Es el momento de actuar

Mar, 24/04/2012 - 09:01
El Teatro Nacional estaba repleto de actores. Parecía un acto de premiación de Tv y novelas, pero en jeans y tenis, o un encuentro de gente de televisión co

El Teatro Nacional estaba repleto de actores. Parecía un acto de premiación de Tv y novelas, pero en jeans y tenis, o un encuentro de gente de televisión como el que se vive en el estreno de una obra del Festival Internacional de Teatro, pero multitudinario. Había un desfile de protagonistas de telenovela, de seriados y de elencos de farándula que anunciaba algo inusual. Se trataba ni más ni menos que de una convocatoria de actores para discutir, como gremio, sobre su futuro contractual.

Era más que simbólico que precisamente en la casa que cristalizó muchos de los sueños de Fanny Mickey se abriera el debate sobre la Ley que lleva su nombre, la cual gracias a la Sociedad de Gestión que promoviera pacientemente durante años María Eugenia Penagos y a la labor incansable de la congresista Lucero Cortés en defensa de su sector, recientemente fue reconocida por el gobierno del presidente Juan Manuel Santos. Hoy actores, famosos y principiantes, sienten que tienen un gremio y sueñan con que su profesión sea respetada y valorada como sucede en otros países donde la industria de la televisión se maneja con mejores garantías laborales y mayor respeto por sus derechos.

Resultado que no hubiera sido jamás posible si no se ponen al frente al mejor estilo de los líderes setentistas, actores de reconocida trayectoria como Juan Sebastián Arragón, de Pasión de Gavilanes, Aura Helena Prada de Pedrito el Escamoso y Manuel José Cávez, el niño famoso en De Pies a Cabeza. Ellos se metieron con alma, vida y sombrero a sacar adelante Actores Sociedad de Gestión, la organización que pretende ser vocera de los derechos de imagen de quienes se gastan la vida actuando en televisión.

Emocionante ver personajes como José Luis Paniagua, Marcela Carvajal, Luis Eduardo Arango, Rodrigo Candamil, Manolo Cardona, Fernando Solórzano, Silvia de Dios, entre otros, que animaban, esta vez no desde las tablas, y celebraban los testimonios de algunos actores que se han favorecido con los dineros recuperados por cuenta de los derechos de imagen que una filial de la sociedad de gestión en España ha recaudado.

Solo con el recaudo que hizo España por las emisiones de telenovelas como Pura Sangre y Betty la Fea durante un año se obtuvieron cerca de 800 millones de pesos. Subsidios de desempleo, atención médica domiciliaria, convenios de reciprocidad, ayudas para quienes no tienen ni siquiera una pensión, hacían parte del balance informal que presentaban optimistamente los directivos de la sociedad de gestión, que poco a poco se conforma como una válida y poderosa representante del gremio actoral.

La discusión se ha agitado porque el gremio considera que llegó el momento de cambiar la historia leonina que ha caracterizado la relación entre productores y actores en Colombia. Es usual que cada vez que logran firmar un contrato, se les incluya una cláusula ventajosa en la que el actor, no solo hace su trabajo, sino que además cede los derechos llamados patrimoniales de autor y conexos, por un lapso de 80 años. Es decir que se entiende pago su trabajo y que por cualquier emisión, repetición o venta en otro país el beneficiario es únicamente el productor.

Por eso todos a una gritaban esa noche del 16 de abril. Estamos firmes. No firmamos. Porque para ellos este tipo de negocios implican nuevos ingresos y deben redundar en mayor productividad para todos. Y la Ley 1403 del 19 de julio de 2010, conocida como la ley Fany Mikey estableció esos derechos, de remuneración, de autor por comunicación pública. Pero esas cláusulas en las que de ñapa se establece en los contratos la renuncia a cualquier acción o reclamación sobre el punto, están dirigidas a lograr la mayor rentabilidad exclusivamente para los productores y comercializadores de las novelas o programas mientras que dejan negriados a los actores.

La decisión está en firme. Por lo menos unos setenta actores reconocidos y el 90% de las managers formaron parte de un video con la frase: Estoy firme. No firmo, en el que se denunciaba la cláusula que rezaba: ¨El actor cedente reconoce que los pagos que le hará el cesionario cubren a futuro y por el término de 80 años la cesión absoluta de los derechos patrimoniales de autor y conexos. El actor cedente renuncia a cualquier acción, reclamación o demanda sobre este punto. El actor cedente acepta que cualquier material contribuido, concebido, creado, preparado o suministrado con respecto a la obra o en relación con este contrato se considerará como obra hecha por encargo¨.

Destacable la solidaridad de gremio en la que los actores pudientes muestran su consideración frente a los demás y su responsabilidad consigo mismos. Pensar en unirse en torno a una actividad gremial en defensa de derechos comunes y además hacer conciencia sobre la propia vida y la importancia de la construcción personal digna, aún en la incertidumbre propia de su profesión, es todo un acontecimiento para aplaudir. Implica entre otras cosas un desprendimiento de egos que permite reconocer las dificultades cotidianas y humanas que existen en todos los ámbitos laborales.

Pero quizás lo más reconfortante y admirable era el tono amable, decente como diría una mamá, en que se desarrolló el evento. Nadie habló mal de quienes les dan la oportunidad de trabajar, nadie usó palabras que enmarcaran posiciones bipolares de buenos y malos ni tampoco de lucha desde el resentimiento. No. Todo lo contrario, eran conscientes de que como figuras públicas deben dar el ejemplo, aún en la manera en como exponen sus diferencias.

De fondo lo que parece plantearse con estas manifestaciones es una invitación a una profunda reflexión sobre lo que los productores entienden y aplican como responsabilidad social empresarial en coherencia con el desarrollo de la industria en Colombia, ya que nuestro país es uno de los principales exportadores de productos televisivos y la situación laboral y de derechos del gremio mantiene aún una relación inversamente proporcional. En México, España y Argentina existen poderosas organizaciones gremiales de los actores y su nivel contractual es verdadero ejemplo para los actores colombianos.

Ya uno de los canales y una de sus productoras aceptaron eliminar la cláusula de la discordia. Y lo que se demostró una vez más es que la unión hace la fuerza. No en vano la consigna que comienza a rodar contundentemente entre los actores es: Es el momento de actuar. Ver video en www.actores.org.co/noticias/videos

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