El éxito: cuestión de actitud

21 de agosto del 2014

“Se atrevieron a soñar, además se enfrentaron al riesgo del fracaso y se aventuraron a competir.”

Por Catalina Ortiz, gerente general de iNNpulsa Colombia

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Lograr cosas que parecían imposibles ha sido la constante en la historia de Ángel Acuña, un empresario santandereano que cuando comenzó en el mundo de los negocios tenía todo en contra. Estando empleado en una fábrica de metalmecánica decidió, sin un peso en el bolsillo, crear Industrias Acuña, su propia compañía. A pesar de arrancar sólo con un pequeño taller de mecánica, dos empleados y maquinaria de segunda siempre tuvo la ambición y determinación de hacer apuestas en grande. Nunca dejó que su escasa educación o falta de dinero le impidiera convertirse en un empresario líder en el sector que hoy repara y fabrica repuestos para las industrias de extracción petrolera y de aceite de palma y que cuenta con invenciones y procesos de patente en marcha.

Lo mismo, podría decirse de la historia de mi padre. Hijo de una maestra de escuela y un carpintero, de Restrepo, un pequeño municipio del Valle del Cauca. De niño, cuando la violencia los obligó a migrar a Cali, él y sus hermanos vendían melcochas y periódicos en las calles. Lo cierto es que, a pesar de que en ese entonces, sin zapatos, podría resultar impensable, mi padre se convirtió en PhD. de la Universidad de California en Berkeley y tiene una maestría de Stanford.

A nivel internacional, un caso que impresiona es el de Singapur. Con una población de cinco millones de personas y un territorio de 710 kilómetros cuadrados -cabe dos veces en el departamento del Quindío-, Singapur ha tenido que buscar, a lo largo de su historia, soluciones innovadoras para aprovechar el poco espacio que dispone, incluido el subsuelo. Esa actitud que no se dejó apabullar por la dificultad, explica parte del éxito de pasar en 40 años, del tercer al primer mundo y a convertirse en uno de los más atractivos centros de negocios de Asia.

Lo que tienen en común estas tres historias es que sus protagonistas vieron más allá de sus limitaciones. Se atrevieron a soñar, pero además se enfrentaron al riesgo del fracaso y se aventuraron a competir. El éxito no llegó de la noche a la mañana, lo consiguieron parándose en la cancha con actitud de ganadores sobreponiéndose a enormes desafíos.

Estos extraordinarios ejemplos de superación vienen a mi mente cada vez que recorro el país, en nuestro trabajo con iNNpulsa en las regiones. Cuando hablamos con empresarios todos exigen, pero unos lo hacen preguntándose: “¿Cómo hacemos juntos para que este sector, o esta empresa compita y crezca?” Lo importante de hablar en plural es que demuestra que estos empresarios emprendedores tienen ambición y están dispuestos a poner de su parte para alcanzar los retos que tenemos. La actitud contrasta con otros que sólo preguntan qué vamos a hacer por ellos, como si el Estado pudiera innovar o emprender por ellos. Solo juntando fuerzas podemos lograr innovar para crecer y competir.

Nadie niega que en Colombia tenemos muchos retos que no se van a  superar solo a punta de “actitud positiva”, pero sin duda una parte importante si es la fuerza, la mentalidad, que como sociedad, integrando empresas, gobiernos, universidades y otras entidades, le metamos a los desafíos que enfrentamos. A diario veo el éxito de los que miran más allá de sus limitaciones, que se articulan y piensan junto con otros actores alrededor de metas ambiciosas, audaces, que parecen imposibles.

A las empresas de este país y a los que trabajamos por la competitividad nos hace falta recordar todo lo que tenemos a nuestro favor y no siempre lo que nos hace falta, con una actitud de que sí se puede y vale la pena intentarlo. Que sea nuestra actitud como nación de talante innovador y emprendedor que determine la altitud a la que podemos llegar.

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