Fiesta con la nevera vacía

30 de enero del 2019

Opinión de Julián Capera

Fiesta con la nevera vacía

El anuncio del presidente Iván Duque sobre la candidatura de Colombia para organizar el Mundial de fútbol femenino en 2023 sorprendió, y con toda razón, al mundo del fútbol en Colombia.

Es cuando menos curioso que un país que se ha tomado con tan poca seriedad el fútbol femenino pretenda ahora albergar la máxima cita de esta disciplina a nivel mundial. Desde su nacimiento hace un par de años, este certamen ha dejado en evidencia una y otra vez a los dirigentes de nuestro fútbol: casi siempre muy locuaces para defender con sus palabras la necesidad de apoyar esta iniciativa, pero mucho más lentos para tomar acciones reales en la misma dirección de sus discursos.

El fútbol femenino no es una prioridad para la mayoría de clubes en Colombia. Tampoco lo es para el Estado. Es un requisito, algo con lo que hay que cumplir. Una piedra en el zapato. Se hace pero de mala gana. Ni siquiera los grandes resultados, conseguidos con las uñas han logrado despertar un verdadero compromiso.

El país que tiene al equipo campeón de la Copa Libertadores no le mete la ficha a un torneo local decente. A las deportistas todo les toca pelearlo, reclamarlo, alegarlo. Pasan por complicadas, por inconformes, pero solo estas batallas que hace rato vienen dando, les han permitido ir mejorando, de a muy poco, sus condiciones.

Curioso también la manera como se comunicó la noticia, desde la presidencia y sin mención alguna a la Federación Colombiana de Fútbol. Duque contó que se reunió con Gianni Infantino, el presidente de la FIFA, para comunicarle su intención de acoger este torneo, y dijo que trabajará de la mano con la vicepresidencia y Coldeportes para sacarlo adelante. Ninguna mención a la Federación. Raro.

Dos días después, Ramón Jesurún, presidente de la FCF, dijo en LA FM que lo de Duque era más bien un respaldo a una propuesta anterior que ellos habían hecho a la FIFA. Términos muy distintos a como el Presidente, que no se acordó de él en su discurso, presentó todo. Raro.

Por supuesto que un evento de tal magnitud puede representar cosas muy buenas para el país. Ya se demostró en el Mundial juvenil de 2011. Sin embargo, primero tendríamos que organizar la casa. No es justo que a las futbolistas profesionales se les incumpla constantemente y que ahora todas las fuerzas y los recursos los enfoquemos en hacer un Mundial. Es como invitar a una fiesta a los vecinos, teniendo la nevera vacía y a los hijos aguantando hambre. Ojalá podamos hacer todo: la Liga y el Mundial, la fiesta y la cena para la casa.

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