Felicidad basada en el engaño

18 de enero del 2016

Tanta plata junta no nos tocaba desde la venta de Panamá

La semana pasada un colombiano residente en Estados Unidos creyó haber ganado la lotería. Tenía los números correctos pero se equivocó de fecha. Por veinte minutos se sintió multimillonario. Me imagino lo que pudo haber sentido. Seguramente alcanzó a soñar con el montón de cosas que iba a hacer, comprar y regalar con todo ese dinero. Claro, la dicha le duró poco, como pompa de jabón se reventó el júbilo cuando se dio cuenta de su auto engaño.

No podemos dudar que sus sentimientos fueron verdaderos: cuando se sintió pleno de felicidad por ser multimillonario y cuando se sintió infeliz al tener que enfrentar la realidad, volver a ser un extranjero desempleado. Sólo que el primer sentimiento fue efímero y el segundo durará un poco más.

Más o menos  lo mismo es lo que estoy sintiendo con los millones de millones que dicen nos toca a los colombianos por la venta de Isagen. ¡Somos millonarios, wow! ¡Podremos hacer carreteras, Upaaa!. Con los recursos que produzcan los préstamos  a los  contratistas del estado, el presidente nos promete un país má rico, con más empleo, menos inflación y más felicidad si cabe, ya que hoy somos una de las naciones más felices del planeta. ¡Buenísimo!

Esos cuentos están como el engaño de la lotería, fantásticos, pero efímeros. Lo que pasa es que nos ponen en modo soñador y con tendencia a la felicidad. Tanta plata junta no nos tocaba desde la venta de Panamá.

Siguiendo el ejemplo del “ganador” de la lotería, he decidido soñar, sabiendo de antemano que en algún momento voy a caer en la dura realidad. No solo Juanpa tiene derecho al autoengaño, esa plata también es mía y puedo, en los veinte minutos que me dure la dicha, hacer mi lista de compras y regalos con los recursos de la “puja” de Isagen.

Lo primero que se me ocurre, en vez de las pomposas carreteras de cuarta generación, es hacer por lo menos una trocha de primera generación para conectar el litoral Pacífico con Quibdó y mejorar la trocha de Quibdó a Medellín. También haría una carretera de Popayán a Guapi y de Pereira a Tribugá, así esta costa olvidada podría por fin hacer parte real de Colombia.

De la misma manera, al otro lado del país,  hacen falta unas cuantas vías, como de Villavo a Puerto Carreño y e San José de Guaviare a Mitú, además habría que mejorar las conexiones existentes de Mocoa a Pasto, de Florencia a Neiva y de Neiva a Popayán.

Reconozco que ninguna de estas vías califica como 4G, porque ni en sueños las tienen en cuenta dentro de las fastuosas promesas de  modernidad vial,  pero también es verdad que sería un sueño si algún día, algún mandatario se decide a realizarlas. Por ahora sólo en mi ilusión onírica cabe la loca idea de que el Vicepresidente Vargas Lleras las incluya en el plan que va a financiar con la platica de Isagen.

¿Qué tal si cada persona de esta Colombia feliz, hace su lista de falsas expectativas por si se ganara el baloto, o la lotería gringa o simplemente la dejaran decidir sobre lo que nos corresponde de Isagen? Seguramente al caer en cuenta de nuestra equivocación veríamos que no ganamos nada, que esa platica no es nuestra y que nos quedamos sin el pan y sin el queso, como ese pobre compatriota que se creyó millonario por un ratico.

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