Estamos sobregirados

Estamos sobregirados

10 de diciembre del 2017

La Red Global de la Huella Ecológica (Global Footprint Network) se ha dado a la tarea de monitorear la trazabilidad de la huella de carbono que van dejando tras de sí los países y para ello emplean una especie de contabilidad ecológica de partida doble y a partir de esta poder establecer el saldo a favor o en contra. Esta Red ha podido establecer que desde finales del siglo XX el “Día del sobregiro”, entendido este como el exceso de demanda de servicios ambientales con respecto a la capacidad de reparación o reposición de la naturaleza, se ha ido adelantando progresivamente. 

A partir de este seguimiento se ha podido establecer que en 1997 dicho “sobregiro” se presentó a finales de septiembre y este año, diez años después, el 2 de agosto, el más temprano desde que se registraron los primeros “sobregiros” desde principios de los años 70´s (23 de diciembre en 1970). Dicho de otra manera, en 7 meses y 2 días, la humanidad demandó, en términos de recursos ecológicos y servicios tales como alimentos y materias primas, el equivalente a lo que nuestro planeta puede generar y regenerar en 12 meses, agotando el presupuesto ecológico del año en sólo 7 meses largos. El resto del año giramos sobre “vigencias futuras”, lo que nos deparará a posteriori más escasez de agua, desertificación, erosión del suelo, pérdida de productividad agrícola, así como el agotamiento de la flora y la fauna. 

Estos excesos de la actividad humana nos están conduciendo a un consumo desaforado de las reservas de ecosistemas que subsisten pese a su depredación, a tal punto que se está demandando de la naturaleza  1.7 veces más de lo que la misma puede proporcionar. O, lo que es lo mismo, a este ritmo requeriremos 1.7, casi 2 planetas, para no poner en riesgo la supervivencia de la humanidad. Y por ahora sólo contamos con uno sólo habitable que es el Planeta Tierra. 

Bien dijo Mahatma Gandhi, que “la tierra tiene suficiente para satisfacer las necesidades de todos, pero no para satisfacer la avaricia de unos cuantos”. Es un hecho, tal y como lo sostiene el Secretario general del Fondo Mundial de la Naturaleza (WWF, por sus siglas en inglés) España, Juan Carlos del Olmo “estamos viviendo a costa de los recursos naturales de las futuras generaciones” y ello atenta contra el principio fundamental del desarrollo sostenible. Bien dijo el Secretario General de la ONU Antonio Guterres, al instalar la COP23: “tenemos que cesar de apostar por un futuro insostenible que pone en peligro nuestras economías y sociedades”

Afortunadamente, si nos lo proponemos, es posible revertir esta tendencia, para lo cual se requiere retroceder cada año el “Día del sobregiro” 4.5 días, si queremos balancear la demanda con la oferta ambiental al cierre del año 2050. Y ello es posible, como dice el Secretario de la Organización Meteorológica Mundial Petteri Taalas,  “hay esperanzas”, pues como lo afirma Mathis Wackernagel, Director General de la Red “nuestro Planeta es finito, pero las posibilidades humanas no. Vivir con los recursos de un Planeta es tecnológicamente posible, financieramente viable y nuestra única oportunidad para un futuro próspero”. 

Por eso nos parecieron muy puestas en razón las palabras pronunciadas por la Secretaria ejecutiva de la Convención Marco de las Naciones Unidas sobre Cambio Climático (CMNUCC) Patricia Espinosa, en el sentido que la 23ª Conferencia de las partes sobre el Cambio Climático de la ONU (COP23) que se celebró en Bonn la semana anterior tenía “que ser la plataforma para que todos los países y sectores de la sociedad tratemos de reducir los riesgos y maximizar las oportunidades de una vía de desarrollo dinámica, que tenga en cuenta un futuro sostenible”.

En concepto de James Hansen, quien durante 32 años dirigió el Instituto  Goddard para los Espaciales, como investigador en jefe de la NASA, “sólo hay una manera de que los países y las empresas dejen a un lado esta energía sucia: que les cobren impuestos al carbono a las empresas que vendan y compren productos derivados del carbón y el petróleo”. Y va más lejos, al plantear la necesidad de sincerar los precios de los combustibles de origen fósil, “incluyendo en ellos los costos sociales y medioambientales que, evidentemente, a medida que pasa el tiempo, tendrían que crecer gradualmente, así como crecen los peligros de seguir usando este tipo de energía…Es ilógico que las personas tengan que sacar de su bolsillo el dinero para tratarse las enfermedades respiratorias relacionadas con la contaminación. Lo que propongo es que sean las empresas de combustibles fósiles, vía impuestos, quienes les paguen a los ciudadanos por el daño que les han causado…”. 

Y remata diciendo, “locura es, según Einstein, hacer el mismo experimento una y otra vez y creer que puedes obtener un resultado distinto. Pero no estamos haciendo nada distinto a lo que hicimos con el Protocolo de Kyoto, que se cayó bajo su propio peso. Esto tiene que cambiar si queremos sobrevivir”.

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