Las entradas a Bogotá un padecimiento de largo plazo

26 de marzo del 2019

Opinión de María Fernanda Rojas

Las entradas a Bogotá un padecimiento de largo plazo

Bogotá cuenta con nueve accesos vehiculares a la ciudad, la Autopista Norte, la Av. La Conejera, la vía la Calera, la carrera séptima, la calle 80, la calle 13, la Autopista Sur, la vía al Llano y la vía a Choachí. A diferencia de otras importantes urbes de la región como Buenos Aires, Lima, Caracas, Río, Sao Paulo y otras, Bogotá está ubicada en el centro del país a gran distancia del mar. Buenaventura, que es uno de los accesos terrestres al mar más cercanos, se encuentra a más de 500 km de viaje.

La situación geográfica de la ciudad hace que el transporte por carretera sea fundamental para la su economía, competitividad y productividad. Prácticamente el 100% de los alimentos que consume la ciudad entran por carretera; de igual forma, la mayoría de los materiales de construcción, combustibles y otros importantes insumos para el funcionamiento de la ciudad.

Los municipios alrededor de la capital  tienen cerca de un millón y medio de habitantes,  que deben invertir tiempos que superan muchas veces la hora  para ingresar a la ciudad.  La frustración y quejas de los ciudadanos por esta situación son  más que justificadas.

Soluciones complejas, un componente real y otro imaginario.

Aunque hay muchos proyectos para solucionar el problema de accesos,  pocos están cerca de empezar obra. Solo un proyecto está en construcción en el norte de la ciudad, los demás ni siquiera están en licitación y la mayoría no tiene una fecha tentativa para la apertura de la misma.

Entre los proyectos que presentan avance real se encuentra la ampliación de la Autopista Norte entre Cll 245 y Av. Caro,  en construcción. Sin embargo, en el tramo comprendido entre la calle 192 y 245 no hay avances relevantes. El gobierno distrital y la Nación apenas avanzan en la firma de un convenio para empezar a estructurar las obras que se espera desarrollar por APP en el tramo faltante antes mencionado.

Otra obra con un avance significativo es la ALO entre Chuzacá y la Calle 13, sin duda una de las intervenciones más esperadas por los bogotanos, un proceso que tuve la oportunidad de iniciar en 2012 durante mi paso por el IDU. Actualmente la ANI se encuentra atendiendo las observaciones del Ministerio de Hacienda sobre el proyecto. Por el momento,  agosto es la  fecha tentativa para abrir licitación.

Otro acceso importante es el de la calle 13, que se encuentra en muy mal estado y, que junto a la calle 80, es el corredor por donde más vehículos de carga ingresan a Bogotá. La administración está adelantando estudios de factibilidad para una troncal de Transmilenio que incluiría mejoras en la vía. Sin embargo, también ha dicho que evaluará la conveniencia de seguir con esta obra y definirá si contrata diseños definitivos, que de hacerse estarían listos en el segundo semestre de 2019. Aun no se cuenta ni con un costo estimado de la obra y mucho menos con fecha tentativa de licitación. Es poco probable ver el inicio de obras en esta Alcaldía.

En años recientes fueron anunciados proyectos similares que se esperaba hacer por APP, pero que no presentan mayor avance: la  salida de la ciudad por la calle 63 cuya prefactibilidad fue rechazada, la autopista las Américas-Funza que no tiene siquiera propuesta en estudio y la vía a La Calera, que  empezó factibilidad para ampliar la vía actual desde la carrera Séptima con calle 88 hasta el límite del Distrito luego de que se hubieran rechazado propuestas para hacerla por APP.

Con respecto al acceso por la carrera Séptima, el concesionario actual ACCENORTE S.A.S dice que no puede iniciar las obras entre la calle 245 y la Av. Caro hasta tanto el Distrito no oficialice que se hará la ampliación de la vía entre la calle 200 y 245. Este proceso se encuentra en pañales y la Administración ha respondido que el contrato entre la ANI y el concesionario no es vinculante para el Distrito (algo en lo que tiene razón), por lo cual en el mediano plazo no se proyecta  ninguna ampliación en esta importante vía de entrada y salida a la ciudad.

Desde el año 2014 al menos 24 propuestas de APP relacionadas con accesos a Bogotá han sido rechazadas, un panorama poco alentador teniendo en cuenta que a la fecha solo una se encuentra en ejecución. Aunque las APP son una buena herramienta,  no se debe depender de ella para todas las obras de acceso a Bogotá. Hasta el momento el avance es muy poco y los trancones, el tiempo y la competitividad que pierde la ciudad cada vez peores.

Para terminar el panorama, los accesos por la Av. La Conejera, la vía al Llano y la importante vía a Choachí no han sido tenidos en cuenta. Esta última, por ejemplo, conectará en poco tiempo con la Circunvalar de Oriente, vía que a su vez desemboca en la doble calzada de la vía al Llano al sur y en la doble calzada a Sogamoso al norte, lo cual le dará un enorme potencial a este acceso. Mejorar el estado de estas vías daría un respiro importante a otras entradas de la ciudad.

Una solución alternativa y sobretodo sostenible para el grave problemas de las entradas a Bogotá son los trenes de cercanías.  Se requiere con urgencia no solo concretar el Regiotram entre el centro de Bogotá y Facatativá, sino también trenes que conecten con Chia-Cajicá-Zipaquirá, Cota y Soacha. Un tren de cercanías equivale a hacer una vía de 8 carriles, animaría a los usuarios de carro a dejar sus vehículos en casa y remplazaría muchos buses diésel que entran hoy diariamente a la ciudad.

Por ahora, con los avances actuales el panorama no es positivo, son más los anuncios que las licitaciones. Los problemas derivados de los malos accesos a la ciudad continuarán por un buen rato y los bogotanos seguiremos sintiendo que el mar está cada vez más lejos.

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