Fraternidad entre dos pueblos

15 de julio del 2019

Opinión de Carlos Salas Silva

Ser o no ser uribista Opinión de Carlos Salas

En memoria de Antonio Nicolás Briceño Braun

En las dos últimas décadas, los lazos de hermandad entre el pueblo venezolano y el colombiano se han fortalecido. La desgracia caída sobre Venezuela y al acecho sobre Colombia, ha propiciado este encuentro solidario, un tanto descuidado en el pasado. La manera como nos vemos ahora ha hecho que nos reconozcamos como verdaderos hermanos.

Desde hace unos años los colombianos estamos tan pendientes de lo que ocurre en Caracas como en Bogotá y a veces más. Sabemos del inmenso sufrimiento que se vive en Venezuela y sentimos hervir nuestra sangre cuando conocemos nuevos atropellos cometidos por la banda criminal que desde hace dos décadas se tomó ese país tan extraordinario, lleno de riquezas, de una gente maravillosa con todas las perspectivas de un futuro resplandeciente que fue frustrado, arrastrado al fango por el afán de Castro de convertir a América Latina en una cloaca comunista, como hizo con Cuba. Contaba con la complicidad de malandrines que alcanzaron la presidencia de los países latinoamericanos siguiendo las directrices del Foro de Sao Paulo, entre los que se encuentran corruptos con aires dictatoriales como Lula, Correa, Ortega, Evo, Kirchner, Santos, Chávez y Maduro.

Hay poderosos vientos de cambio con la caída de algunos de esos bandidos y se empieza a perfilar una nueva política en la región. Duque remplazó al corrupto traidor Santos y Guaidó es considerado como presidente interino de Venezuela por más de cincuenta países. Aunque el panorama no se ha aclarado del todo, poco a poco comenzamos a ver una luz en el horizonte. Es tan dramática la situación a la que han llevado estos desgraciados a nuestros países que ni siquiera en Colombia, habiendo llevado a la Casa de Nariño a un opositor del socialismo del siglo XXI, podemos respirar tranquilos. Qué decir de Venezuela cuando el usurpador Maduro sigue descaradamente en Miraflores…

Un amigo me recordó que en la historia política un año no es nada. Aunque la impaciencia nos invada tenemos que seguir manteniendo la confianza en los jóvenes presidentes de Colombia y Venezuela y otorgarles un tiempo prudencial teniendo en cuenta la capacidad de maldad del enemigo. Duque y Guaidó están combatiendo un monstruo de mil cabezas, el mismo que asola a Venezuela tiene a Colombia en sus garras, lo único que le falta es la toma definitiva del poder.

Los pasos hacía la libertad de nuestros hermanos venezolanos no tienen marcha atrás y los colombianos mantendremos la solidaridad hasta el fin, sabiendo que nuestra recompensa no es otra que la de ver liberada a la patria hermana.

Reconstruiremos a Venezuela y Colombia. El reto que tenemos por delante lo asumiremos en toda su magnitud manteniendo los lazos solidarios generados en estos años de lucha.

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