Génesis de la Independencia

16 de junio del 2011

14 de mayo de 1810

Si no cumples la palabra empeñada te vas. Hace 201 años le pasó al gobernador Francisco de Montes, 22 días después que los 12 cabildantes, “blancos de la Tierra”,  liderados por el quiteño Antonio  de Villavicencio, comisionado regio,  restringieron  su poder dictatorial imponiéndole la obligación de gobernar en Triunvirato con el Cabildo. Aceptó, firmó, no cumplió, fue depuesto y, en un día como hoy, con júbilo general lo expulsaron de Cartagena de Indias.

Antes del 20 de julio el representante del monarca, despótico y despreciado, “blanco de Castilla”,  encajó la primera reacción autonomista de la Nueva Granada. Los súbditos criollos ricos de ultramar, reconociéndose de igual madre, se apropiaron del derecho de conformar Juntas de Gobierno, replicando lo sucedido cuando los nacionalistas desconocieron la Junta Central y en Cádiz organizaron el consejo de Regencia, imbuidos de vocación reformista.

Fue el primer campanazo  ante el  vacío de poder generado por la invasión napoleónica, el hastío y desesperación frente a la crueldad y la injusticia, el acumulado repudio a la imposición de restricciones a la producción y el comercio, el racismo extremo y la grave situación social en una provincia de algo más de 118.387 habitantes, compuesta por 63% de seres libres, 16,4%  indígenas, 11,8% blancos y  8,1% negros esclavizados. (censo de 1778)

Los vientos de cambio soplaban y al llegar al puerto arrasaban con el inmovilismo de la sociedad colonial.  En los barcos además de anís de mono, curas y mercaderías llegaba información e ideas y entre los aproximados 7.000 libres, el pueblo multicolor, muchos, como sucedía con los 5.000 blancos,  sabían leer y pensar. El deseo de libertad y sus imaginados beneficios asomaba como pasión y sentimiento social  fortaleciendo la voluntad  autonómica de la élite gobernante y la de quienes vivían más allá de la boca del puente.

La omnipresencia de los reyes y el absolutismo estaba en crisis. El ejemplo y los textos de la independencia de Estados Unidos, el guillotinazo de Luis XVI (1793), el siglo de las luces, las ideas y necesidad de libertad y soberanía popular,  “el Suarismo”, inculcado por los jesuitas, influyeron en líderes y pensadores que nacieron en ese siglo, dinamizando tertulias, desafíos y conspiraciones.  El conflicto de intereses era inevitable, afloró identificando: afrancesados, monárquicos, autonomistas, independentistas, antiesclavistas, ricos y pobres.

Si bien el autogobierno y no perder el situado fiscal primarán en  la visión temprana de la junta,  con  el rey preso, el malestar social, la exigencia popular de espacio y los límites políticos, se  romperá el monolitismo.  Antonio de Villavicencio  señaló los retos a afrontar: “generar cambios para la felicidad de estos dominios cuyos fieles y leales vasallos son dignos de mejor suerte en todos los sentidos” (…) poner un alto a la “miseria, arbitrariedad y despotismo, causa del descontento”. Además, fijando como  “causa del atraso y pobreza  la falta educación y conocimiento de las ciencias naturales y exactas” le mostró a los criollos la ruta: se requiere –afirmó- una reforma educativa, desmontar gravámenes excesivos, invertir para mejorar las comunicaciones, frenar la dureza y rapacidad de los agentes del gobierno, Justicia. Hace 201 años dimos el primer paso buscando independencia, seguimos caminando.

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