Farc superstar

22 de febrero del 2011

Para empezar a escribir esta historia, e intentar ganarme un espacio entre los lectores de Kien Escribe, quiero dar mi opinión sobre uno de esos personajes que merece ser borrado o al menos transformado del libro de dos mares y tres cordilleras llamado Colombia. Quiero hablar sobre las Farc, pero no sobre la guerrilla comunista, que ya no existe, ni sobre el grupo terrorista, que todos sabemos que encarna, no nada eso. Hoy quiero hablar sobre una nueva faceta de aquel antagonista de la vida colombiana. La detestable e infantil faceta de superestrellas, con madrina abordo, que incluye un show mediático en medio de la más despreciable practica de negociar y chantajear la paz con las víctimas del secuestro, acompañado de unos comunicados risibles de mensajeros que carecen de todo fundamento.

Las Farc no escuchan a nadie, son unas vedetes sordas que creen estar por encima de cualquier cosa (al estilo Paris Hilton pero con armas) y en medio del rechazo mundial siguen cometiendo todo tipo de atrocidades. Ignoran el llamado de un pueblo que ya se volcó a las calles a decirles “no más terrorismo infame”. Y me atrevo a decir que no escuchan a sus propios descendientes. Si es verdad que los hijos de Cano y compañía se pasean por Europa y estudian en prestigiosas universidades, dudo que estén de acuerdo con la idea de sus padres de “luchar por la justicia social” derramando sangre en los montes de Colombia y condenando a miles de jóvenes, soldados y guerrilleros, a una muerte temprana que apaga los sueños e ilusiones de familias completas.

El grupo insurgente y sus múltiples mensajeros rayan en lo infantil. Cuando hablan del Presidente Santos,  se refieren a este como “Chuky Santos”, al mejor estilo del niño rebelde e incompetente que habla mal de su profesor para llamar la atención y ser la estrella del salón. Falta que Rodrigo Granda saque la lengua y se tome una foto para quedar a la altura de un revuelco de niños de preescolar. Claro los de las Farc matan y son tercos, los de preescolar se pueden corregir. Hablan de la paz como si fuera una posibilidad al final del camino, no entienden que es una exigencia del pueblo colombiano como punto de partida para avanzar como país hacia la prosperidad colectiva.

La actitud de superstar, de niño malo y conocido del salón, de vedete que camina sin mirar ni escuchar, se complementa con el madrinazgo sobre el conflicto de la ex senadora Piedad Córdoba. A Piedad no la creo parte del conglomerado Farc EP, pero si le debo refutar su actitud sumisa frente a las ambiciones de la insurgencia. Su obsesión por querer encarnar a Gandhi, con turbante, en los andes y abrazada al comandante Chávez, la ha llevado a ser, de pronto sin querer, una especie de manager nacional e internacional de las Farc  superestrellas. Piedad les ha seguido el juego a las liberaciones a cuenta gotas que han convertido el dolor de las familias de los secuestrados en una especie de resurgimiento político y mediático para el grupo terrorista. Por más rosa que pinte su twitter, y por más encuentros con premios nobel de paz, a la ex senadora Córdoba no se le puede perdonar su papel de reflector que intenta mostrar a las Farc  como amigos de la paz y la libertad que no ha encontrado un gobierno que comprenda su llamado. Carreta y cuento falso el que ha querido vender Piedad a las cámaras. Podrá acomodar las frases de la paz al contexto colombiano, pero eso no cambia el hecho de que las Farc representan hoy en día una un amenaza contra la integridad de los colombianos que debe ser combatida sin tregua. No son más que los representantes de una revolución ficticia, y  a diferencia de lo sucedido con integrantes del M-19, una mesa de negociación con ellos carece de sustento, pues los fusiles y la maldad en la vida Farc hace ratos desplazaron la fuerza y la benevolencia de la batalla de los ideales.

No existe un conflicto civil en Colombia. Existen profundas desigualdades sociales que no se han podido combatir como se quisiera, porque unos criminales con pinta de estrellas han obligado a que el presupuesto de la nación se invierta en gran parte en armamento militar. Los rubros de la salud, la educación, la vivienda, y la infraestructura, se han visto empobrecidos por la necesidad de mitigar la amenaza de carros bomba, cilindros, secuestros, narcotráfico, entre otros métodos de terror promovidos por las Farc. Colombia exige la paz a las Farc  superstar, no es un favor ni un autógrafo en el papel de un acuerdo que el viento se puede llevar. Es un requisito del pueblo colombiano, para perdonar e iniciar un proceso de reinserción y justicia transicional, que permita que las nuevas generaciones reciban un país donde el mayor desafío sea entregar lápices y no fusiles a todos los jóvenes. No más cámaras, queremos acción.

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