Encuentros. El y Ella.

14 de enero del 2012

El. —Si el rector me financia, voy al viaje, si no, no. Categórico. Así fue. Y el rector de la universidad donde trabajaba dijo sí, contra todo pronóstico. Asistir a un congreso médico en Nicaragua con el fin de realizar contactos para la Facultad de Rehabilitación, había sido el pretexto. Más a mi llegada al […]

El. —Si el rector me financia, voy al viaje, si no, no.

Categórico. Así fue. Y el rector de la universidad donde trabajaba dijo sí, contra todo pronóstico. Asistir a un congreso médico en Nicaragua con el fin de realizar contactos para la Facultad de Rehabilitación, había sido el pretexto. Más a mi llegada al evento le comenté a una amiga, “no sé realmente a que vine”. Transcurrieron los tres días entre charlas, amistad, paseos y conferencias. Cuando salí, volví a comentar a la misma amiga “ya supe a que vine”. Con el corazón emocionado, salí del país que me había acogido con tan buen augurio.

Ella. —No quiero ir —le dijo a sus amigas.

Igualmente categórica, como él. Sin embargo cedió a la presión del grupo y se montó al avión que tanto nerviosismo le causa, aún hoy en día. Recién despechada y desilusionada del amor, fue a Nicaragua por cumplir un compromiso, también por solidaridad. Sin expectativas, sin buscar nada. Pasó su tiempo entre charlas, amistad, paseos y conferencias. También al salir su corazón sabía a que había ido, aunque ella no lo reconociera de inmediato.

El y Ella. Se conocieron antes de la conferencia que ella dictaría. Conversaron mucho varios días. Pasearon juntos, asistieron a cenas y fiestas, él cumplía años por esos días. Y ¡sorpresa! coincidieron en el avión de Managua a Panamá, antes de que cada cual tomara su rumbo a Bogotá y Cali. Allí, sin total claridad para los dos, comenzó una segunda oportunidad que la vida les ofreció. Ellos la tomaron.

Así nos conocimos mi esposa y yo. Así llegamos a nuestro segundo matrimonio cada cual. Así aceptamos el reto de volver a enamorarnos, a amar, cuando el uno ya había parado de “buscar” pareja y cuando la otra llevaba en su mano el libro titulado “Manual para desenamorarse”.

Es que la vida se da sus mañas para cumplir lo pactado. Nos lo dicen los maestros, que dejemos en manos de la vida los detalles, que ella se ocupa y no les creemos. Continuamos luchando, si, batallando con todas nuestras fuerzas, para encontrar que solo al rendirnos ante los hechos, solo al vivir cada cosa en su momento, al entregarnos a cada día como si fuera el último, solo en esos instantes las cosas confluyen, se abren las puertas y nos llega lo que anhelamos. Nos llega también porque nos hemos preparado para aceptar los retos, en este caso un segundo matrimonio y todo lo que implica para las familias e hijos adolescentes. Nos hemos preparado venciendo el miedo a volver a amar y a vivir las fuerzas opuestas que trae la vida en pareja. Querer, rabiar, alegrarse, fruncir el ceño, todo lo que matiza una relación vuelve a presentarse. Reconocemos que la madurez ayuda en los momentos arduos. Sabemos que los remansos de paz nos vitalizan.

Sí, la vida se encarga de los detalles.

Los anhelos del ser como son amar, vivir plenamente, salud, bienestar material, todo, absolutamente todo la vida lo provee en su justa medida cuando y solo cuando hemos hecho el trabajo interior de crecer, de enfrentar temores, de soltar apegos. En otras palabras, lanzarnos al vacío sobre el océano de los sentimientos. Es un camino para que la existencia nos entregue lo que ha reservado para nosotros. Sí, dejemos a la vida cumplir su parte, al hacer la nuestra.

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