Escuche para entender y no para contestar

7 de noviembre del 2019

Por: Germán Díaz Sossa.

Escuche para entender y no para contestar

– Hable siempre de lo que le interese a los demás. Aprenda a escuchar. Escuchar no es fácil. Hay que hacer un esfuerzo consciente hasta cuando se le convierta en un hábito, como leer. Una conducta se convierte en hábito mediante la repetición y el esfuerzo.

Las personas normalmente  no escuchan bien, porque escuchan para contestar y no para entender. O porque son amantes de interrumpir al que habla, sin hacer aporte alguno a la conversación. O porque tienden a redondear lo que el otro está diciendo, con el argumento de que “yo ya sabía para donde iba usted, papi”

Hay personas que sólo están interesadas en una conversación cuando están hablando. Cuando se callan, pierden interés. Que pesar.

Otros muchas veces dicen, para no escuchar: “Es que cuando usted va yo ya vengo”  La madre de la equivocación es presumir. No presuma. Verifique. Y recuerde que no hay preguntas bobas, sino bobos que no preguntan. Muchas veces es mejor una pregunta tonta que un error trascendental.

Un experto del instituto Dale Carnegie me decía en México que “nosotros pensamos que lo ideal es escuchar el 80 por ciento y hablar apenas el 20 por ciento”.

El ser humano aprende más cuando escucha que cuando habla, porque cuando usted habla repite cosas que ya sabe. En cambio, cuando escucha, aprende cosas nuevas, si es que tiene la mente abierta. La mente es como un paracaídas: Si no se abre no sirve para nada.

Más enseñanzas de mi maestro Dale Carnegie, con anotaciones mías:

– Haga que la otra persona se sienta importante y hágalo sinceramente.

Og Mandino decía que todos los seres humanos tenemos un aviso de tres palabras en la frente, pero no se ve. Está ahí pero no se ve. Y dice: “Necesito ser reconocido”. Todo el mundo desea ser reconocido y que se le dé importancia. Todo el mundo desea sentirse importante y que se le respete.

– Muchas veces, la única forma de salir ganando en una discusión, es evitándola. No pierda el tiempo en charlas y discusiones que no aportan nada, que no sirven para nada, que no agregan valor. Yo cada vez me vuelvo más alérgico a decir o a escuchar bobadas.

– Demuestre respeto por las opiniones ajenas. Nunca diga: “Usted está equivocado”  La regla de oro de la conversación es esta: “Yo respeto su forma de pensar aun cuando no la comparto”. Para mí la verdad no existe. Lo que existe es la aproximación a la verdad. La verdad es como un espejo roto en mil pedazos. Cada pedazo es una verdad.

No trate de imponerle su verdad a los demás. Incluso, muchas veces, uno piensa, jura, asegura que tiene la verdad. Y seis meses después está pensando algo  completamente distinto sobre el tema en torno al cual presuntamente poseía la verdad.

– Si usted está equivocado, admítalo rápida y enfáticamente. Una persona gana mucho cuando acepta que estaba equivocada. Y gana más si presenta disculpas.

– Permita que la otra persona sea quien hable más. Permita que la otra persona sienta que la idea es de ella. Sea generoso. Aprenda a felicitar  en público y a llamar la atención en privado. Cuesta poco y gana mucho.

– Es difícil, pero trate honradamente de ver las cosas desde el punto de vista de la otra persona. Y una regla de oro es no hacerle a los demás lo que no le gusta que le hagan a usted. Si esta regla de oro se aplicara, serían millones los problemas que se ahorrarían los habitantes del mundo todos los días.

Feliz resto de semana apreciados lectores y amigos.

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