Estudios creíbles

16 de marzo del 2015

“En el departamento del Cauca nadie le cree las cifras a nadie.”

Para saber cuánta y qué tipo de tierra hay en manos de comunidades, cuál es el índice de ocupación y de productividad, que terrenos son de protección y cuáles tienen riegos hay que partir de datos que sean confiables para las partes en conflicto.

Sin embargo el problema en el departamento del Cauca es que nadie le cree las cifras a nadie. Las comunidades indígenas dan unos datos sobre tierra y no se las creen los terratenientes, los empresarios dan otras cifras que no las creen los indígenas, los afro meten baza en esto y no tienen ningún dato cierto para probar su propio despojo y el gobierno en cada paro habla de las miles de hectáreas entregadas aunque no aparecen realmente registradas y, por supuesto, los indígenas las desconocen.

Para completar el despelote en esta región algunas comunidades están contra de otras y señalan inequidades en las reparticiones de tierras. Finalmente tampoco hay ninguna credibilidad en las “aéreas protegidas” que nadie protege, así en los mapas de las autoridades ambientales figuren como páramos, nacimientos, zonas de riesgo etc.

En este caos nadie tiene toda la razón, ni el Igac, ni las oficinas de registro, ni el Incoder, ni mucho menos las partes en conflicto. Y cada que se revuelven los ánimos, los respectivos sectores sacan sus estadísticas para legitimar la protesta o la represión.

El Cauca debería tomar esta nueva y repetida crisis como la gran oportunidad para hacer un trabajo serio, creíble y riguroso de inventariar sus tierras con el apoyo de entidades que sean aceptadas y confiables para todos los sectores en esta disputa territorial.

La mesa de negociación con los indígenas, que ahora están nuevamente en modo de “recuperación” de tierras, debería dedicarse no a apagar este incendio y mucho menos apagarlo con gases lacrimógenos, sino a conformar un gran proyecto de agrimensura. Que se determine un plan integral con veeduría internacional y veeduría de las partes interesadas, que lleve a la conformación de una comisión de tierras. A ver si algún día se cuenta con estudios que sirvan de base al desarrollo de la política pública agraria en el departamento del Cauca.

Las soluciones hasta ahora se han quedado en atender tomas de la carretera vía promesas que nunca se cumplen porque no tienen ninguna sostenibilidad. Y a esta oportunidad se le debe sumar el plus de tener un ministro de agricultura caucano, alguien que no puede levantar sospechas de ser “castro chavista” frente a los grandes terratenientes, alguien que quiere y conoce el departamento, alguien que en los paros anteriores demostró capacidad de conciliación, buen talante para aguantar los insultos y una paciencia a prueba de todo.

Estas condiciones, sumadas a las expectativas de un acuerdo de paz, podrían brindar las condiciones para una negociación histórica, no coyuntural. Que se escoja la mejor y más confiable comisión de tierras y se arranque a delimitar que es de quién en este departamento, incluidas las tierras en manos de narcos y aquellas dominadas por la subversión, que muchas veces coinciden, especialmente en el Pacífico Caucano.

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