¿Entierro de tercera?

23 de mayo del 2016

El país asiste a la debacle del partido fundado por José Ezequiel Rojas Ramírez, la misma agrupación política que otrora fuera la más fuerte de Colombia y que hoy tiene el tan mentado trapo rojo completamente desteñido. Desde sus inicios, lleno de ideas libertarias que se oponían al gobierno de Bolívar, pasando por el Frente Nacional (periodo en el que negociaron ideas por puestos) y el proceso 8000 (el capítulo más siniestro de todos), el Partido Liberal no se enfrentaba a un desprestigio tan grande y a un rechazo popular aún mayor.

Poco a poco, se ha ido degradando el “glorioso” partido de Rafael Uribe Uribe, Alfonso López Pumarejo, Jorge Eliécer Gaitán, Carlos Lleras, Luis Carlos Galán y otros grandes, que han de estar revolcándose en sus tumbas. Sin darse cuenta, sus actuales líderes cavan la sepultura de un esperpento al que solo le queda el esqueleto. Se acabó la “mermelada” que mantenía vivo al muerto, ya no hay ideología, y la burocracia y la voracidad por los contratos son el derrotero. Como no tienen discurso, los liberales quedaron desenmascarados: solo importan los puestos y los entuertos. No fueron capaces de reinventarse, apartaron a sus mejores líderes y los confinaron al ostracismo, y, en cambio revivieron “cadáveres” de ingrata recordación para el país, que hoy fungen de voceros y directores.

Han llegado al colmo de extorsionar al Presidente de la República. Perdieron la vergüenza con sus actuaciones impresentables: si no les daban la Fiscalía, se iban a la oposición, dijeron, para luego recular cuando fueron descubiertos. Quieren, sin asomo de rubor, terminar de prostituir la maltrecha justicia colombiana. Como ya no tienen votos, con el “garrote” del ente acusador pretenden recomponer sus huestes. En el nivel nacional y en el regional, debieron aliarse hasta con el gato (atrás quedaron las épocas en que solos decidían). La representación directa que tienen en el Congreso y en los entes territoriales es famélica y lánguida, como un perro callejero.

Hay dos hechos que denotan el principio del fin o, por lo menos, augurios cargados de fatalidad: el primero: la fallida convención liberal, que fue suspendida por orden de un juez de la República. La clausura estuvo precedida por un baile de música popular, (chucuchuco), ejecutado por Horacio y Rosita Serpa. No puedo visualizar una imagen más inconveniente y anacrónica que la descrita. El segundo: la precandidatura del delfín por excelencia: Juan Manuel Galán. Si los liberales quieren acabar con todo de una buena vez, pongan a sonar al desabrido del “galancito”. El senador Galán, literalmente, duerme a una ninfómana, eso sin tener en cuenta que no es muy inteligente que digamos. En todo caso, el país está harto de los herederos sin corona, que nada se han ganado.

Hay gente buena, decente y brillante en el Partido Liberal; de eso no hay duda. Son ellos, quienes tienen la responsabilidad histórica de rescatarlo de las garras de la politiquería y las ambiciones personales de un puñado. ¡Ojalá vuelvan esas épocas, en la que, para muchos, era un orgullo ser liberal!

* Los comentarios, textos, investigaciones, reportajes, escritos y demás productos de los columnistas y colaboradores de Kienyke.com, no comprometen ni vinculan bajo ninguna responsabilidad a la sociedad comercial controlante del medio de comunicación, ni a su editor, toda vez que en el libre desarrollo de su profesión, pueden tener opiniones que no necesariamente están acorde a la política y posición del portal.