En los zapatos de los venezolanos

26 de agosto del 2017

Estamos demorados de ir pensando en una medida humanitaria transitoria para todos estos inmigrantes.

Columnista invitado

Emigrar, dejar atrás una historia, es una de las decisiones más difíciles del ser humano. La única forma de entenderlo y comprenderlo es poniéndose en los zapatos de aquellos que por circunstancias políticas y económicas dejan a sus seres queridos, enfrentan un reto y una nueva realidad.

Así lo pudimos sentir el día que acompañamos en la Plaza de Bolívar a los inmigrantes venezolanos que se reunieron para votar la consulta popular de la oposición venezolana a la constituyente de ese país.

Vimos más de 30 mil personas, en múltiples filas, en su mayoría jóvenes y mujeres embarazadas y con niños pequeños que han llegado a Bogotá y se han ubicado en diferentes localidades como Suba, Teusaquillo, Fontibón y Usaquén; de hecho en Cedritos hay un sector que lo llaman Cedrezuela.

No se sabe a ciencia cierta cuántos han llegado a nuestro país. El Gobierno Nacional y la Organización Internacional para las Migraciones hablan de 300 mil personas pero siguen en la tarea de contabilizarlos.

Ya no es raro subirse a un transmilenio y percatarse que los vendedores informales son venezolanos, tampoco es de extrañarse que las arepas venezolanas inundan los puestos cercanos en los paraderos de buses y algunos locales comerciales son atendidos por nuestros vecinos venezolanos.

Estamos demorados de ir pensando en una medida humanitaria transitoria para todos estos inmigrantes. El censo que hizo la Instituto para la Economía Social Ipes, sobre vendedores ambulantes, tiene una cifra alta en número de venezolanos dedicados a esta actividad.

El país y la ciudad no están preparadas para atender esa cantidad de venezolanos que están llegando. Ya se comienza a reflejar disputas entre venezolanos y colombianos y se agrava la crisis por el número desbordado de esta población, no solo buscando el diario vivir, sino también con enfermedades y dolencias que no son atendidas en los centros de salud.

Es el tiempo de la solidaridad con el pueblo hermano, es el momento de devolver favores que en otras épocas también nos hicieron, es el instante que tenemos para evitar un deterioro social en ciertos sectores y es importante pensar en esa ayuda humanitaria transitoria que podría proveer la ciudad en cuatro aspectos: Alimentación básica, salud, atención a los adultos mayores en centros comunitarios y entrada al sistema educativo para los niños.

No podemos permitir que los niños no tengan las vacunas correspondientes y se pueda desarrollar epidemias que ya estaban controladas en el país. No podemos seguir viendo venezolanos enfermos en el terminal de transporte durmiendo en el piso, hay que formalizar mecanismos humanitarios, que aunque implique recursos para la ciudad, si se planean bien, los resultados se verán, claro está sin descuidar la atención a los bogotanos.

Hay que crear herramientas de ayuda humanitaria transitorias mientras se recuperan, pero no se puede generar una xenofobia entre la ciudadanía bogotana sino de solidaridad frente a ese proceso. El Gobierno Nacional debe actuar más rápido y crear una visa transitoria y los colombianos que tienen la posibilidad de contratar laboralmente a los venezolanos lo deben hacer formalmente y no explotarlos.

Según ACNUR, las solicitudes de asilo suman cada vez más, lo que nos demuestra que esto no termina aquí y que las alertas deben estar prendidas. Ante esta situación en el Congreso de la República fue radicado un proyecto de ley que dará visa humanitaria a los venezolanos que huyeron hacia Colombia.

La propuesta establece una regulación inmediata a la situación laboral y la atención médica para los venezolanos. Según María Fernanda Cabal, representante a la Cámara por el CentroDemocrático y autora de la iniciativa, también se combatiría la trata de personas y la prostitución.

Esperemos que con este proyecto se agilice la situación por la que hoy colombianos y venezolanos están unidos. Aquí el punto es de solidaridad, supervivencia, ayuda y responsabilidad. Es el momento para recordar que estos dos países siempre deben estar unidos porque somos la misma GranColombia.

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