Esquina global: Si en Colombia no escampa, en Cancún hubo sequía

14 de diciembre del 2010

Mientras en Colombia no para de llover, en Cancún (México) se reunieron las autoridades ambientalistas del mundo, convocadas por la fracasada Cumbre de Copenhague del años pasado, para encontrar una salida a la encrucijada del calentamiento global que está llevando el mundo al caos terminal que vaticinaron los Mayas que ocurriría en el año 2012. ¿Qué tienen en común los aguaceros de Colombia con la sequía de fórmulas salvadoras de estas Cumbres Climáticas? Muchísimo. El aumento del caudal de lluvias en Colombia no es producto de nuestra mala suerte, de un año pasado por mucha agua.

El director del IDEAM ha explicado que, como consecuencia del calentamiento global -que es el fenómeno que se produce cuando la costra atmosférica formada por la emisión de gases se convierte en una especie de invernadero que aumenta la temperatura de la tierra-, es posible que en ciudades como Bogotá y Medellín  la excesiva concentración de la humedad en sus cielos, por un fenómeno de simple condensación, produzca lluvias torrenciales con una frecuencia que ya no se mide, como antes, por meses, sino por días, e inclusive por horas.

Nuestro país ha sido identificado por Naciones Unidas como uno de los escenarios más vulnerables a los efectos del calentamiento global, al lado de China y Bangladesh. De continuar los aumentos de temperatura registrados durante la última década, al finalizar la mitad del siglo Bogotá podría tener una temperatura parecida a la de algunos pueblos del río Magdalena. Algunas ciudades como Cartagena, Buenaventura o Tumaco resultarán invivibles si sobreviven a la inundación de sus calles como resultado del aumento, para el mismo periodo, de 60 cm del nivel del mar proveniente del derretimiento mundial de los glaciares y nevados por un sobrecalentamiento global cercano a los cuatro grados centígrados.

En este escenario catastrófico, el Pacífico se ahogaría y el Caribe se moriría de sed o convulsionado por unos de esos huracanes tropicales del Caribe cuya frecuencia e intensidad, según una importante universidad inglesa, se ha venido y se seguirá incrementando mientras persista el desbarajuste climático. Sequías, destrucción de cultivos andinos de pan coger, desbordamiento de los ríos, extinción de los páramos como fábricas de agua, disolución de las cumbres nevadas son ocurrencias previsibles en muy corto plazo.

Frente a este panorama un tanto apocalíptico, el Gobierno debería pensar con seriedad en decretar una emergencia social que le permita conjurar, con rapidez, el impacto de esta ola invernal que podría acabar en poco tiempo, como se empieza a ver hoy, con la mitad de la infraestructura de carreteras y una tercera parte de la malla vial de las principales ciudades. De hecho, la condición paradójica de estos desastres naturales es que los países no están preparados para superarlos. Si lo estuvieran, no tendrían esta condición desastrosa que los hace inmanejables de forma racional.

Mientras Colombia se ahoga por el invierno, en Cancún se prevé una sequía de fórmulas salvadoras del problema. Estados Unidos y China, responsables de 46% de la emisión de gases en el mundo, se resisten a hacer compromisos efectivos para bajarlos. Prefieren poner la competitividad por encima de sus deberes humanitarios y, por supuesto, de las diferencias ideológicas que en este tema quedan relegadas a un segundo plano, como en el de algunos tratados internacionales sobre protección y defensa de los derechos humanos. Muy pocos apuestan por un final feliz en Cancún a pesar de los notables esfuerzos desarrollados por México para acercar a las partes, que más bien parecen una pandilla de náufragos egoístas, cada quien remando para su lado y en su propio beneficio.

Mientras tanto, la reparación de los daños producidos por el calentamiento aumenta a US$100.000 millones por año y su monto podría doblarse cada cinco años a medida que la crisis se profundice. El problema planteado detrás de esta situación tiene que ver, nada más y nada menos, con la ética de la supervivencia planetaria. El hombre ha sabido, a lo largo de los siglos, superar desafíos planteados a su especie como las plagas, las pestes, los dioses vengativos o los instintos criminales de sus gobernantes. Pero las amenazas que hoy se le presentan tienen que ver con la inédita capacidad del género humano para hacerse daño a sí mismo. Para contaminar el planeta, haciéndolo invivible e inviable y condenar a mil millones de personas a morir de hambre. ¿Quién podrá defendernos de nosotros mismos?

* Los comentarios, textos, investigaciones, reportajes, escritos y demás productos de los columnistas y colaboradores de Kienyke.com, no comprometen ni vinculan bajo ninguna responsabilidad a la sociedad comercial controlante del medio de comunicación, ni a su editor, toda vez que en el libre desarrollo de su profesión, pueden tener opiniones que no necesariamente están acorde a la política y posición del portal.

Ver comentarios
KONTINÚA LEYENDO