El general y la paz

7 de julio del 2017

El General Óscar Naranjo fue un fiel defensor de la negociación desde el momento de sus inicios, formó parte integral del equipo negociador del presidente Santos en La Habana

Columnista invitado

Tengo el convencimiento que el país todavía no conoce la dimensión profunda del pensamiento social que acompaña al general (r) Óscar Naranjo, vicepresidente de Colombia, quien afortunadamente, para las mujeres y los hombres de buena voluntad, vino acompañar al Presidente Santos en la titánica tarea de llevar a puerto seguro los esfuerzos que venimos haciendo en beneficio de la Paz y la construcción de un nuevo proyecto de nación, marcado por el cumplimiento sagrado a los compromisos sociales.

El General Óscar Naranjo fue un fiel defensor de la negociación desde el momento de sus inicios, formó parte integral del equipo negociador del Presidente Santos, quien siempre lo consideró un hombre de toda su confianza, él ha sabido responder con una lealtad a toda prueba. Me parece importante y pedagógico el excelente reportaje que le hizo el periodista Yamid Amat, publicado en el diario El Tiempo el pasado domingo 2 de julio, que muestra una dimensión académica y sensible del general expresado, en varios tópicos:

Los años de la negociación marcaron un desescalamiento fuerte del conflicto, una disminución aceleradísima de la violencia, antes de la firma del acuerdo, en noviembre del año pasado ya se registraba la tasa más baja de los últimos 37 años en homicidios, ahora se registran los índices más bajos en 40 años. El secuestro, que a finales de los años 90 llegó a ser de 3.800 personas, se fue desvaneciendo. Mientras fui director de la policía asesinaban un policía cada 36 horas.

La decisión de las Farc de dejar las armas en manos de la ONU con marcada lucidez, hace realidad un sueño de todo aquel que siente la patria, sentimiento que se dimensiona al recordar los 260.000 muertos que dejó el conflicto durante 53 años, en 8 millones de víctimas de la guerra. ¡Siquiera terminó esta tragedia! afirma. “El 27 de junio de 2017, nuestra historia se partió en dos: Una historia llena de muerte y dolor que quedó atrás, ahora comienza una historia llena de esperanzas”.

La oposición no ha comprendido la dimensión de los acuerdos logrados en la negociación con la fuerza insurgente Farc, los que le brindan al país la oportunidad de actualizar las estructura social del campo reclamado durante muchas décadas, al que el Estado y la sociedad nunca habían respondido de manera efectiva. No duda en resaltar sus egos enfermizos, sus vanidades patológicas y la codicia desmesurada ante la propiedad que ostentan del agro. Expresa el dolor que siente por el abandono del campo en general y del campesinado en particular, el que le llega a su alma profunda.

Se expresa en términos respetuosos, pero serios y concretos, sobre los grupos que critican y tildan de imperfectos los acuerdos y dicen que no significan Paz, “A ellos, yo lo que les digo: ¿Dónde estaban cuando se producían al año 350 policías asesinados? “yo francamente, no los vi acompañándome en las exequias de mis policías en esos años de guerra que ya pasaron…” “Donde estaban ellos cuando en el año de 2016, por ejemplo, se producían 1.300 víctimas fatales por minas antipersona. Honestamente, no entiendo por qué la rabia”…, que les cause más dolor los acuerdos de paz, que los muertos de la guerra.

Comparto con el general la visión anterior, dado que quizás, desde hace muchos años no habíamos visto el accionar sistemático de una oposición política tan inconsciente y carente de sentido patrio, como la que hace en la actualidad el Centro Democrático, tratando por todos los medios, legales e ilegales, de llevar al fracaso y “volver trizas” los esperanzadores Acuerdos de Paz firmados entre el Gobierno Nacional y la organización guerrillera FARC-EP.

He conversado con unos dirigentes sociales alternativos quienes son mis amigos hace muchos años, desde el tiempo en que nos unió la idea de construir un mejor y justo país para todos. Coinciden conmigo en la apreciación sobre el Vicepresidente General Naranjo, como una persona decente, que tiene la capacidad de escuchar a la gente, que ha estudiado la compleja historia colombiana, entiende que llegó el momento de cancelar una deuda inmensa que el Estado acumuló con el agro colombiano, se identifica con el compromisos de entregar los 3 millones de hectáreas de tierra a esas familias que las esperan ansiosas para a salir de la miseria.

Con cuanta autoridad habla el General Naranjo. Que profunda sinceridad reflejan sus juiciosos análisis cuando expresa el dolor que quedó en su corazón por estos años de violencia salvaje, que tornó “inviable” nuestro país en un dramático momento, además atizado por la visión guerreristas de Uribe, quien nos puso al borde de una guerra fratricida con países hermanos como Ecuador y Venezuela.

Quiero recomendarles la lectura del reportaje aparecido en El Tiempo, el domingo 2 de julio, bajo el título de:” EL CD (CENTRO DEMOCRÁTICO) DESINFORMA Y, EN ALGUNOS CASOS MIENTE: NARANJO”. Permite entender como los enemigos de la Paz no tienen ningún respaldo histórico, ni verdadero.
NOTA PERIODÍSTICA. Quiero expresar mi profunda solidaridad y admiración al gran amigo y compañero de ideas sociales Doctor Carlos Lozano Guillen, Director del Periódico Voz, quien libra una verdadera batalla contra el cáncer desde hace algunos meses. Me acompaña la íntima convicción que pronto superará sus limitaciones físicas y volveremos a tenerlo en la palestra política con toda la fuerza y energía que reclaman los complejos momentos que vivimos. Conozco hace muchos años a Carlitos Lozano Guillen. Se dé su profundo sentimiento de compromiso por la Paz de Colombia. Me acompañó en forma sistemática todo el tiempo en que impulsamos ese primer esfuerzo académico llamado “Programa Pedagogía de Paz” en la Universidad Pedagógica Nacional. Junto al Ex. Procurador General de la Nación Jaime Bernal Cuellar, participó en el lanzamiento de nuestro libro “Convivencia y Globalización. Aportes a la Paz” que hicimos en la Fundación Santillana en los años de 2002. Hoy más que nunca, la nación colombiana requiere de sus equilibrados y sabios planteamientos. ¡Fe y fuerza compañero del alma, saldremos adelante!

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