Trifulca

15 de septiembre del 2013

El Consejo de Estado el año pasado dijo que la Contraloría podía investigar a magistrados del Consejo Superior de la Judicatura. La Contraloría hace unos meses inició un proceso contra el fiscal Montealegre por demoras en entrega de información sobre la gestión económica de su entidad. El Fiscal General interpone tutela contra la investigación de […]

El Consejo de Estado el año pasado dijo que la Contraloría podía investigar a magistrados del Consejo Superior de la Judicatura. La Contraloría hace unos meses inició un proceso contra el fiscal Montealegre por demoras en entrega de información sobre la gestión económica de su entidad.

El Fiscal General interpone tutela contra la investigación de la Contraloría a tres magistrados de la Judicatura. La Fiscalía allana dos veces la Contraloría para investigar sobrecostos en el arriendo del edificio por 30.000 millones de pesos al año, y si ese organismo intercepta comunicaciones. El vicefiscal investiga a la viceprocuradora por haber archivado el proceso disciplinario contra la secretaria de la Judicatura en el caso del carrusel de pensiones. El Fiscal le dice a la Comisión de Acusaciones del Congreso que al cerrar el caso contra los magistrados de la Judicatura actúa contra las evidencias.

Aunque dos órganos lucen persuadidos de que el desfalco existe, frenar las investigaciones de la Contraloría permite que, por ahora, los caballos del carrusel sigan galopando.

El Fiscal coincide con el gobierno, con frecuencia.  Así lo hizo en la defensa del marco jurídico para las Farc y controvierte al Procurador General con asiduidad.

¿Qué está pasando? ¿Son confrontaciones personales o institucionales, o una mixtura? ¿Son convenientes o inconvenientes estas reyertas? ¿La trifulca es producto de un arreglo o de un desarreglo institucional?

La respuesta lugar común es una generalización consistente en afirmar que antes de la entrada en vigencia de la Constitución de 1991 no se veían choques de trenes. Es decir, que antes todo era armonía y eficacia. Tal vez armonía sí, porque no existía la misma independencia entre ramas y órganos. Tal vez armonía sí, pero solo dentro de las cúpulas del Estado, porque se actuaba básicamente de acuerdo con la voluntad y el parecer del Presidente de la República.

Pero no tanta armonía entre el Estado y la sociedad porque la ciudadanía no veía reflejados dentro del Estado sus distintos intereses, derechos, posiciones y controversias. Con la Constitución de 1991 el Estado ganó en democracia. Ahora sí se ven frenos y contrapesos. Claro, como antes no existían este tipo de diferencias y discusiones públicas, fácilmente nos escandalizamos y confundimos la deliberación con la falta de armonía. Era como en aquellas  familias pletóricas de armonía en las que no se puede discutir nada.

Como en una buena discusión, tampoco se puede caer en las generalizaciones porque en unos de los casos de la trifulca reciente, la disputa no está animada por el interés general, ni tiene soporte jurídico, ni pretende eficacia y, ahí sí, pueden ganar los tramposos.

Un sociedad más democrática exige y construye un Estado más deliberante pero también más eficiente y eficaz.

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