Encuentros y desencuentros

5 de junio del 2013

¿Cómo emprender el camino del progreso y la igualdad en América Latina cuando sus dirigentes la convierten en el escenario de una comedia? / Columna de Carlos Silva.

¿Cómo emprender el camino del progreso y de la igualdad en América Latina cuando sus dirigentes la convierten en el escenario de una comedia? Recientemente acaparó la atención el sainete protagonizado por el triángulo Santos-Capriles-Maduro, con Diosdado en el papel de Yago.

Si -como dice el escritor caraqueño Alberto Barrera- “el chavismo sin Chávez parece un bolero que perdió el feeling”, con Maduro parece una telenovela cargada de melodramas. Así se comprueba al presenciar la patética escena que protagonizó al conocer que su mejor amigo recibió una visita de su mayor enemigo.

El último número de la revista El Malpensante trae un artículo que puede venir al caso: Los celos en una mente muy moderna. Este texto de la mexicana Tedi López Mills tiene algunos apartes que pueden dar lugar a asociaciones con lo que aconteció la semana pasada:

“¿Cómo resolver la contradicción? Si uno es realmente liberal uno no puede ser posesivo. Y los celos son posesivos, tan contundentes cuando ocurren que descalifican las convicciones, las buenas intenciones”.

Maduro se permite regañar a Santos y acusarlo de que le dio una puñalada por la espalda al recibir a Henrique Capriles. Si las convicciones y las buenas intenciones que los unían era la paz de Colombia, quedaron descalificadas hasta que Santos de pruebas claras de arrepentimiento.

“Sólo basta con sembrar una duda mínima para que la mente celosa se ponga a funcionar con los motores encendidos”.

Con el simple gesto de recibir al líder de la oposición tuvo suficiente Diosdado para fustigar la imaginación de Maduro -evadiendo de paso las graves acusaciones de corrupción que se le han hecho y dando una apariencia de lealtad de la que está muy lejos-. Luego Santos generó nuevas dudas, poniendo la mente de Maduro a funcionar con los motores encendidos, al anunciar su aspiración sin fundamentos del ingreso de Colombia a la Otan.

“Es un demente el celoso, piensan casi todos los no celosos”.

Tan desmesurada fue la reacción de Maduro que parecía un demente, trayéndonos ingratos recuerdos de su antiguo jefe.

“A fin de cuentas la infidelidad existe, la atracción repentina sí ocurre”.

Santos conoce muy bien las simpatías que despierta Capriles entre los colombianos y quiso congraciarse con él para beneficio de sus aspiraciones reeleccionistas. Viendo agotadas las opciones de popularidad con unas negociaciones que van a un paso que no le conviene, está buscando otras opciones que sin duda traerán sorpresas no muy agradables.

“Lo extraño es que si protesta queda como culpable, casi por una falta de estilo, por traicionar la verosimilitud de una ficción”.

A pesar de haberse declarado Santos un traidor a su clase, no ha dejado de posar como aristócrata al lado de un Maduro con poco estilo y culpable por su salida de tono.

“¿La violencia estriba en provocar celos o en manifestarlos?”

Una buena pregunta para hacérsela a quien se ha autoproclamado como el defensor de la paz pero que fue acusado por el padre de Maduro como el “señor de la guerra”.

“Manifestar los celos suele desembocar en una pelea ¿Y una pelea de qué sirve?”

Hay nubarrones que nada bueno presagian. El hijo de Chávez seguirá el ejemplo de su padre y hará sus amenazas mientras Santos dice tímidamente que fue un malentendido, sin exigir el respeto que se merece un mandatario de un país soberano cuando recibe a un líder de la oposición o a quien quiera.

El motivo de tan desmesurada reacción de parte de Maduro se debe al temor que le causa una oposición fortalecida que cuenta por primera vez con un líder que ha sabido crecerse luego del robo de las elecciones y a pesar de una represión ejercida con virulencia.

En una democracia se puede tornar insostenible un gobierno cuya oposición es una mayoría que salió triunfadora en las elecciones. Es el mismo caso de Colombia, en dónde quienes conforman la oposición son los mismos que eligieron a quien se oponen.

El punto de quiebre que significó el 14 de abril no fue sólo para los destinos de Venezuela sino para toda la región, y especialmente para Colombia.

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