¿Escribir o no escribir?

2 de abril del 2015

Cien semanas trascurridas y cien artículos escritos.

Del escritor francés Julien Grack es la siguiente frase: “Se escribe, primero, porque otros antes de nosotros han escrito, después, porque ya se ha comenzado a escribir”.

Meditando sobre qué escribir para este artículo, el número cien en KienyKe, me he venido preguntando qué me llevó a escribir acerca de temas que no conciernen a mi actividad artística.

Recordé que el 11 de abril de 2013, con el fin de compartir entre amigos mis inquietudes, escribí unas reflexiones con el título Lo que nos dejó este 9 de abril. En una semana se cumplen dos años de esa fecha cuando Adriana Bernal, fundadora de este medio, me pidió autorización de publicarlas, motivo que me impulsó a escribir semanalmente un artículo de opinión.

Al comienzo de esas reflexiones encontré un breve resumen de las razones que me llevaron a poner por escrito mis opiniones sobre la difícil situación del país en esta azarosa época:

“Un amigo me insiste en que siga pintando, que sigamos haciendo libros, que durante décadas las cosas han sido así y no cambiarán. No puedo hacerlo sin dejar de inquietarme por la difícil situación por la que estamos pasando. Siempre he soñado con poder disfrutar de las maravillas de nuestro país y de nuestras gentes sin que los criminales estén al acecho para hacernos inmensos daños. Un país libre y prospero lo quiero para mis hijas y para las generaciones futuras, pero también quiero disfrutar de él muy pronto, en familia y con los amigos, viendo a los colombianos desarrollando lo mejor de cada uno con la alegría y el entusiasmo que trae la seguridad y la justicia.

He estado muy inquieto, inmensamente preocupado por lo que ha venido ocurriendo desde la llegada al poder de Juan Manuel Santos, una persona quien por su enfermiza vanidad no logra dimensionar la gravedad de sus actos y a quien, con descuido, se le entregó la dirección de los destinos del país. Algunos amigos me han tachado de delirante y se han alejado para no escuchar mis constantes quejas y mi mirada triste y negativa sobre lo que ocurre día a día. A veces me siento culpable, ave de mal agüero o un ciego frente a lo “bueno” de este gobierno. Pero desgraciadamente los acontecimientos me han venido dando la razón. Antes veía el peligro de que después de Santos subiera al país un epígono de Chávez, ahora veo que es el mismo Juan Manuel Santos ese epígono.”

Hoy, cien semanas trascurridas y cien artículos escritos, contemplo que hasta mis más lúgubres presagios han sido superados por los acontecimientos y que la caída al abismo era imparable. En el intermedio de esos dos años surgió una luz de esperanza que se apagó rápidamente, la de llevar al Congreso de la República unas mayorías encabezadas por Álvaro Uribe y a la presidencia a un personaje de la talla de Óscar Iván Zuluaga. Vivimos esa ilusión que mantuvimos hasta el final, a pesar de presenciar como el gobierno y sus secuaces comenzaron robándose las elecciones parlamentarias. Continuamos, guiados por una luz cada vez más apagada, a unos comicios presidenciales que ya estaban arreglados desde tiempo atrás.

En este momento de nuevo revivimos esa pequeña luz con las próximas elecciones regionales con la ilusión de poder ganarlas; mientras quienes tienen la sartén por el mango se sonríen con la misma sonrisa cínica que vimos en el rostro del presidente Santos en la segunda vuelta de las presidenciales que tenía de antemano arregladas.

Una profesora de mi pequeña hija me dijo, cuando le hablaba de mi inacabada casa en La Calera, que todos tenemos derecho a soñar. Y ese derecho nos lo quieren arrebatar a punta de golpes a la democracia. Pero seguiremos soñando a pesar de ver cómo, día a día, la lucecita de esperanza se extingue debido a los gestos y actos autoritarios de este gobierno ilegitimo.

Aunque sea ese derecho no nos lo pueden quitar, está en el corazón de cada colombiano y nada ni nadie nos lo arrebatarán. A pesar de que hemos venido corroborando que el país tiene un camino trazado hacía el Socialismo o Totalitarismo del Siglo XXI, ni los actos sanguinarios de los terroristas, ni los engaños y traiciones de los políticos impedirán que sigamos soñando.

Me han insinuado que deje de escribir. Alcancé a pensar que eso era lo correcto pero, luego de repasar el curso de estas cien semanas, he decidido continuar porque ya comencé. Y, como dice Julien Grack: “Nadie antes empleó ese extraño futuro intransitivo, el único que erige verdaderamente, y abusivamente, el trabajo de la pluma en enigma: escribiré“.

En un momento tan crítico, cuando el virus de la claudicación se expande y se expande arrasando con todas las defensas, debemos persistir así nos consideren ilusos que perseguimos causas perdidas.

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