El gobierno de los dioses

29 de enero del 2019

Opinión de Miguel Gómez

Farc

Los griegos, que formularon el ideal democrático, consideraban que si existiese un pueblo de dioses se gobernaría democráticamente. En el fondo eran conscientes que la democracia es un modelo político que requiere una serie de condiciones difíciles de lograr. La ciudad-estado ateniense era un territorio pequeño, con poca población donde sólo la minoría de ciudadanos (lo que excluía a los esclavos, los extranjeros y las mujeres) tenía posibilidades de ejercer y participar en la vida pública.

En un libro clásico, “Historia de la Teoría Política”, escrito por Georges Sabine, se describe la decadencia de la ciudad-estado y del concepto ateniense de la democracia cuando el ciudadano separa la esfera pública de la privada y considera más importante proteger sus intereses particulares que los colectivos. Esto sucede en el siglo IV antes de crisis en medio de las amenazas de los persas, el surgimiento de Macedonia como potencia y la consolidación de Alejandro Magno como figura indiscutible de la Antigüedad.

La idea de que la democracia requiere un ciudadano virtuoso, es un concepto que hemos desconocido en los tiempos modernos en los que la noción democrática se ha extendido y consolidado como la única forma ética de gobierno. Olvidamos lo que los griegos ya sabían. No todas las culturas ni todos los pueblos están preparados para gobernarse democráticamente. Esto resulta evidente cuando, por ejemplo, se ha intentado forzar el concepto democrático en regiones de África o Asia donde es extraño y requiere un período largo de adaptación a las condiciones históricas, culturales o religiosas imperantes. Creer que Afganistán, Libia o Sudán pueden, por voluntad de Naciones Unidas, improvisar un modelo democrático es olvidar las lecciones de la historia y las profundas reflexiones de los griegos.

La existencia de amplias diferencias sociales, la ausencia de estados legítimos, la proliferación de esquemas de corrupción o el recurso a la violencia, son elementos que no coinciden propiamente con pueblos virtuosos. Estamos describiendo a muchas sociedades latinoamericanas que se dicen democráticas, pero que no lo son en la práctica.

Cuando se observan fenómenos como el Brexit, la polarización actual de la sociedad estadounidense, el separatismo catalán o los movimientos racistas en Europa occidental, es válido interrogarse si las condiciones para hacer viable los esquemas democráticos no están fallando también en las naciones más avanzadas y educadas.

Los griegos la tenían clara. Nosotros no tanto.

* Los comentarios, textos, investigaciones, reportajes, escritos y demás productos de los columnistas y colaboradores de Kienyke.com, no comprometen ni vinculan bajo ninguna responsabilidad a la sociedad comercial controlante del medio de comunicación, ni a su editor, toda vez que en el libre desarrollo de su profesión, pueden tener opiniones que no necesariamente están acorde a la política y posición del portal.

Ver comentarios
KONTINÚA LEYENDO