¡Eso les pasa por firmar sin leer!

29 de mayo del 2018

Opinión de Daissy Cañón.

Daissy Cañon Hidroituango

El viejo dicho que dice que toda excepción confirma la regla, tiene para algunos una mejor lectura: “La excepción pone a prueba la regla” y por como están las cosas en el país después de los resultados de las elecciones en primera vuelta para elegir presidente y vicepresidente, ésta segunda frase parece estar más cercana a la realidad. La regla, o la infinidad de reglas que cada cuatro años se cumplían en Colombia en esta jornada tuvieron más de una excepción. No ganó el abstencionismo aun cuando no votaron todos los que podían hacerlo, el porcentaje de votantes subió, los caciques no ganaron, tampoco la maquinaria, ni la mermelada, ni se rajaron o se equivocaron todos los encuestadores.

Hay que tener posturas realistas sobre lo que viene, el pasado si no se limpia puede regresar de la peor forma. Hablar de política se ha vuelto el tema más recurrente y aburrido, además de que saca lo peor de muchas personas cuando otros no comparten sus preferencias sobre un determinado candidato. Cuando no logran convencer a sus interlocutores de que elijan al suyo, se tornan hostiles y descalificadores e incluso insultantes. Hoy cuando las opciones para la Presidencia de la República enfrenta a dos posiciones radicalmente opuestas, como no ocurría desde hace muchas décadas, el país está abocado a que los enfrentamientos esta vez nos hagan revivir los viejos enfrentamientos en los pueblos de Colombia donde los de un partido no vivían en el mismo vecindario y los territorios se dividían claramente, al punto de que unos y otros no acudían en el mismo horario a oír misa o cambiaban de acerca cuando un contradictor político caminaba por la misma senda.

En un pueblo de Caldas y posiblemente en muchos otros, el odio entre godos y cachiporros, como se llamaban entre sí despectivamente, los llevó a construir dos iglesias y dos parques principales, para que los enemigos nunca se encontraran. A pesar de los aplausos por la jornada del domingo 27 de mayo, hay hechos que hacen prever que el odio entre los dos extremos está tomando fuerza.

Esta vez fueron muchos los hechos que nos hacen pensar que algo está cambiando y que, si no se sigue por el camino de derrotar a la vieja política, la mala regla electoral de siempre habrá ganado la prueba y la excepción saldrá derrotada. Las motivaciones para escoger entre los cinco candidatos no fueron tampoco las que las reglas dictaban, esta vez muchos fueron a las urnas por miedo a que terminemos como Venezuela, o porque les gusta el jefe político de un candidato, o porque le llegó el turno a un joven, o porque ya no quieren más a los viejos partidos liberal y conservador o porque es el turno del que más le promete a los pobres o porque un tercero los convenció con un discurso sin confrontaciones y que se constituyó en la mayor sorpresa por la cantidad de votos que sacó o por muchas razones más que al parecer nada tienen que ver con los programas de los aspirantes, porque es de suponer que de los millones de votantes muy pocos los habrán leído o siquiera sepan en que se diferencian unos de otros.

Por lo que se oye decir, con la infinidad de debates que hubo, se sintieron muy bien informados para decidir quién será el mejor presidente, pero con seguridad no pasarían un examen sobre la propuestas en temas como reformas tributarias, qué le reformarían a los acuerdos de paz, o si no le reformarían nada, la extradición, si harán o no reformas a la ley 100, si es que saben de qué se trata esa ley, e infinidad de temas más. Incluso no sabrían con certeza como se llaman los movimientos políticos que representan o peor aún quienes los acompañaron en el tarjetón como candidatos a la Vicepresidencia.

Un voto por un candidato del que no se conoce de forma concreta cuales son sus propuestas y si gana cómo nos benefician como ciudadanos o como país, es como firmar un acta de compromiso, una escritura, un contrato o cualquier otro documento vital para la vida sin leerlo. Ahí sí que cabe la manida frase, más manida incluso que con la que arrancó esta columna: ¡Eso le pasa por no leer lo que firma!

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