Primer productor de coca y el Gobierno sordo

11 de noviembre del 2015

“El posconflicto que nos espera, el de los campos llenos de coca, marihuana y amapola.”

Los recientes informes de la DEA y del Washington Post sobre los nexos de las Farc con los carteles mexicanos y acerca del posicionamiento de Colombia como primer productor de coca en el mundo, son noticias que ya habíamos advertido en el debate de control político de la Comisión Primera de Cámara hace dos meses.

Allí hablamos sobre el incremento en un 40 por ciento de los cultivos ilícitos en el último año, al pasar de 48.189 hectáreas cultivadas en 2013, a 69.132 en 2014.

Asimismo, alertamos que la mayoría de las 59 Zonas de Reserva Campesina acordadas por las Farc y el Gobierno en los diálogos de Cuba, coinciden con las zonas de cultivos ilícitos y la presencia de esa guerrilla en el territorio nacional.

Del mismo modo, denunciamos la expansión de la minería ilegal en zonas de cultivos ilícitos por parte de los grupos armados ilegales, la presencia de cultivos en algunos resguardos indígenas y el aumento del consumo de drogas en Colombia, entre otros.

Resulta sorprendente que una realidad de perogrullo no sea reconocida por las autoridades colombianas, pero que sí sea evidente ante los ojos de la comunidad internacional, que en apariencia no está al tanto de lo que ocurre en el país.

Es de la mayor gravedad que los cultivos ilícitos en Colombia continúen disparados, que las Farc cínicamente mantengan y profundicen sus negocios ilegales, que se sigan llenado de coca los campos con la anuencia del Gobierno y no pase nada.

En medio de la efervescencia por ‘la paz’, pocos se han puesto a pensar que las Farc se están enriqueciendo aún más, y que gracias al precio histórico que ha tenido el dólar este año, los carteles, incluidos las Farc, tendrán ganancias en 2015 cercanas a los 41 billones de pesos.

No es gratuito que mientras el Gobierno dialoga con la guerrilla, se presente esta situación, pues es claro que tanto la suspensión de los operativos de las Fuerza Militares, como del uso del glifosato, son exigencias de esta guerrilla, peticiones que se están aplicando antes de haberse firmado los acuerdos.

Esto es una demostración más de los efectos negativos de la forma como se vienen llevando los acuerdos con las Farc. Por eso hemos dicho que no estamos en contra de la paz, sino en contra de un proceso que no tenga condiciones, que no se haga bajo las premisas de un cese al fuego unilateral indefinido, de la suspensión de todas las acciones criminales como el asesinato, el secuestro, la extorsión, la instalación de minas antipersona y el reclutamiento de menores de edad.

El narcotráfico y la extorsión, son parte de los delitos silenciosos de la guerrilla, que no son tan visibles y no se registran a diario en los medios de comunicación, con los cuales nos quieren hacer pensar que la llamada tregua unilateral es beneficiosa, siendo una verdad a medias.

Este es el posconflicto que nos espera, el de los campos llenos de coca, marihuana y amapola. El del dominio de las Farc, supuestamente desmovilizadas en las zonas de reserva campesina.

Vemos improbable que las Farc se desvinculen en su totalidad del narcotráfico, mucho menos en seis meses, tiempo en el cual el Gobierno se comprometió a la firma final del proceso de paz.

Santiago Valencia G
Representante a la Cámara
@sanvalgo

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