En México muere un dinosaurio

3 de julio del 2018

Por Daissy Cañón B.

En México muere un dinosaurio

En México el Movimiento de Regeneración Nacional, Morena, un partido político creado en 2011 para impulsar la candidatura de Andrés Manuel López Obrador, (AMLO), un líder sindical de petróleos, le ganó el pasado domingo 1 de julio la Presidencia del país al otrora invencible Partido Revolucionario institucional, (PRI), que alcanzó apenas 16 por ciento de los votos frente a 53.8 por ciento del ganador -después de gobernar durante 71 años colocando a su antojo en la Casa de los Pinos a una variedad de presidentes, algunos descaradamente corruptos, que en las últimas décadas obedecían más a un grupo de poder que a una ideología y que concluyó con el de Enrique Peña Nieto, designado por el grupo Atlacomulco y catalogado como uno de los peores gobiernos en la historia contemporánea de esa nación.

El descaro de la sucesión presidencial en el país azteca se aceptó siempre sin quejas por parte de los ciudadanos, el propio jefe del Estado designaba a quien lo reemplazaría para que gobernara seis años. Otro derrotado fue el Partido de Acción Nacional, (PAN) que gobernó dos períodos antes del que concluye este año.

El triunfo de AMLO más que una crisis de los partidos tradicionales en América Latina, como aseguran algunos, lo que está demostrando es que la política se está transformando y que las colectividades representan más que tendencias ideológicas nuevas formas de acercarse al estado para que el que resulte elegido los gobierne como ellos esperan y les resuelva los problemas que los aquejan.

Los discursos populistas son los que están atrayendo a los electores, en particular a los de las clases menos favorecidas, a los jóvenes y a quienes en las clases medias-altas están cansados de ver siempre a las mismas familias o grupos políticos instalados en los palacios de gobierno por años y años para utilizar el poder en su propio beneficio.

Lo que le espera a México con el nuevo presidente es incierto, los partidos como el PRI y el PAN en cuyas filas militó AMLO, no volverán a ser lo mismo de antes y como ocurre con el liberalismo y el conservatismo e incluso el Polo Alternativo en Colombia, por el camino que van estas colectividades peligran con desaparecer.

Lo que pasó en México es muy diciente y debe llamar la atención a quienes creen que pueden seguir haciendo política a punta de clientelismo o haciendo uso de maquinarias y si no que revisen lo que le pasó a Germán Vargas Lleras, que resultó derrotado porque le fallaron los gamonales que esta vez no lograron convencer a su clientela para ser conducida a votar como mansos rebaños, porque ya nadie cree en sus falsas promesas.

El voto popular le dio a AMLO cinco de las nueve gobernaciones del país y logró ser la principal fuerza en el Senado y la Cámara de diputados y posiblemente no será suficiente para sacar al país de la crisis que lo aqueja en muchos frentes, tendrá que hacer uso de todas las armas posibles para luchar contra el narcotráfico, los carteles criminales del tráfico de drogas que dominan territorios a los que ni las autoridades logran entrar, la violación de derechos humanos por parte de miembros de fuerzas de seguridad del estado y que mantienen en vilo a las familias de miles de víctimas.

La campaña se tiñó de sangre con el asesinato de 136 entre candidatos y colaboradores de grupos políticos, de los cuales un tercio aspiraba a uno de los más de 3400 cargos locales, estatales y federales que fueron elegidos el pasado domingo. Las muertes se atribuyen a bandas criminales vinculadas a los narcos.

Denise Eugenia Dresser una de las más destacadas analistas políticas de su país y considerada por la revista Forbes como una de las mujeres más poderosas en México y una de las 50 más influyentes en Twitter calificó muy gráficamente el triunfo de López Obrador cuando dijo que se logró el “destripamiento del dinosaurio Priista” y que los más de 30 millones de ciudadanos mexicanos que votaron por el nuevo presidente llegaron a las urnas enojados, furiosos y cargados de frustración por la desigualdad social, la inmensa pobreza, la violencia y la corrupción y con el inmenso deseo de sacar a PRI de los Pinos.

El retrato que hace la doctora Dresser sobre lo que fue México en manos de ese partido es doloroso cuando dice que sus gobiernos mantuvieron las instituciones al servicio del poder y no del ciudadano, resalta que la justicia se erigió para proteger a los privilegiados y que la podredumbre pudo sobrevivir, saboteando la consolidación democrática sexenio tras sexenio, manteniendo al pueblo expoliado, exprimido y victimizado.

Dura tarea le espera al nuevo presidente de México y posiblemente le dará más de un dolor de cabeza a su vecino Donald Trump con el que a diferencia de Peña Nieto no le tendrá ni respeto, ni paciencia y cero tolerancia. Se vienen tiempos complicados, pero también interesantes.

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