Líos con el equipaje de mano

24 de enero del 2011

Desde el punto de vista de un azafato, existen algunas situaciones que se presentan en los vuelos y que son más molestas e incomodas de lo usual, claro, cada uno tiene sus particularidades y preferencias en este tema.

Una de mis particularidades y de la mayoría de los de este gremio tiene que ver con las cajas, maletas y/o bultos que se llevan a bordo. Tengamos en cuenta que un azafato en un día puede hacer tres vuelos, multipliquen eso por  dos maletas por pasajero, tres si son mujeres latinas. Ahora eso multiplíquenlo por 80 que son la mitad de los pasajeros que caben en un Boeing757, eso da…un jurgo de maletas por día.

La mayoría de nosotros, los azafatos, no somos tan mala gente, y entendemos que usted va a visitar a su novio, por lo tanto acaba de pintarse las uñas. Estamos conscientes que las rebajas en el “mall” estaban fantásticas y sabemos que usted tiene la espalda delicada, pero si empacó las joyas de la familia y la vajilla bacará en ese bolso, lo llevó hasta el aeropuerto, peleó y discutió con los agentes de tierra y con todo el personal de seguridad para poder llevarlo hasta el avión, entonces adivine quien va a tener que subirlo al compartimiento superior. No, no el azafato más cercano, si, ahora si tiene razón, al pasajero con cara de idiota que va a ir sentado al lado suyo y que no puede quitarle los ojos del escote.

Ahora, si su mamita, que va a celebrar su cumpleaños 98 en Madrid, viaja sola, y está un poco débil por el “lifting” que le hicieron la semana pasada, tenga la amabilidad de no llenarle las maletas, especialmente el bolso de mano, con todos los 30 metros cúbicos de ladrillo lacado que le hacen falta para construir la nueva terraza de su casa en la playa.

Otra de las particularidades que más me impacientan, es explicarle a los pasajeros que por su propia seguridad deben cumplir ciertas normas: abrocharse el cinturón de seguridad, permanecer sentado mientras esté prendido el aviso de la señal de abrocharse el cinturón de seguridad, no abrir los compartimientos superiores mientras el avión esté en movimiento y muchas otras cosas que uno supondría son obvias para cualquier cristiano…o musulmán…o judío…o…Pero en algunas ocasiones, el que las personas efectivamente cumplan con esas normas también resulta… problemático.

Un viaje típico de un día, puede ser algo así como, Miami, Centro América, Miami. En Honduras y El Salvador, con frecuencia se suben al avión personas que van por temporadas a trabajar a los Estados Unidos y que nunca antes han viajado por este medio.

En uno de esos vuelos, antes del despegue, estaba haciendo mi revisión de seguridad por el pasillo. Una pasajera sentada en la primera fila llevaba un canasto bastante grande sobre las piernas. –Por seguridad no puede llevar ahí ese canasto, por favor colóquelo en el compartimiento superior.- Le dije, y seguí caminando rápidamente por el pasillo, antes de que la señora fuera a pedirme que le colocara el pesado canasto en el compartimiento. Unos 10 minutos después, terminado el video con las instrucciones de seguridad,  pasé nuevamente por la primera fila, haciendo mi revisión final. El canasto ya no estaba en las piernas de la señora, estaba en su lugar. Cerré el compartimiento superior, y satisfecho de que la señora había hecho caso a mi instrucción, me disponía a regresar a mi puesto de despegue. La señora se levantó de la silla y me detuvo de un brazo. –Oiga, señor comisario, ¿usted si cree que mi bebé esté bien al despegar con esa tapa cerrada?- ¡Plop!

Está bien, reconozco que en algunos casos los azafatos exageramos un poco al no querer ayudar a acomodar las maletas y nos apresuramos demasiado a hacer cumplir las normas, pero vieran lo rápido que bajé ese canasto del compartimiento superior.

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