¿Es necesario tener hospitales?

30 de enero del 2013

A todos nos asustan las enfermedades. Y por lo tanto a todos nos asustan un poco los hospitales. ¿Podemos imaginar un sistema de salud sin hospitales?. El Dr. Eric Topol acaba de publicar una columna, con video, en el conocido portal Medscape (14 de enero, 2013) sobre este tema. El título es de por sí […]

A todos nos asustan las enfermedades. Y por lo tanto a todos nos asustan un poco los hospitales. ¿Podemos imaginar un sistema de salud sin hospitales?. El Dr. Eric Topol acaba de publicar una columna, con video, en el conocido portal Medscape (14 de enero, 2013) sobre este tema. El título es de por sí llamativo: “Hospitales y visitas al consultorio serán de poca utilidad en el futuro”. El argumento es simple. La tecnología actual podría colocar monitores electrónicos en los pacientes que transmitirían al médico datos inmediatos y continuos sobre diversas variables biológicas: temperatura, pulso, presión arterial, trazo electrocardiográfico, medidas de química clínica como glicemia y otras. Esta información permitiría al médico hacer diagnósticos sin estar presente el paciente. El profesional de la salud estaría conectado por su lado con ayudas computadorizadas para la decisión clínica: tablas estadísticas de otros pacientes y publicaciones sobre problemas similares, fundamento de lo que actualmente se llama medicina de evidencia. El argumento es simple pero un poco tenebroso. Parece una fantasía de Gran Hermano como en la novela “1984” de Orwell: una nebulosa autoridad, el sistema de salud, existiría sobre nosotros tomando decisiones que debemos obedecer sobre nuestra vida personal. En este caso deberíamos temer las enfermedades, los hospitales y el mismo sistema de salud.

Debo añadir que he seguido con atención el pensamiento del doctor Topol en sus columnas anteriores y en su libro “La Destrucción Creativa de la Medicina”, publicado el año pasado. He visto sus videos que son como pequeños sermones sobre todo el problema y la promesa del uso de medios digitales en medicina. Y debo confesar que el tipo no me convence del todo. No sé si sea el exceso de elogios corporativos al inicio de su libro o su misma cara en los videos. Esto último es parte del problema de los medios visuales: hay lenguajes y caras que no convencen. Probablemente estoy equivocado y hay mucho de valioso en su pensamiento pero debo confesar mi desconfianza.

Desconfianza que a su vez el doctor Topol tiene con los hospitales. Una de sus columnas hace unos meses se titulaba: “Hospitales ¿por qué son todavía la antesala de la muerte?” Curiosamente cita a George Orwell, el del Gran Hermano, como fuente de la frase. Debemos recordar que Orwell sufrió de tuberculosis por veinte años o más, antes del uso generalizado de antibióticos, pasando por innumerables hospitales y sanatorios. Este autor británico escribió un admirable ensayo: “Como mueren los pobres”, sobre los hospitales públicos que conoció como paciente.

Históricamente, sin duda alguna, los hospitales han sido sitios peligrosos. La evidencia que prefiero al respecto es la de los hospitales franceses en Panamá a finales del siglo XIX. La construcción del canal por Lesseps había llevado a fundar dos grandes nosocomios a lado y lado del Istmo. Estaban a cargo de las santas y diligentes Hermanas Vicentinas. Como llegaban a Panamá obreros de muchas partes del mundo, eran hospitalizados en pabellones por nacionalidades. Las patas de cama eran colocadas en pequeños recipientes de agua para evitar que escorpiones y otros bichos subieran por ellas. Estos recipientes eran magníficos criaderos de mosquitos. Como no se separaban los pacientes por patologías sino por nacionalidades, siempre había en todo pabellón un enfermo o varios con malaria y fiebre amarilla que contagiaban a otros. De casi 6000 muertes registradas en estos hospitales, más de mil fueron por fiebre amarilla y era frecuente que los pacientes salieran del hospital con malaria. Esta anécdota histórica demuestra que los hospitales son sitios peligrosos. Pero todavía no podemos acabar con ellos, doctor Topol.

La enfermedad es más que un conjunto de datos electrónicos “cosechados” de un paciente y transmitidos a un médico virtual. Si la entendemos, y yo creo debe hacerse así, como una decisión clínica, debe existir un diálogo de parte y parte entre enfermo y médico o médicos sobre lo que está ocurriendo, sobre ese complejo proceso que llamamos enfermedad A o B o C. La enfermedad no es un conejo que saca del sombrero o la computadora un prestidigitador profesional de la salud. Debe ser discutida, comprendida y aceptada por el paciente.

Más aún la enfermedad es una narración. No quiero extenderme mucho sobre este último aspecto porque lo he puesto a mis estudiantes como trabajo semestral y me leen o reproducen esta columna como chancuco. Pero si la enfermedad es un suceso y proceso (atención muchachos a estas palabras) que ocurre en el tiempo (historia clínica, historia natural de las enfermedades, etc.) sólo es accesible como narración. Narración que el paciente cuenta y narración que la explica por parte del profesional de la salud.

Entonces lo que propone el doctor Topol como sistema virtual de diagnóstico y decisión terapéutica tiene sus límites. Por ahora los consultorios y hospitales parecen ser útiles para definir nuestras enfermedades por consenso y diálogo interpersonal. Previniendo sus peligros.

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