A estas alturas de la vida

13 de junio del 2018

Opinión de Carlos Salas Silva.

Carlos Salas Silva Duque

¡Quién lo creyera que a estas alturas de la vida el discurso populista siga teniendo arraigo entre los intelectuales de mi generación! Me pregunto qué hace tan seductora esa particular posición política que se impone por encima de las evidencias de su fracaso que constatamos fácilmente con solo mirar a nuestros países vecinos. A esas exquisitas sensibilidades pareciera que no les afectara, por ejemplo, que en Venezuela hay niños con polio, tremenda injusticia cometida por una negligencia fruto de la maldad extrema, contra las más tiernas e indefensas criaturas cuando en América Latina, gracias a sus pasos hacía el desarrollo, se había logrado erradicar esa dolorosa enfermedad hace treinta años.

Pero pareciera que primara el desprecio y la arrogancia cuando “oficializan” sus posturas políticas que tantos beneficios les han significado en sus labores artísticas y culturales. Pero el país ya no come cuento, han sido de duro aprendizaje los ocho años de desgobierno en los que nos vimos entregados en manos de la izquierda radical, representada por las narcoguerrillas aliadas a lo más corrupto de las clases políticas. Lo sufrido durante los años de negociaciones en Cuba, la isla que ha sido durante décadas el bastión desde donde se propagó esa plaga del socialismo del siglo XXI que por poco acaba con nuestra América Latina -la de todos y no solo la imaginada por sus intelectuales-, añadido a los de su ilegitima implementación, ha llevado a nuestro pueblo a asumir con mayor madurez su responsabilidad política impidiendo que con cantos de sirenas lo arrastren al abismo. En estas condiciones el discurso de esos intelectuales ya no seduce como antes.

Al igual que estos representantes de la cultura, nuestra Colombia también cuenta con otros compatriotas que llevados por un odio irracional y una sorda vanidad a prueba de cualquier argumento, pareciera no importarles llevar a la presidencia a un mamarracho como lo es quien representa en estas elecciones al castrochavismo que se camufla con el pomposo nombre de Socialismo del siglo XXI o se hacen llamar progresistas para conquistar a los más moderados y timoratos, sabiendo que, en caso de que ganara, el país sería conducido a una catástrofe similar a la sufrida por Venezuela.

Por suerte, no solo para nosotros sino también para nuestros hermanos venezolanos, no van a salirse con la suya y llevaremos a la presidencia a Iván Duque quien nos representa plenamente. Colombia ya se decidió por el camino de la libertad, el progreso y el bienestar de todos y ha comprendido que esta milagrosa oportunidad ha sido propiciada por el ejercicio de resistencia a un gobierno que pretendió hacer lo que le daba la gana acabando con las finanzas de la nación a punta de un irresponsable gasto público con el que se llegó a niveles de corrupción nunca vistos para realizar e implementar un acuerdo falso de paz que no era otra cosa que el disfraz del mayor lavado de activos en la historia del narcotráfico.

El domingo ganaremos en las urnas los que estamos con Duque con una tremenda goleada y con ello derrotaremos no solo a Petro sino también a todo lo que él representa. Esto tendrá un amplio significado para el futuro de una América Latina que ha luchado sin tregua para liberarse del fantasma del comunismo. Los colombianos demostraremos que somos conscientes de que nuestro compromiso es con la historia.

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