Poner a Colombia de rodillas

Poner a Colombia de rodillas

31 de agosto del 2016

A quienes les ha dado por repetir, como loros, que es preferible una mala paz a una buena guerra, me permito aclararles, luego de leer los acuerdos de La Habana, que esa mala paz acarreará una mala guerra. En el periódico ABC de España el reconocido escritor de El bumerang Chávez, Emili Blasco, en su artículo dedicado a esos acuerdos, lo expresa de manera categórica: “No es la paz, estúpido, es lo que viene después”. Y la frase “poner a Colombia de rodillas”, con lo que he titulado este artículo, no viene de alguno de los colombianos que nos oponemos a Santos y a sus confabulaciones con Timochenko, no señores, es el polémico periodista español Hermann Tertsch quien lo dice en el mismo ABC.

A falta de un ABC nos correspondería un AEIOU… más sabe un burro que tú… porque en esas caemos si nos atenemos a nuestros empalagosos periódicos dedicados a tapar lo que cualquiera descubre si se pone en la tarea de leer las 297 páginas de los acuerdos malditos, es decir, que a este país se lo llevó el diablo.

Lo que viene después de la firma del acuerdo final con las Farc

Además de que un burro sabe más que cualquiera de los que se empeña en defender lo indefendible de esa claudicación del estado colombiano ante el narcoterrorismo,  haciendo “pedagogía” a la “paz”, no son menos burros que quienes los escuchan. El grabado número 37 de Los Caprichos de Goya, ¿Si sabrá más el discípulo?, podría haber sido inspirado por estos nuevos “maestros” si no fuera porque han existido desde tiempo inmemorial, y con muchos de ellos se debió topar el genio español para dedicarle tan extraordinario aguafuerte. En él un gran burro hace de maestro y le enseña a su alumno borrico la letra A en una gran cartilla.

Quienes inocentemente piensan votar por el SI, muy seguramente, no han pasado de la A de los acuerdos. Los periodistas españoles si completaron el abecedario y la tienen clara: “en Colombia las FARC están a punto de lograr el sueño de Pablo Escobar: comprar Colombia y la voluntad de su pueblo”, dice Hermann Tertsch y remata con estas palabras: “La rendición se escenifica en La Habana, centro del mundo narcopolítico. Terrible es esta claudicación de una orgullosa democracia combativa ante la amenaza del facineroso. Pero peor, propio de las fiebres de nuestro tiempo, son los aplausos que llegan de Obama o Merkel, de la UE, del Papa o la OEA. Son aplausos al crimen triunfante. Los que más ríen, los dos ancianos de La Habana que ven cumplido un empeño de toda la vida que parecía imposible: poner a Colombia de rodillas.”

Porque ante la “claudicación de una orgullosa democracia” que pone a “Colombia de rodillas”, el que les den millones a los bandidos o el que no paguen un día de cárcel es bien poca cosa. Los colombianos se muestran indignados por esas prebendas olvidando, mientras tanto, que desde el “centro del mundo narcopolítico” se burlan de esta partida de borricos en la que nos hemos venido convirtiendo desde que se subió al poder el que es considerado como el más detestado de todos los presidentes de la historia de Colombia.

Y es para que se mueran de la risa quienes desde La Habana deciden nuestro futuro cuando nos cambian de modelo político, nos imponen unos acuerdos supraconstitucionales mientras ven a los colombianos debatir, como los burros de Los caprichos de Goya, si es más conveniente votar por un Si o por un NO.

¿En donde queda el país al que se refiere Hermann Tertsch, la Colombia en la que la democracia aguantó durante décadas convulsas, “con admirable tesón y valentía, con inaudito vigor y con inmenso sufrimiento, la barbarie de unos terroristas que eran jaleados como “guerrilla libertadora” por la izquierda latinoamericana y europea?

No lo se… y me hago esta pregunta al llegar la hora de las definiciones porque esto no tiene marcha atrás.

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