsabilidades familiares y laborales, Patty exbasquetbolista universitaria dedicada a los quehaceres del hogar y a la crianza de sus dos retoños. Walter un convencido de la necesidad de una vida tradicional de pareja es el clásico enamorado y fiel a su mujer; ésta, a contrario, diverge en secreto de esta actitud y vive el matrimonio más bien por conveniencia, obligación y comodidad económica, y en su vivencia predomina el aburrimiento, la desmotivación y la depresión. Joe mimado por su madre tiene un carácter muy independiente y rebelde, es así como desde muy temprana edad decide quitar el hogar familiar e instalarse en la casa vecina con su novia y los permisivos, y no menos vulgares, padres de ésta; hecho que confronta irreparablemente a las dos familias. En cuanto a Jessica, el otro retoño de la pareja, es más bien de carácter distante y permanece bastante al margen de la historia contada, excepto al final de la novela en donde la vemos poner en relieve su tendencia analítica y conciliatoria. Difícil hablar de un buen entendimiento entre estos miembros de la familia, así como tampoco con sus parientes cercanos. Una relación familiar casi inexistente y hostil, en donde prima el interés utilitarista y monetario más que el afectivo. Busca el escritor a través de esta familia, de sus parientes más allegados y de unos escasos amigos trazar una radiografía de la sociedad norteamericana, que sin duda alguna sale mal librada en esta extensa novela de cerca de setecientas páginas. Es que aquí lo relacional, bastante precario, se traduce en lo funcional, lo práctico, lo tradicional y no en lo amoroso y espontáneo, con lo cual se impone la indiferencia y el malentendimiento. Modernismo, se dirá.

El título de la novela, per se ambicioso, crea la expectativa de un encuentro con una obra de tipo ensayo o de gran discurso sobre la libertad; ha preferido más bien, decorosamente, el escritor abordar este tema a través del ejemplo, concretamente el vivido por la familia Berglund y sus cercanos. Es así como el lector se ve inmerso en un potpourri, en donde desfilan sexo, drogas, deporte, música, política, familia y otros tantos temas rutinarios. Asuntos que no están allí por el sólo placer de narrarlos como hechos corrientes vividos, sino expuestos con la clara intención de asociarlos a la libertad que los actores tienen en el manejo de ésta. En este interesante y extenso desfile se observa la manera consciente o inconsciente con que los personajes novelados se apropian indolentemente de la noción de libertad; para llegar a un triste constatar: no saben muy bien qué hacer con ella, aparte de utilizarla improvisada y erráticamente. Y es que en realidad la novela no intenta dar respuesta a qué es la libertad, sino más bien ilustrar el porqué de ella, para qué sirve. Y es así como vemos que el uso que se le da es de baja monta; se reduce la libertad a la libre posibilidad de estorbar y fastidiar al vecino, al desenfreno en el consumo de drogas, al ejercicio desparpajado del machismo, al abuso del alcohol, al descaro con que se estafa al Estado, a la promiscuidad sexual, a la deslealtad con el amigo. Nada realmente edificante, pero tristemente universal; he ahí la trascendencia de la novela.

Gran paradoja: la noción de libertad se ve amenazada justamente por el ejercicio que de ella se hace; triste argumentación que se presenta en bandeja a tanto enemigo de la libertad que anda por ahí suelto e incluso en las crestas del poder de algunos países. ¿Acaso Lenin y otros cuántos gobernantes pasados y presentes no se han interrogado insidiosamente sobre la necesidad de la libertad, y con esta sofística pregunta sin respuesta contundente oprimen a sus pueblos? Habremos de consolarnos al constatar que en el fondo tenemos un gran miedo a la libertad como brillantemente lo expone Eric Fromm y que por eso nos refugiamos en normas intransigentes, en dioses y en dictaduras; inconscientemente rogamos, así nuestra palabra exprese lo contrario, que no nos toque ejercer esa tan anhelada libertad, salvo para trivialidades como las que infelizmente ejemplifica Franzen en su novela.

Walter prototipo de un puritanismo mitigado choca con su familia y vecinos, su libertad consiste en poder pregonar su tendencia ecologista y sus proclamas contra la sobrepoblación mundial. Noble propósito, así su vida se presente como una frustración grande y doble: de una parte porque pierde a los amores de su vida (su mujer lo engaña y su amante desaparece en un accidente), de otra parte, descubre que los benefactores de sus campañas ecológicas tienen objetivos más pecuniarios que los nobles y altruistas que suponía. Duro también para este ser honrado e idealista constatar que su hijo se enreda en turbios negocios que defalcan al Estado.

De Patty habría mucho por decir: madre de familia naufragada en una mediocre relación con Walter; decepcionada y culpable por sus aventuras sin futuro con el mejor amigo de su marido; repudiada por su marido a raíz de su infidelidad descubierta; abatida por su pobre relación con sus hijos, con su propia familia y con sus vecinos; malograda por su poco realce profesional, su mayor logro fue durante su época estudiantil como jugadora de basketball. Lúgubre y caprichoso personaje.

La ecología juega un rol importante en la historia contada. Es para Walter el pilar de su existencia, logra crear, a través de contactos con políticos y hombres acaudalados, una reserva forestal, que incluye una sede en Colombia, en donde puede sobrevivir un pájaro en vía de extinción: la reinita cerúlea; otro triste logro porque para ello compromete el medio ambiente permitiendo una explotación carbonífera a cielo abierto que va en contra de las mismas reglas de preservación del medio ambiente que tanto defiende. Decepcionado se lanza entonces con vehemencia en una quijotesca cruzada contra la sobrepoblación mundial, hecho al cual le atribuye la causa de gran parte de los desastres del mundo moderno. Es de anotar que el mismo Franzen tiene gran afición por estas cruzadas, en particular por la preservación de las aves migratorias, de las que es gran observador y defensor.

¿Cómo habría de faltar el tema político en esta vasta descripción? No economiza el escritor menciones, en general desfavorables, a Reagan, Bush, Bill Clinton y Obama; las alusiones negativas contra los republicanos pululan a lo largo del libro, sin que por tanto los demócratas ocupen palcos de honor. Esta novela, en la que Franzen afirma haber invertido nueve años de construcción, está muy impregnada de la mentalidad derivada de los infortunados sucesos del 11-S, las referencias negativas a las invasiones de Irak y Afganistán, así como de su gestor Bush son numerosas. Temas como el patriotismo, que se derivó de este batiburrillo, son tratados con distancia e ironía.

Dada la gran extensión de la novela, sería tentador hacer un largo escrito sobre ella, no caeremos, sin embargo en ello y nos contentaremos con lo ya hemos expresado; terminamos entonces aquí dando nuestra mejor recomendación de lectura de este extenso libro, en donde, ha de advertirse, que también se tratan temas como el orgullo y el perdón, la traición en amor y amistad, la infelicidad propia del ser humano, el caos mundial y el menosprecio al tercer mundo, entre otros muchos. Razón habrá tenido el presidente Obama al considerar esta obra como una de sus lecturas.

Por último, dice el escritor a propósito de Libertad: “es mi intento por recuperar una bella palabra de manos de los estúpidos y volverla a poner en manos de quienes pueden apreciar su complejidad y su belleza”.

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