Entre la terquedad de la tecnocracia y la corrupción de la política

3 de septiembre del 2012

Una de las realidades “positivas” de Colombia es la calidad de su tecnocracia. Por algo, con muy pocas excepciones, existe desde tiempo atrás una puerta giratora entre los Ministros de Hacienda del país y el Fondo Monetario Internacional y el Banco Mundial. Competimos con Chile, modelo de relativa ortodoxia, en las altas posiciones de quienes […]

Una de las realidades “positivas” de Colombia es la calidad de su tecnocracia. Por algo, con muy pocas excepciones, existe desde tiempo atrás una puerta giratora entre los Ministros de Hacienda del país y el Fondo Monetario Internacional y el Banco Mundial. Competimos con Chile, modelo de relativa ortodoxia, en las altas posiciones de quienes defienden al mercado sobre el papel del Estado. La excepción ha sido José Antonio Ocampo quien salió de Hacienda a la Cepal de pensamiento social demócrata, y después a la más alta posición que colombiano alguno ha logrado en Naciones Unidas cuya tema central son los Desc, derechos económicos, sociales y culturales. Es decir, la gente y no el mercado.

Pero el problema con esta tecnocracia no es su calidad que de acuerdo a parámetros ortodoxos, nadie discute, sino su terquedad. Si algo está revaluado en el mundo ante la crisis de Europa y el problema de los subprime en Estados Unidos, es el famoso Consenso de Washington. Ya es indiscutible que los mercados no se autorregulan como nos trataron de vender durante muchos años, y que sin un Estado que formule y regule al sector privado, las economías terminan desplomándose. Es evidente hoy en día, que el mercado en los períodos de crecimiento enriquece más a los ricos que a los pobres. Chile es el mejor ejemplo con los costos observados en gobernabilidad. Por eso se inventaron las transferencias condicionadas que alivian la pobreza pero no resuelven la profunda desigualdad.

En Colombia, la incapacidad de reconocer los errores cometidos con las fórmulas del Consenso aplicadas a la política social,  va a producir costos irreparables en la gente, que es lo que finalmente importa. Ya salió Fedesarrollo a defender la Ley 100 en salud. Se habían demorado. Pero estos economistas no escuchan. Nadie, óiganlo bien, nadie quiere volver al modelo anterior. Se les ha dicho en todas las formas pero como no les conviene no escuchan. Muchos de nosotros que impedimos en su momento el aseguramiento privado en salud, como lo quería realmente el combo de esa época, que todavía sigue dando cátedra, defendemos el aseguramiento público. Pero después de 20 años gracias a este sistema, el contrato entre el Estado y el sector privado ha sido absolutamente perverso. Se les entregó muchísimo dinero, entre el 6% y el 8% del PIB a las EPS y no se “modeló el sistema”. Ni siquiera el Estado tiene la información sino depende de lo que le quieran decir las EPS. ¿El señor Palacino y Saludcoop no les dice nada, señores de Fedesarrollo? Dejen la terquedad que un carnet que tiene todo el mundo no significa ni atención ni calidad asegurada.

No hay forma de que esta tecnocracia entienda que les pasó el cuarto de hora y que nosotros no seguimos en el siglo antepasado. Creemos en la asociación Estado-sector privado pero donde primero esté el bienestar de la gente que el enriquecimiento de unos cuantos, nacionales o extranjeros.

A esta peligrosa actitud de la tecnocracia colombiana se le suma lo ya reconocido como evidente: la corrupción de la política y su falta de preparación, por no decir ignorancia. Para muestra un botón: en Hora 20 Simón Gaviria afirmó “el problema de Chávez es su mortalidad (sic)”. Por consiguiente es claro que la situación de los pobres en este país, se merece mejor suerte y que nada sacamos con cerrar el Congreso si nuestros tecnócratas siguen reinando con su obstinación, con la incapacidad de reconocer sus errores y los de su doctrina.

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