Green Moon Festival – 30 años

Green Moon Festival – 30 años

20 de enero del 2017

En 1988, trabajaba para el noticiero 7 Días en el mundo. En esa oportunidad me enviaron a San Andrés para cubrir el naciente Festival de la Luna Verde. Era el segundo que se realizaba organizado por un grupo de gestores culturales del archipiélago, apoyado por el entonces intendente Simón González. La experiencia fue única. Entre los eventos culturales que se desarrollan alrededor de la música, hubo una muestra de comidas típicas como preparaciones del fruto de pan, el clásico crab soup (sopa de cangrejo), entre muchos otros. Recuerdo con especial afecto la presentación del grupo de danzas de Old Providence con sus trajes de la era colonial y bailando los ritmos europeos con toda la sangre caribeña hirviendo en las coreografías, los eventos deportivos y por supuesto, la música con grupos locales e invitados de otras islas del Caribe.

Para mí, fue toda una gran revelación, donde en muy pocos días alcancé a aprender sobre nuestro territorio marino y enamorarme de San Andrés. Descubrir una cultura que va muchísimo más lejos de las playas, hoteles, tiendas y almacenes bajo la figura de puerto libre y buenos precios. Apenas raspé la superficie de la rica, variada cultura e inmensa gentileza de su gente. El entonces intendente Kent Francis y el periodista-publicista Eduardo Lunazzi me introdujeron a un poco de la historia y la vida interna de la isla. Como cuando uno se mete al mar, pero solo mojarse los pies. No hubo tiempo para más.

El festival dejó de hacerse desde 1995 hasta 2012, cuando estos quijotes apasionados retomaron la idea y volvieron a iniciar la realización del evento. Este año se cumplen los 30 años y la buena noticia es que el Green Moon se hará en septiembre, con nuevos bríos. Tendrá por supuesto un elenco musical que cubrirá toda la expresión musical del Caribe, la parte latina, la francesa y la anglo. Desde luego, estará toda la actividad paralela, en conferencias, talleres, gastronomía, deportes locales, cultura y los temas que se relacionan con la actualidad del archipiélago: población, protección del medio ambiente, sostenibilidad, etc.

Así como Cartagena en los últimos años se ha convertido en enero en un polo de atracción turística en por la variedad de actividades culturales, San Andrés por su ubicación se podría convertir en un sitio donde el Caribe entero confluye. En la medida en que el gobierno central, las grandes empresas, junto con el gobierno departamental y los patrocinadores locales hagan un esfuerzo, en las islas se podría concentrar en un gran evento toda la expresión cultural, gastronómica, académica de todas las Antillas.

Qué bueno sería ver en el Caribe colombiano congregarse gentes de las diferentes islas a celebrar la cultura de la región. Reunir artistas que toquen reggae, dancehall, compas haitiano, zouk, soca, calypso, salsa, góspel, merengue, ritmos cubanos, africanos, y los tradicionales de la cultura nativa como la mazurka, waltz, schotis, polka, jumping polka, mento, pasillo… ¡Quién dijo que el Caribe es solo reggae!

Hay planes para abrir el abanico de ofertas en el festival. Pienso que se podría ampliar para incluir algo de jazz, blues y soul, que finalmente tienen un origen común, todos vienen de la gran cuna africana. Es la oportunidad de llevar grandes nombres de estos géneros que hace que un festival como el Green Moon, sea atractivo para turistas del interior y de otros países.

Aruba ha hecho de este tipo de eventos polos de atracción a los que he asistido y son una delicia. San Andrés podría ofrecer una alternativa, para los colombianos, sin pasaporte ni visa. Requiere, reitero, de apoyo financiero. No es imposible, pues no dudo que los resultados se verán y rápidamente.

Aparten pues, del 2 al 9 de septiembre de este 2017 para vivir lo que al principio se ofreció como  “un abrazo fraternal en forma de raza y cultura”.

Me gusta eso.

ANTES DE TERMINAR. El ataque esta semana a un carro supuestamente Uber, por unos presuntos taxistas, simplemente muestra que si el gobierno no toma medidas serias para legalizarlo o prohibirlo de una vez por todas, los problemas solo crecerán. Eso mismo sucede con los bicitaxis en Bogotá y mototaxis en el resto del país. Salen a decir que está prohibido, pero las calles están inundadas de esas formas alternas de transporte. No es cuestión de calificarlo, si es bueno, malo, útil. Pero quienes toman las decisiones metan sus colectivas cabezas en la tierra como el avestruz y negar que existe un problema, es peligroso. Se arriesga que tarde o temprano les va a estallar en la cara. ¡Actúen!

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