Envidia de la buena

11 de septiembre del 2011

La campaña por la Alcaldía de Bogotá está espectacular. Tal vez en pocas ciudades importantes del mundo se plantean escenarios políticos tan interesantes, empezando porque nuestra capital es estupenda como conjunto social y físico intrincado y complejo. Su crisis profunda la hace un caso político, urbano y administrativo cautivante y el plantel de candidatos que […]

La campaña por la Alcaldía de Bogotá está espectacular. Tal vez en pocas ciudades importantes del mundo se plantean escenarios políticos tan interesantes, empezando porque nuestra capital es estupenda como conjunto social y físico intrincado y complejo. Su crisis profunda la hace un caso político, urbano y administrativo cautivante y el plantel de candidatos que proponen sus nombres y sus programas es de lujo. Son dirigentes que conocen la ciudad, que la están pensando con equipos de expertos al más mínimo detalle y que articulan sus ideas y propuestas con la propia visión de Estado. En este panorama Bogotá no tiene pierde y eso nos alegra a todos los colombianos. La reacción desde el caos al que la llevó la corrupción administrativa para pasar en el lapso de pocas semanas a este panorama halagador, demuestra que la política colombiana y en particular la bogotana progresan.

En ese cambio la alcaldesa Clara López no es irrelevante. Cuando hablábamos de que el Polo se había acabado, estábamos equivocados. En su peor momento sacaron de la banca dos bateadores de relevo estupendos, la alcaldesa López y el candidato Aurelio Suárez, también excelente. Su desempeño lo demuestra. Estos dos dirigentes están bateando de jonrón y pase lo que pase en las elecciones, es evidente que sus carreras apenas comienzan.

No quiero dejar de nombrar a los candidatos a la alcaldía por su nombre: Jaime Castro, Antanas Mockus, Enrique Peñalosa, Gustavo Petro, Gina Parody, David Luna, Carlos Galán, Aurelio Suárez. En la mayoría de los casos, pase lo que pase, los que no ganen de este combo no perderán. La ciudad tiene en esa titular gobernantes de reserva para varias generaciones.

En el caso de los más jóvenes, Parody, Luna y Galán, dolería que los manzanillos los convencieran de que renuncien para meterlos en las manidas triquiñuelas de las alianzas. Los políticos chapados a la antigua son especialistas en anular liderazgos. Ven la política solo desde la perspectiva de ganar elecciones, léase puestos, por lo mismo de sumar votos por sumar, no de generar opciones de progreso y formar prospectos humanos para gobernar. El resultado de sus malabares sería “bajar de pinta” a estos jóvenes, postergarles, degradarles su liderazgo. Si se dejan desmontar del caballo ahora, las próximas veces los bajarán a papirotazos una y otra vez, si es que les quedan alientos para sostenerse en la lisa. No se dejen ¡levanten desde ahora su propio púlpito para que sigan elaborando sus ideas y hablando para proponer, criticar y pontificar! Al final tendrán capital político para sostenerse en el primer plano. No se crean el cuento de que tienen muchas oportunidades por delante y que no les pasa nada si declinan ahora para unirse a otro candidato. Que tienen oportunidades por delante no me cabe duda, pero siempre y cuando no se rindan a mitad de camino. Si los bajan de pinta ahora quedan de segundones para toda la vida, lo que sería injusto y absurdo tratándose de jóvenes de calidad.

En fin, gane quien gane la Alcaldía de Bogotá, la ciudad tendrá gobierno para salir adelante de la emergencia mucho antes de lo que se pensaba. Gran noticia.

El panorama en otras ciudades no es igual. Por ejemplo en Medellín la competencia no es constructiva, es destructiva. Aníbal Gaviria presenta la cara noble de la política y se esfuerza porque la campaña sea respetuosa, propositiva y por llegarle a la ciudadanía con sus ideas en la calle y los barrios. Pero su principal contendor no hace sino insultar y sembrar cizaña. Los electores no están delante de dos proyectos de ciudad sino delante de un candidato a alcalde y un tira piedra. Ganará la decencia y Gaviria candidato a la alcaldía en su alianza con Sergio Fajardo que corre para la gobernación se impondrá, aunque el ambiente en el que ha tenido que hacer su campaña es infame para él y para la ciudadanía. Por fortuna Fajardo y Gaviria barrerán en las urnas y Antioquia y Medellín no solo tendrán gobernantes estupendos, sino que se liberarán ojalá para siempre de políticos que confunden la competencia electoral con la pelea personal, tal vez porque ven los cargos públicos de dirección más como botines de guerra para repartirse que como campo de servicio a la sociedad.

Vuelvo al comienzo para subrayar. La competencia por la Alcaldía de Bogotá que presenciamos desde lejos el resto de los colombianos produce envidia de la buena y optimismo sobre el futuro del país. Demuestra que la política y la democracia colombianas cambian de tumbo en tumbo, pero para bien.

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