Furia: la tiranía del vandalismo y la política

24 de octubre del 2019

Por: Diego Molano.

Furia: la tiranía del vandalismo y la política

Las últimas semanas el mundo ha visto con asombro el estallido de protestas violentas en distintas partes de Latinoamérica y Europa. Vehículos y edificios en llamas, enfrentamientos entre policías y manifestantes, furia y represión, son apenas algunas de las imágenes que han llenado los titulares de prensa de la mayoría de los diarios y noticieros del mundo.

En Barcelona los independentistas se volcaron a las calles para protestar por la condena de entre 9 y 13 años a diferentes líderes catalanes que fueron protagonistas de la fallida declaración de independencia de 2017 y a la fecha han dejado casi 600 heridos, pérdidas por más de 2.7 millones de euros en daños materiales y 199 detenidos. En Ecuador el presidente Lenin Moreno se vio forzado a derogar el decreto que establecía medidas de austeridad como la eliminación de subsidios a los combustibles que llevaban cuatro décadas vigentes, tras 12 días de protestas que dejaron ocho muertos, 1.340 heridos, casi 300 detenidos y pérdidas económicas de cerca de 260 millones de dólares. En Chile el detonante de las protestas fue el alza del equivalente a 100 pesos colombianos en el tiquete del metro y la cual ha dejado 15 muertos, saqueos en múltiples comercios, edificios incendiados y daños en infraestructura de transporte clave como el metro de Santiago cuyas pérdidas ascienden a 300 millones de dólares y su recuperación tardará meses. En Bolivia se avizora también el estallido de brotes de violencia tras el presunto fraude electoral cometido por Evo Morales el fin de semana pasado y en el cual multitudes enardecidas han destruido la estatua de Hugo Chávez e incendiado edificios del poder electoral en el país.

Al tenor de estos brotes de protestas, de vandalismo y de violencia, Colombia ha salido relativamente bien librada ya que, si bien delincuentes han infiltrado las protestas estudiantiles ocasionando daño a edificaciones, comercios y buses de Transmilenio, el gobierno ha logrado concertar con los inconformes de forma tal que las protestas no han tenido desenlaces fatales como en los de los países vecinos.

La realidad está demostrando lo difícil que se ha vuelto ejercer el gobierno en pleno siglo XXI y generar consensos y acuerdos entre los diferentes actores sociales que permitan construir proyectos políticos y nacionales sostenibles. La democracia representativa tiene reglas claras en la cual se eligen gobernantes quienes deben representar los intereses de la ciudadanía, la llamada voluntad general, para así obtener el desarrollo y la felicidad social.

Sin embargo, cada vez menos los ciudadanos se involucran en política tal y como se desprende de los altos índices de abstención electoral en algunos de los países señalados, como es el caso de Chile en donde apenas votaron por presidente el 46% de los habilitados y en Colombia donde el 47% se abstuvo de elegir al Jefe de Estado en 2018. En otros casos no existe la voluntad de llegar a acuerdos para conformar gobierno como en el caso de España en donde se tendrán que repetir las elecciones el próximo 10 de noviembre.

Por lo anterior no resulta inaudito entender la desconexión existente entre los gobernantes y una parte importante de los gobernados quienes frente al malestar social ocasionado por el alza de impuestos, la ausencia de políticas económicas que propendan por el crecimiento económico y la reducción de la desigualdad, la falta de protección efectiva a las poblaciones más vulnerables así como el crecimiento de una clase media emergente que no se siente representada, no concurren a los mecanismos y cauces democráticos establecidos como lo son los parlamentos o corporaciones públicas sino a la calle en dónde los violentos infiltran las protestas generando pánico y zozobra en la población y obligando la adopción o derogación de medidas mediante el uso de la fuerza haciendo que impere la tiranía del vandalismo por encima de los cauces democráticos.

Para enfrentar con éxito la tiranía del vandalismo se necesita más política y democracia, ejercicio de la autoridad y mayor atención a los problemas sociales para interpretar correctamente los procesos históricos recientes.

Más política y democracia para fortalecer los canales de representación popular de forma tal que se generen diálogos efectivos entre los gobernantes y los gobernados que permitan que se generen consensos sobre cómo enfrentar los problemas que más afectan a la sociedad.

Mayor ejercicio de la autoridad para que no haya infiltración del vandalismo en la protesta social y se castiguen ejemplarmente los desmanes y la violencia a la vez que se garantice efectivamente la protección de los bienes, honra y vida de todos los ciudadanos, de quienes protestan y de quienes no lo hacen. Los Estados no pueden permitir que ocurra lo que pasó en México la semana anterior que tras la captura de uno de los hijos del Chapo los narcotraficantes generaron tal caos en la capital de Sinaloa que las autoridades se vieron forzadas a liberarlo para evitar los desmanes.

Sólo con políticas sociales efectivas, con el fortalecimiento de los cauces democráticos como mecanismos para la solución de los problemas comunes y el ejercicio de la autoridad las democracias latinoamericanas podrán salvarse de la tiranía del vandalismo.

CODA. No hay que descartar la intervención del socialismo del siglo XXI en los desmanes evidenciados en las últimas semanas en Latinoamérica. Si bien no creo que estos sean los causantes, si son catalizadores de la violencia en búsqueda de la desestabilización de la región tal y como queda claro en las declaraciones de Maduro, Cabello y los trinos de Petro de la semana pasada. ¡Cuidado democracias!

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