Escéptico a las carreras

12 de octubre del 2019

Por: Ignacio Arizmedi Posada.

Escéptico a las carreras

La misteriosa unión física de un espermatozoide y un óvulo, ¿tendrá como efecto inmediato o mediato la aparición e instalación del ánima, del alma, del principio espiritual superior que acompañará toda la vida al cuerpo que se forma como resultado de aquella unión? Estamos en un escenario especulativo.

Si así son las cosas, ¿existe una multitud de “almas” pendientes de que se unan los espermatozoides y los óvulos para que cada una “salte” o brote en el momento oportuno y ocupe el lugar que le corresponde? ¿Cuáles son las condiciones para que el alma se aposente en la realidad que resulta de la unión del espermatozoide y el óvulo?

¿Qué decir de los seres prehistóricos o anteriores al Homo sapiens sapiens (Hss)? ¿También se reproducían gracias a la unión de sus espermatozoides y óvulos, simbiosis que implicaría la aparición inmediata o mediata del alma, como sostienen algunas religiones? Esto puede llevar a preguntar desde cuál momento de la historia de la evolución del hombre se aplica la concepción judía, cristiana o islámica sobre la vida humana. ¿O es que el concepto de persona humana sería aplicable únicamente a partir de la aparición del Hss?

¿A partir de qué edad de la historia de la humanidad consideran la visión judía, cristiana o islámica que debe hablarse de criatura “humana”? ¿Desde qué momento del pasado, tales religiones admiten o admitirían que un “alma inmortal”, un “ánima”, en sentido idéntico al actual, se instaló en la entidad resultante de confundirse el óvulo y el espermatozoide?

Cuando en el campo de los monos y los delfines, por ejemplo, se da un fenómeno procreativo similar al humano, ¿la calidad y el “diseño” de ese fenómeno podrían permitir la instalación de un principio espiritual o inmaterial semejante al que se registra en los seres humanos? ¿O se llama “alma” solo a la entidad que está destinada a “asentarse” en los seres racionales?

¿El cuerpo, como conjunto de sistemas, como un todo material, opera idóneamente gracias a las conexiones, las tareas, los procesos, las sinergias, etc., de carácter orgánico? ¿U opera idóneamente por acción del espíritu, de la entidad incorpórea, del alma? ¿O será efecto de la colaboración inteligente de ambas dimensiones? ¿Alguien lo sabe?

¿O será que ese cuerpo funciona y permanece vivo gracias, exclusivamente, a aquellas conexiones, funciones o procesos físicos, y no gracias al “espíritu” o la entidad incorpórea que lo habite? Lo espiritual en esa estructura tendría unos fines distintos, quizás complementarios, a los buscados por los actores materiales.

En el ser humano, ¿la inteligencia, la capacidad de reflexión, de amar, argumentar, hablar, escribir, etc., vienen dadas por la armonía entre los elementos orgánicos, o son el aporte del “espíritu”, la entidad misteriosa en esa clase de alianza con el cuerpo? ¿Será que esta “unión temporal” se constituye para que las realidades orgánicas le aseguran al espíritu las condiciones requeridas para actuar, y que el espíritu, a la vez, le garantiza al cuerpo unas funciones como la inteligencia, el pensamiento, la razón, la memoria, etc., que él, el cuerpo, no podría producir?

¿Las categorías “superiores” son efecto de un principio inmaterial, de una realidad no corpórea, de un “espíritu”, que también abandona el cuerpo cuando este muere? ¿O la inteligencia, la razón, la voluntad, la emotividad, etc., son manifestaciones “superiores” de la materia, es decir, de aquellas funciones y procesos?

¿Nuestro cuerpo muere porque el alma se desprende del cuerpo, o el alma se desprende porque el cuerpo muere? ¿Qué es primero, qué después? ¿Todo es a la vez?

¿El alma, el espíritu, el principio superior se mantienen en el cuerpo humano hasta cuando este les “garantice” las exigencias para seguir, a la manera en que un huésped permanece en un sitio siempre y cuando se le aseguren los requerimientos para continuar allí? ¿O la vida termina porque el alma que habitaba el cuerpo se “jartó” y levó anclas? ¡Vaya usted a saber!

INFLEXIÓN. ¿Será cierto que de la carrera no queda sino el cansancio?

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