En modo Mundial

13 de junio del 2018

Opinión de Miguel Gómez Martínez.

Miguel Gómez

Para los que nos apasiona el fútbol, las próximas semanas son mágicas. Entrar en modo mundial es un placer que esperamos con paciencia durante cuatro años. Habrá buenos y malos partidos; buenos y malos arbitrajes; buenos y malos resultados pero no importa mucho. Lo importante es tener la posibilidad de ver otro Mundial de fútbol. Así como los griegos contaban el tiempo en Olimpiadas, los fanáticos contamos nuestra vida en Mundiales. Yo recuerdo desde México 1970, lo que quiere decir que este en mi mundial número 13 e implica que estoy muy viejo.

Estar en modo fútbol tiene una gran ventaja porque todos los días hay algo importante que hacer. A medida que las selecciones van actuando uno puede ir perfilando los que mejor juegan y empieza la emoción. Este año creo que Brasil, Francia y España son favoritas, pero uno nunca sabe. Los traspiés son siempre posibles en un evento donde la atención mundial y la presión mediática alcanzan niveles insospechados. Habrá, como cada cuatro años drama, sorpresas, alegría, llanto y decepción.

Mi padre, que no es un hombre muy efusivo, pero que le gusta el fútbol, me dijo una vez: “felicidad es vivir en gol”. No sé si la frase es de él pero creo que es la mejor definición de este evasivo concepto que alguien me ha dado. Esos segundos cuando el balón cruza la línea de meta son espectaculares. Se siente una alegría intensa, espontánea y plena. Sólo se repetirá cuando uno asista a otro gol. Es además un momento en el que el hombre (o la mujer) sienten que somos todos iguales, donde desaparecen las diferencias de educación, dinero, raza o religión. Un gol emociona a todos por igual. Suecos y colombianos se sienten felices; chinos y senegaleses son idénticos en esos segundos estelares.

Lo único aburrido de este momento es que, desde el pitazo inicial del primer partido, uno no puede dejar de pensar que esta fiesta va a terminar. A medida que se acerca la final, la angustia me embarga porque sé que tendré que esperar cuatro largos años para poder vivir esta emoción.

Pobres los que no les gusta el fútbol porque no saben de lo que se pierden. Que vayan de compras que es un plan tan rico.

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