La deuda con el Gran Hermano

8 de julio del 2014

“Quien le garantizó la reelección a Juan Manuel Santos fue Enrique Santos Calderon.”

Ahora que pasó la ilusión con el mundial de fútbol y no queda más remedio que volver a la triste realidad los colombianos se alistan para retomar los pendientes que dejaron los embadurnados resultados electorales. Como cada quien volverá a su propia agenda se pondrá nuevamente sobre la mesa el tema que se suspendió ante la posibilidad de que la Selección Colombia desempeñara un mejor papel y llegara incluso a las finales en Brasil 2014. Quedaron congeladas discusiones alrededor de la encomienda de los electores al presidente Juan Manuel Santos el pasado 15 de junio, cuando la democracia le dio el voto de confianza para repetir su mandato en busca de la paz. Contra vientos de escepticismo y mareas derechistas los demócratas del país le confiaron al presidente la tarea de concretar por fin la paz con los grupos armados. Fuera cierto o no el dilema de la guerra o la paz, ese fue el mandato que al final de cuentas emergió en las pasadas elecciones.

Mas allá de lo acertado de la campaña ganadora, se revivió la esperanza de acabar con la guerra, de derrotar a los guerreristas y de iniciar un camino hacia la reconciliación para emprender la paz social y garantizar que los acuerdos de La Habana con las FARC, o los que surjan con el ELN, lleguen a buen puerto. Eso si se quiere pensar con optimismo. O como dice Leon Valencia, soñar con que Colombia es un país serio. Porque lo cierto es que para los que finalmente escogen las prioridades lo que quedó en el tintero fue el tema de las deudas por pagar del presidente. La preocupación de quienes de alguna manera hicieron posible el triunfo de Santos se concentra desde ese mismo día en la cuota burocrática que les correspondería, y eso se vio aplazado por la fiebre mundialista. Pero superada la desconcentración futbolera, comenzará  de nuevo la puja por los puestos y las prebendas en la torta del ejecutivo, para ponerlo en plata blanca.

Como casi siempre sucede las cuentas por pagar y las facturas que se pasan cuando se ayuda a un candidato van cargadas del autoengaño sobre el papel protagónico de los supuestos acreedores y en ocasiones van incluso sobrefacturadas. Y con tantos apoyos que tuvo Santos para reelegirse y tantas promesas sobre la marcha que debió hacer, muy pronto se escuchará con dejo de tristeza que no hay cama pa tanta gente. El presidente Santos no solo tendría que hacer gala de su experticia en pocker sino que tendrá que aprender algunos trucos de magia para cumplirle a todos sus bastiones electorales. Habrá que buscar espacio con la linterna de Diógenes y tendrán que hablar hasta con el mono de la pila para que amplíe su oficina de quejas y reclamos porque por más que quisiera Santos no puede pagar a tantos y con tan poco. No hay forma de estirar la nomina oficial para satisfacer los apetitos burocráticos del Partido Liberal, Cambio Radical, Partido de la U, Polo democratico y hasta los Progresistas, que también han demostrado que saben de mermeladas.

Ante esta cruda realidad lo que requiere el presidente Santos es apelar a quien verdaderamente fue el artífice de su triunfo. Santos ganó porque se impuso la idea de sacar adelante el proceso de paz y a eso se sumó todo el mundo. Pero quien se craneó ese tema y que le garantizaría la reelección fue Enrique Santos Calderon. Fue el autor intelectual de esa propuesta, quien produjo los primeros encuentros con la subversión y convenció al presidente de semejante empresa. Si a alguien le debe el triunfo Santos es a su Gran Hermano. Y si a alguien debiera pagarle es a esa postura democrática y social que representa el otrora dirigente izquierdista y periodista rebelde. Es a esa masa invisible que lleva implícita la vocación demócrata de Enrique Santos, cuando lucha desde su aristocrática posición, por una salida que tenga en cuenta las aspiraciones de las amplias mayorías en materia de reformas sociales y de búsqueda de equidades para que Colombia pueda vivir en paz. Esa inspiración que subyace en su romanticismo para que el país encuentre un día la paz social.

El presidente Santos puede alcanzar la grandeza si se le mide a pagar las deudas, no a los políticos que le ayudaron, sino a los casi ocho millones de votantes que se la jugaron por su nombre. Puede hacer honor a su Gran Hermano si le da validez a las tesis del periodista consejero para que emprenda las grandes transformaciones sociales que lleven a La Paz social aunque tenga que sacrificar a las manzanillas, sus caciques y politiqueros que de todas formas pusieron su granito de arena. Santos puede darse el lujo de intentar pagar la deuda social así quede debiendo la burocrática. Puede darse la pela para que lo recuerden como el que ejerció la traición a su clase política y se la jugó por esa deuda con la sociedad, como el presidente que produjo las grandes reformas y modernizó el país. Santos puede cumplirle a su hermano y a esa generación que se hizo matar para que se ampliara el espectro democrático del país. Santos puede pagarle a esa izquierda que representa una visión incluyente, así se haya equivocado en los métodos o así se siga equivocando de líderes.

Santos en uso de facultades legales y considerando que el país ha sido mil veces traicionado puede torcer la barra. Si de verdad quiere buscar una tercera vía debe pensar en que la deuda social vale mucho mas que la deuda burocrática, que los pendientes en materia social y democrática pesan mas que los favores por pagar a la clase política. Ya hizo ese pago con creces al esparcir la mermelada. Ahora puede untarle soluciones a la gente de abajo, a los pobres y a los excluidos.

El presidente tiene a su mejor asesor en temas democráticos y sociales en su propia casa. Debe pararle bolas ya que su hermano sabe como Peckerman la forma en que se puede hacer historia. El presidente puede ser el James si le mete un gol a la politiquería y se alía con las barras, sobre todo ahora que tiene la autorización para reducir a las barras bravas. Así puede salir en hombros y por la puerta grande. De lo contrario saldrá como casi todos los  expresidentes, por la puerta de atrás. Si de pagar deudas se trata que el presidente empiece por casa, pero tiene la oportunidad histórica de hacerlo con grandeza. Que se inspire mas en el viejo López Pumarejo que en su tio abuelo.

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