Es en serio: Les Luthiers, premio Princesa de Asturias

Es en serio: Les Luthiers, premio Princesa de Asturias

10 de mayo del 2017

El humor está de plácemes. Primero fue el Premio Cervantes para Eduardo Mendoza, con una vasta cultura pero siempre prodigando humor (“es el escritor serio más divertido de la literatura española”). Y ahora le conceden el premio Princesa de Asturias a Les Luthiers, en la categoría de Comunicación y Humanidades. Ellos mismos se definen como “humoristas que utilizan como vehículo la música, el buen gusto y la inteligencia”

La noticia es en serio, confirma el periodista Luis Alemany en El Mundo y que suenen los violines:

-Cualquiera tiene en la cabeza lo que son Les Luthiers, la imagen de seis señores sobre un escenario, trajeados de smoking, jugando al humor absurdo y, a la vez, refinado e intelectual con la excusa de la música clásica. Un poco Monty Python, un poco de humor judío al estilo de Woody Allen… Sus cacharros, igual que la voz narrativa de sus shows, entre la socarronería y el engolamiento, está grabada en la memoria de millones de espectadores que son fieles a sus espectáculos desde hace décadas.

El perfil y los políticos

En cuanto al perfil de su público, lo tienen claro, comenta La Opinión de Murcia, tras un extenso reportaje: “Es el que tiene hábito de ir al teatro; ésa es una posibilidad, otra es que sea un público que pide un humor más elaborado, ingenioso, con estilo”. Martín O’Connor apunta una interesante teoría: “La gente no va a la ópera porque piensa que no la entiende, pero el arte no se entiende, se disfruta”.

Sobre “¡Chist!” cuentan que “el eje es la historia de dos políticos corruptos que van a ver a un músico y modifican el himno nacional para sus fines electorales y/o corruptos”. Luego se incluyen números clásicos de “Les Luthiers”: “Hay de todo, ‘Manuel Darío’, ‘La bella…”, ‘La hija de Escipión’, con música medio mozartiana, y un estreno aquí, el dúo folk ecológico. Además del encuentro en el restaurante, el rap, los consejos para la educación sexual… Cerca de dos horas de show”.

Ellos mismos se definen como “humoristas que utilizan como vehículo la música, el buen gusto y la inteligencia”

No les llama la atención escribir una obra sobre políticos y corrupción en estos tiempos de abundancia de ambas degeneraciones. “No es nuestro oficio. No, desde ya que no. Cuando se nos ocurre una idea similar se justifica porque tiene que ver con la música y un himno y eso pertenece a nuestro espectro”, apuntan.

En agosto falleció un clásico del grupo, Daniel Rabinovich. También tiene un punto de fina ironía Marcos Mundstock: “Fue duro”, dice con gesto apenado, pero en seguida desdramatiza. “Además, los reemplazantes son muy flojos”, vacila a O’Connor, que está sentado a su izquierda.

Les Luthiers C

El recuerdo a Rabinovich da para acabar en el fútbol. Mundstock y él siempre iban al fútbol estuvieran donde estuvieran: “Tuvimos suerte de ir al derbi madrileño el otro día. Es increíble cómo abuchean a Ronaldo”. “¿Habrá salido de la cantera?”, pregunta con cierta inocencia Jorge Maronna. “Los únicos de fútbol éramos Daniel y yo; Martín también y tiene equipo”, desvela Mundstock.

“Del segundo mencionado”, bromea de nuevo con su compañero Mundstock. “Una de las cosas que yo tenía con Daniel era el fútbol. Fue muy duro su muerte. El atenuante que hemos tenido es que hace meses que trabajamos sin él. La despedida se extendió y nos acostumbramos”.

Y en este punto se explica Martín O’Connor cuando se le pregunta si le da vértigo integrarse en “Les Luthiers”. “Cuando ingresé era para remplazar a Daniel y Marcos. Pero sí, de pronto como si me contratan en Barcelona para reemplazar a Messi y Neymar. ¡No voy a tirar tres caños! No. Daniel es inimitable. De hecho, somos dos artistas para reemplazar uno. Tato (Horacio Turano) es más musical y mi papel es más actoral. Y hasta ahora la respuesta del público es grata”, argumenta.

Su historia

Hace un par de años, Marcos Mundstock dijo en El Mundo que Les Luthiers venían de un momento de libertad y plenitud intelectual que se vivió en Argentina y, sobre todo, en sus universidades, en los años 60, justo antes del golpe del general Juan Carlos Onganía. Al parecer, uno de los rasgos de aquel momento fue el éxito de los coros universitarios. Y, aunque parezca una broma, del conjunto vocal de la escuela de ingeniería de la Universidad de Buenos Aires nació Les Luthiers.

Otro dato gracioso, según Alemany: al principio, Mundstock, Masana, Maronna, Núñez Cortés y Rabinovich, los componentes fundadores del grupo, eran un poco ¿cómo decirlo? antiguos, viejos precoces. Nacidos en las vísperas inmediatas del 68 y de la contracultura, Les Luthiers eran unos muchachos de clase media o algo más, estudiantes muy formales de carreras de ciencias, apasionados de la música clásica convencional, veinteañeros de esos que seguían poniéndose americana y corbata cuando iban a trabajar… Como su propuesta era insólita, cayeron en los escenarios de la nueva cultura. El Instituto Di Tella, el gran foco de la cultura contestataria en Buenos Aires, acogió sus primeras actuaciones. Pero Les Luthiers eran unos extraterrestres allí.

En una de esas, en 1968, nació Johann Sebastian Mastropiero, el personaje que habría de convertirse en el hilo conductor de la carrera de Les Luthiers. Un Bach chapucero, hedonista y porteñamente sabihondo, un genio idiota, un fresco con delirios de grandeza pero encantador. Cuando dieron con esa tecla, Les Luthiers alcanzaron el éxito.

Llegaron los 70, sobrevivieron a las dictaduras sin meterse en demasiados líos (alguno hubo, pero les salvó el hecho de que Videla fuera espectador entusiasta de sus espectáculos), dieron el salto a España y el resto de América Latina, vieron morir a a Masana y a Rabinovich pero consiguieron preservar un núcleo duro… Con los años, Les Luthiers se convirtieron en una especie de sabios del humor a los que preguntar qué es cómico y qué es zafio.

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