Good Bye Lenin

Good Bye Lenin

3 de diciembre del 2018

Los insoportables ladridos de un perro me despertaron en la mañana. Eran particularmente molestos por lo insistentes, ruidosos y sin ningún ritmo como si lo tienen el cacareo de un gallo o el croar de una rana. La única manera que vi a la mano para hacerlo soportable fue la de tomar mi celular y colocar música. Puse lo primero que apareció por azar: Good Bye Lenin.

Sin tener presente de qué se trataba, de todas maneras me pareció familiar el sonido del piano y, mientras hacía mis ejercicios matutinos, notaba que opacaban casi totalmente los persistentes ladridos. Las pausas las llenaban esa “voz de tarro” del perro al que imaginé poco amistoso. Me dije:

-Qué bien… la armonía supera los ladridos.

Inmediatamente me vino a la cabeza la imagen de un tipo que ha ocupado mucha prensa en estos días quien se caracteriza por ladrar y ladrar… y surgió la siguiente asociación:

Un gobierno como el de Duque se construye a partir de la armonía. Una oposición como la de Petro y sus camaradas está para hacer ruido y desesperar al auditorio.

No podía ser más clara para mí esa feliz comparación que surgió espontáneamente sin mayor esfuerzo mental.

(…)

-¿Y de Good Bye Lenin qué?, me dije.

A consultar por Internet…

Pero claro ¿cómo pude olvidarlo? Es una película y su banda sonora fue la que escuché.

La película tiene un argumento entre trágico y cómico: En la Alemania del Este una señora, militante del Partido Comunista, cae en coma durante unos meses. En ese intervalo las cosas cambian, el muro de Berlín es demolido, se unen las Alemanias y desaparece el comunismo. El médico que la trata les solicita a los hijos que no la alteren con nada o si no vendría una grave recaída. Así que le ocultan lo que ha venido aconteciendo… suficiente para querer ver la película ¿Cierto?

-¿Y del juego de asociaciones qué?, me dije.

Muy sencillo, pensé, Petro es una especie de Lenin al estilo Socialismo Siglo XXI como Maduro es una especie de Stalin. Y el asunto es que hace décadas Europa le dijo adiós a Lenin y en América Latina no hemos sabido decirles “chao” a sus epígonos caricaturescos.

A los seguidores del Lenin y del Stalin bolivarianos les han ocultado que el comunismo hace rato murió. Entiéndanlo por favor: MURIÓ y cualquier cosa que nos quieran imponer es un cadáver que, como dice Svetlana Alexiévich, “está vivo” pero cadáver al fin de cuentas.

Para suerte de los colombianos y por la voluntad de Dios no caímos en las garras de ese cadáver. Si no hubiéramos ganado con Duque estaríamos en una grave situación de la que no saldríamos en décadas como le pasa a la sufrida Venezuela.

Cada vez que me acuerdo que tenemos de presidente a Duque y no a Petro le doy gracias a Uribe y cada vez que me acuerdo del tal video le doy gracias a Paloma.

Con esa caída de Petro podemos ¡por fin! decir:

“Good bye Lenin”.

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