Gobernar es decidir

10 de agosto del 2012

Pierre Mendès-France, Presidente de Consejo de Francia en los años cincuenta, definió de manera magistral la labor del gobernante. Tomar decisiones, fijar posturas es la esencia del que asume la función de gobernar a un país. Un estadista no se define por los problemas que archiva sino por los que enfrenta. La política, cuando se […]

Pierre Mendès-France, Presidente de Consejo de Francia en los años cincuenta, definió de manera magistral la labor del gobernante. Tomar decisiones, fijar posturas es la esencia del que asume la función de gobernar a un país. Un estadista no se define por los problemas que archiva sino por los que enfrenta. La política, cuando se ejerce desde el  gobierno, es entonces una labor que implica estar siempre dispuesto a enfrentar las dificultades y no a evitarlas.

El capital político es para gastárselo dicen los políticos que lo único que quieren es proteger su imagen. Nada es más triste que tener margen de gobernabilidad y desperdiciarlo por el miedo a las encuestas de opinión. Es lo que nos está sucediendo en Colombia. Con 9 millones de votos a favor y 92 por ciento del Congreso respaldándolo, el gobierno actual ha decidido torear de lejos los problemas en lugar de enfrentarlos. Los ejemplos de esta actitud son numerosos. El primero y más evidente es la fallida reforma a la Justicia. Se buscó un consenso, que es la mejor manera de no comprometerse a fondo, y luego de este ejercicio simbólico el fracaso fue estruendoso. Como resultado se presentó un texto flojo e insulso, que fue deformándose con el apetito desmedido de los parlamentarios y los jueces. En lugar de emprender la reforma estructural que el país reclama a gritos se obtuvo un monstruo que puso en peligro la institucionalidad.

En educación sucedió algo similar. La prioridad nacional es mejorar la calidad educativa, una de las falencias más graves de nuestra sociedad. Pero más sensible a las voces de protesta de los revoltosos en la calle que a las necesidades nacionales, se archivó el proyecto sin discutirlo y se nombró una imposible mesa de diálogo que no irá a ninguna parte. Se hizo lo fácil que es decretar la gratuidad, que es sólo  un asunto presupuestal. El reto de la calidad, que requiere una inversión de mediano plazo en mejorar las competencias de los maestros y modificar los sistemas de evaluación, quedó archivado en el olvido.

Y otros ejemplos ilustran este desdén por los riesgos políticos. Hay que modernizar el código laboral que tiene más de tres décadas, es obsoleto y uno de los mayores frenos a la creación de empleos. Sobre este tema silencio sepulcral porque el gobierno le tiene miedo a los sindicatos. Hay que modificar el régimen pensional, que es una bomba de tiempo demográfica, pero ello no le gustaría a los empleados y entonces ignoramos el tic-tic del artefacto. La reforma tributaria, que debería restringir las exenciones, nació muerta pues no queremos molestar a los grandes capitales. El tercer, cuarto y quinto canal de televisión necesarios para ampliar la oferta y reducir los oligopolios se sepulta pues no queremos generar ansiedad en los medios en período pre-electoral.

Gobernar no es una opción que tenga el gobierno. Es su obligación pues para ello fue elegido. El mandato no fue otorgado para que capoteara de lejos las dificultades cuidando el traje de luces que le tejen los medios amigos. La gloria en el ruedo se obtiene arrimándose a los problemas y corriendo riesgos. Gobernar es decidir.

representante@miguelgomezmartinez.com

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