Es cuestión de aguantar

25 de febrero del 2011

Siempre comprendí la importancia de la política. Pero la violencia en la que se ha desarrollado a lo largo de la historia y la corrupción que la asedia sin darle respiro en Colombia terminaron por volverla despreciable para mucha gente y casi indefensable como proyecto de vida. Es difícil convencer los círculos íntimos que es buena idea dedicarse a la política y que perseverar no significa que se extravió el buen juicio.

No creo que la política llegue a ser perfecta solo creo que debe ser cada vez mejor. Que sea mejor quiere decir más llena de valores de respuestas a las demandas del bien común de conocimientos de información de compromiso más organizada más incluyente más de partido y menos personal más conectada con la gente común más desinteresada más eficaz en generar progreso para la sociedad en general más noble y útil. Fue la idea en la que centró su accionar Carlos Lleras en la última etapa de su vida y el centro de la motivación política de Luis Carlos Galán a quienes acompañé de cerca. López Pumarejo fue campeón en esa concepción y en esa práctica de la política. Fueron líderes que se enfrentaron a obstáculos difíciles con sus convicciones sin dar el brazo a torcer y sin arredrarse con los riesgos y que impulsaron al país con fuerza hacia el progreso.

La consigna de elevar la calidad de la política no tuvo continuadores después de Galán. Los dos presidentes liberales que vinieron luego de su muerte, Gaviria y Samper, nadaban con la corriente sin aportarle elementos nuevos ni propios al curso de la historia. El capital político que recibieron lo gastaron sin renovarlo ni acrecerlo se mantuvieron a la defensiva y dejaron sin alientos al liberalismo que perdió no solo el poder sino la esperanza del poder al menos en los últimos tiempos. En las manos de Gaviria y Samper se movieron a su aire dinámicas sociales y políticas sin referentes doctrinarios y en algunos casos ni siquiera éticos. En los tiempos del narcotráfico y el paramilitarismo y en el entorno de  pobreza de masas de colombianos sometidos al desafío de la globalización la política exigía jefes que se plantaran delante de los colombianos a promover conductas rectas austeras democráticas y programas de desarrollo comprometidos con el bien común el pensamiento liberal y la buena política. No eran tiempos para simples manejadores de realidades sino para luchadores con convicciones con liderazgo y entonces la política y la sociedad quedaron expósitas para que las trituraran y devoraran el dinero mal habido la picardía y la matonería. Con los años la política y el servicio público terminaron en la Fiscalía en las Cortes de Justicia y en las cárceles y el país enredado en remolinos de instituciones sin legitimidad envuelto en magma de violencias indefinibles en la inequidad social el atraso sin partidos políticos y engrupido en gobiernos que nadie sabe para dónde van.

Las malas noticias abruman el ambiente y parece que tienen desconcertados y hasta desconsolados a los propios periodistas que bregan con ellas a diario. Comprendo que no se aguanta el mar de cinismo y corrupción en que naufraga la sociedad.

No soy pesimista soy paciente y sé que es cuestión de esperar que los acontecimientos lleven al fondo del hueco la situación de la política y por tanto del país. Algo pasará en ese momento que devuelva las esperanzas y genere dinámicas de construcción y progreso. Es cuestión de aguantar.

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