¡Que salga a defenderla el esposo de Vicky Dávila!

¡Que salga a defenderla el esposo de Vicky Dávila!

19 de Febrero del 2016

Para completar la puesta en escena, sólo falta que salga a la palestra el esposo de Vicky Dávila, dice el periodista Diego Martínez Lloreda, director de información de El País, de Cali, galardonado varias veces.

Comenta que a las esposas del general Palomino y del exviceministro Carlos Ferro las vinimos a conocer ahora, cuando a sus respectivos maridos les dio por visibilizarlas en medio del sórdido escándalo que sacude a la Policía y que les costó sus cargos.

Ambos usaron a sus parejas como parapeto para intentar amortiguar el impacto del escándalo.

Mi general Palomino -sigue Martínez Lloreda- se apareció con Eva Ardila, su cónyuge, en la rueda de prensa en la que anunció su renuncia a la Dirección de la Policía. Y se dejó tomar fotos para todos los medios, abrazado y dándose piquitos con doña Eva. El propósito era claro: proyectar la imagen de la pareja perfecta para acallar las versiones extraoficiales que circulan acerca del oficial.

Palomino usó a su señora, pero al menos no la utilizó para que lo defendiera. Lo que sí hizo Ferro en la entrevista que le concedió al canal Caracol y a Blu Radio.

Muchos quedaron matados con la defensa que Marcela Pineda hizo, más que de su marido, de su familia. Y con razón. Se requiere mucha valentía para dar la cara ante un medio de comunicación apenas 48 horas después de que se divulgara el video en el que su marido aparece flirteando, de la forma más cruda, con un capitán de la Policía.

Pero así como Marcela actuó con gran valentía, su marido obró como el peor de los cobardes. Ningún ser con un mínimo de dignidad permitiría que su pareja salga a rescatarlo de un entuerto en el que esta no solo no tiene nada que ver sino que es la mayor víctima.

A Ferro le cayó como anillo al dedo que su berraca mujer saliera a apoyarlo. Pero, insisto, lo digno hubiera sido que el hombre le dijera a Marcela que a quien le correspondía poner la cara era a él, que era el protagonista de ese escándalo.

Ahora, que la esposa haya procedido como lo hizo es apenas natural: supongo que ignoraba las andanzas de su marido, porque ninguna persona normal, y ella lo parece, tolera esa situación. Y asumo que se enteró de ellas a través de ese escabroso video.

De seguro semejante golpe la dejó en shock, como queda cualquier persona cuando recibe un totazo tan devastador. ¿Y cómo actúa la gente cuando está en ese estado? Por instinto. Marcela Pineda es madre y, como haría cualquier mamá, instintivamente trató de proteger a sus hijos.

En lo que menos está pensando esta mujer en los actuales momentos es en su marido y en salvar su relación de pareja. Ya tendrá tiempo para meditar sobre eso, una vez sienta que sus hijos están a salvo. Y cuando se recupere del guarapazo.

No se necesita ser Carlos Climent para vislumbrar que esa relación tiene poco futuro. No porque Ferro haya cometido un desliz sino porque parece tener unas preferencias diferentes a las de su señora. Y dudo mucho que las vaya a cambiar. Pero ese es un tema que pertenece a su intimidad y hay que dejar en esa órbita.

De todas formas, a mi modo de ver, es peor lo que está haciendo Ferro para tratar de mitigar el impacto del escándalo que generó su conversación con el capitán, que la conversación misma.

Ferro puede tirarle los perros al que quiera. Pero aprovecharse de la vulnerabilidad en la que quedó su mujer tras el golpe que recibió, para manipularla e inducirla a que asuma su defensa, sí es la mayor bajeza, concluye el columnista.

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