Esa semana se perdió

30 de marzo del 2015

Mucho ruido hubo la semana pasada pero ¿resultados? Ninguno. Mucha rueda de prensa, muchos anuncios y nada de realizaciones en lo que mortifica tanto a Colombia: la corrupción. Los anuncios más decepcionantes llegaron por el lado de la Justicia. Ni se fue Pretelt, ni la Rama Judicial se reformó, ni La Corte Constitucional renunció. No […]

Mucho ruido hubo la semana pasada pero ¿resultados? Ninguno. Mucha rueda de prensa, muchos anuncios y nada de realizaciones en lo que mortifica tanto a Colombia: la corrupción.

Los anuncios más decepcionantes llegaron por el lado de la Justicia. Ni se fue Pretelt, ni la Rama Judicial se reformó, ni La Corte Constitucional renunció. No hubo sangre como pedía mucha gente a gritos, pero tampoco una pequeñísima intervención que corrigiera en algo el sistema de privilegios y roscogramas enquistado en los altos tribunales.

Los anuncios del gobierno sonaron vacíos, sin fuerza, a pesar del empeño del Presidente Santos de hacer gestos recios y utilizar expresiones efectistas en su alocución. En eso si ha progresado mucho, en la forma de sus alocuciones, pero no en el fondo. Sigue haciendo promesas, presentándonos un mundo maravilloso que construirá algún día. Mejor dicho, mucho bla, bla, bla y de aquello ¡nada!

Por su parte la Corte Constitucional nos salió con una rendición de cuentas sin ninguna trascendencia. Nadie cuestiona el número de Autos, Fallos o Tutelas proferidos. Lo que se está cuestionando, y muy duro, es cuánto cobran por hacerlos y cómo se han movido intereses privados al interior de la Corte. Y por supuesto, cómo es posible que tengan como Presidente una persona de las calidades de Jorge Pretelt.

La Corte y el Gobierno perdieron la semana, o a lo mejor ellos piensan que ganaron tiempo dejando trascurrir los días para calmar la rabia ciudadana ante tanto descaro y tanta corrupción

Pretelt, el más cuestionado hasta ahora, tampoco dio explicaciones sobre las gravísimas acusaciones en su contra. O mejor dicho si hizo, encochinó a todo el mundo en una táctica que no lo exime de pecados sino que muestra más crudamente su calaña y sinvergüencería. Muy orondo se hizo el ofendido y no se dignó explicar la salida del país de su esposa, quien en lugar de responder ante responderle a la Fiscalía cómo terminó de dueña de fincas en las que se produjeron despojos y desplazamientos, prefirió huir.

El Procurador, quien podría hacer aportes valiosos para la solución de la crisis en la justicia, tampoco hizo nada, a no ser aprovechar la situación para echarle más candela a la pelea que tiene cazada con Santos.

Otras instancias que perdieron la semana sin que avanzaran ni un centímetro en corregir sus fallas fueron la Fiscalía y la Comisión de Acusaciones de la Cámara. El Fiscal, uno de los salpicados por Pretelt se defendió, pero no convenció especialmente porque no consigue explicar cómo apareció de repente una investigación, engavetada por años, contra la esposa de Pretelt. Y no es que las acusaciones no ameriten que le abra un proceso, sino que no se entiende por qué el proceso no empezó hace años. Sobre la Comisión de Acusaciones nadie se hace ilusiones. Allí nunca han hecho s o sea que da lo mismo que sigan en lo mismo.

Y finalmente, para completar una semana desalentadora, por el lado de las conversaciones de la Habana hubo ruido y malestar. El cambio de oficio que le asignaron a los generales (R) Mora y Naranjo no cayó bien. A pesar que el Presidente se empeñó en convencernos de que nada había cambiado, que ellos siguen en la mesa, nadie le creyó y por el contrario las declaraciones de los asesores del general Mora dejaron un sabor amargo y levantaron muchas sospechas de que allí están pasando cosas malucas.

Una mala semana, sin duda. Habrá que esperar que en los días santos que ya llegan los protagonistas de tanto escándalo no sigan los pasos de Pilatos, lavándose las manos, sino que se arrepientan como Judas, por haberse vendido por un puñado de monedas.

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