Estas son todas las talas que quiere Peñalosa

22 de enero del 2019

Opinión de María Fernanda Rojas

Estas son todas las talas que quiere Peñalosa

Más de 34 mil talas han sido autorizadas por la administración Peñalosa, y alrededor de una tercera parte de ellas ya han sido ejecutadas. Los humedales de la ciudad, entre los afectados. Esto en el escenario de una ciudad que debería tener el triple de árboles que tiene ahora.

Si se ejecutan todas las talas que, hasta ahora, tienen autorización de la Administración Peñalosa, la madera resultante alcanzaría para establecer una línea recta entre Bogotá y Ciudad de México. Son exactamente 3.155 km los que se cubrirían poniendo, uno detrás de otro, los árboles que tienen los días contados en Bogotá y los que ya fueron efectivamente cortados.

Las talas autorizadas por situaciones de emergencia fueron 9.838; otras 8.553 recibieron el visto bueno de la Secretaría de Ambiente debido a interferencia con proyectos de construcción e infraestructura. Las restantes, es decir 16.240, son talas de manejo silvicultural. Esto incluye un rango amplio y difuso de motivos que van desde “nuevo diseño paisajístico” hasta enfermedades fitosanitarias, y diferentes riesgos de volcamiento.

¿Cuántas de estas talas se podían evitar con un traslado o un adecuado tratamiento? No es posible saberlo, porque el concepto técnico tiende a ser casi invariablemente: tirar el árbol al suelo. En las 34 mil solicitudes de tala apenas se encontraron 27 que podían salvarse mediante el traslado, y otras 28 que podían recibir tratamiento; es decir, de 34 mil árboles, apenas 55 se preservarán.

Hasta noviembre de 2018 habían sido ejecutadas 11.394 de esas talas, es decir alrededor de una tercera parte del total autorizado. 5.274 por cuadrillas propias del Jardín Botánico de Bogotá y otras 6.120 por contratos a terceros que suman $3.068.211.596. En promedio, talar un árbol le cuesta a la ciudad $501.341. Entonces, se podría decir como referencia que, de ejecutarse todas las talas aprobadas hasta ahora, la Administración Peñalosa se gastará $17.361.966.490 derribando árboles.

Al mirar las alturas de los árboles autorizados para talas se puede inferir que se trata de individuos adultos de los que se puede esperar un alto rendimiento en términos de servicios ecosistémicos, como retención de agua y captura de CO2, uno de los más notables gases de efecto invernadero. La altura promedio de estos es de 9,1 mts y el más alto es un eucalipto de 57,6 metros de altura, ubicado dentro del Club Los Lagartos. De hecho, el grupo de árboles más altos son eucaliptos que están dentro de esa institución.

De todos los grupos de talas el más grande está relacionado con las obras del aeropuerto El Dorado, en cuyas instalaciones han sido autorizados para derribo 1.835 individuos por solicitud de entidades como la Unidad Administrativa Especial De Aeronáutica Civil –UAEAC; la Sociedad Concesionaria Operadora Aeroportuaria Internacional S.A y la Aeronáutica Civil. Le siguen en tamaño todas las talas autorizadas para el sector de las áreas protegidas del humedal y el canal Córdoba.

Directamente dentro del humedal Córdoba hay autorización de derribar 744 árboles y otros 359 en el recorrido del canal, lo que da un total de 1.103 árboles menos para la ciudad. La mayoría de estos árboles corresponden a la construcción de una ciclorruta panorámica dentro de la zona de recreación pasiva del humedal. Es importante recordar que montar bicicleta y jugar con balones no son actividades pasivas, de manera que no se entiende la insistencia de la Alcaldía en construir en un lugar que, además, hace poco fue reconocido con la categoría Humedal Ramsar.

Si a las talas del humedal y el canal Córdoba se le suman las talas en sectores vinculados a ellos como Alhambra (520 árboles) e Iberia (104 árboles), entre otros, significa que la ciclorruta proyectada le está costando un sacrificio ambiental a la ciudad similar a las obras del aeropuerto El Dorado que terminaron en 2017.

Las entidades que mayor número de talas han solicitado hasta ahora son la Secretaría Distrital de Ambiente 7.078, el Jardín Botánico de Bogotá 4.681 y el Instituto de Desarrollo Urbano 3.187. Las localidades donde más talas han sido autorizadas son Suba 7.136, Usaquén 5.303, Fontibón 3.590 y Engativá 3.549. Las especies con más talas reportadas son diversas variedades de acacias 8.208, eucaliptos 4.114 y cipreses 3.095.

Uno de los grupos significativos de talas se encuentra sobre la carrera séptima. Son en total 1.136 árboles cuyo derribo ha sido autorizado a lo largo de esa importante arteria entre las calles 40 y 183. La mayoría de esas talas fueron solicitadas por el Instituto de Desarrollo Urbano (IDU), por interferencia con obras. Así que es altamente probable que estén relacionadas con Transmilenio por la séptima, donde se estima que se talarán más de 2.000 árboles en total.

Otro de los casos llamativos dentro de los grupos de grandes talas es el de NQS. En total son 665 individuos en distintos puntos, la mayoría de ellos por motivos de diseño paisajístico. Es decir, que árboles que podrían quedarse ahí, van a ser talados para poner otros nuevos, más acordes a la estética propuesta desde la Alcaldía. En términos económicos, esto significa más o menos como cambiar la decoración de la NQS por un valor de $333.392.270.

Los proyectos paisajísticos son 26, según información entregada por el Jardín Botánico de Bogotá. Hay proyectos en la carrera 9, calle 116, Bosque Popular, transversal 42, calle 19, calle 13, parques Berlín, Pontevedra, Mirandela y Pradera Sur y, finalmente, el ya mencionado a lo largo de la Carrera 30. De momento, el Jardín Botánico asegura que estos proyectos se encuentran suspendidos, siguiendo recomendaciones de la Personería de Bogotá. Pero de los 1.292 árboles autorizados de tala, 746 ya fueron ejecutados, según datos entregados por la Coordinación de Manejo Silvicultural de Arbolado Antiguo.

Resulta llamativo que en los registros de la Secretaría de Ambiente figuren apenas 496 talas solicitadas por el IDRD, una cifra que aparentemente no coincide con la magnitud del proyecto de canchas deportivas que desarrolla ese Instituto. Lo que sí es claro es que ha sido uno de los proyectos de esta Alcaldía que más polémicas ha generado. Se ha podido constatar directamente la molestia ciudadana en recorridos por comunidades afectadas como El Virrey, Parque Japón, Ciudad Montes, El Nogal, Iberia y ciudadanos residentes en inmediaciones del Canal Córdoba de los sectores Victoria Norte, Mazurén, Santa Helena de Baviera, Colina Campestre y Prado Pinzón, han realizado acciones pacíficas solicitando mesas de concertación para lograr modificar las resoluciones que permiten la talas.

Es obligación de la Administración, que se traslada al contratista de obras, apoyar y hacer parte de acciones que promuevan la participación ciudadana en el proceso. Pero, recogiendo los reclamos ciudadanos, se encuentra que se presentan barreras para la participación efectiva como escoger lugares de reunión alejados de los sitios de residencia, horarios incómodos y entregar información incompleta. Adicionalmente, se presenta incumplimiento de los compromisos adquiridos con las comunidades y negativa al diálogo, llegando al extremo de enviar efectivos del Esmad a disolver reuniones pacíficas.

A la Administración Peñalosa le queda aún un año de ejercicio y es previsible que se presentarán nuevas solicitudes de talas por diversos motivos. Más árboles serán cortados por las naturales emergencias de temporada invernal y el crecimiento de algunos pondrá en riesgo tendidos eléctricos y edificaciones. Pero, sobre todo, surgirán nuevos diseños paisajísticos y obras de difusa necesidad como el sendero cortafuegos. Obra que parte en dos las áreas protegidas de los cerros orientales y significará, según las estimaciones moderadas, abatir unos cinco mil árboles más.

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