Guayos que tallan

Guayos que tallan

13 de noviembre del 2017

Es muy fácil criticar el camino del otro. Sobre todo desde las redes sociales donde cualquier avatar de Piolín o Darth Vader se atrinchera en su teclado, se llena de la valentía que le falta en la vida real, e inyecta veneno a cada uno de los 280 caracteres (doble dosis que antes) para acabar con todo aquel que no coincide con su manera de vivir la vida. 

La exigencia de los jugadores del fútbol colombiano de acabar la Liga el 10 de diciembre (como se acordó hace un año con DIMAYOR) les ha causado cientos de insultos, incluso de los propios hinchas de sus equipos.

Se les reprocha querer tener vacaciones con sus esposas e hijos desde la fecha acordada. Se les critica luchar por eso cuando ‘se la ganan fácil, persiguiendo un balón, trabajando un día a la semana y cobrando más que cualquiera’. 

Se les olvida que es el futbolista quien pone las piernas, la materia prima del espectáculo.
Que esta es una carrera que requiere tanta disciplina como cualquier otra, pero que es más riesgosa y corta que la mayoría.

Que detrás de la máquina de hacer goles o evitarlos hay una persona y detrás de la persona una familia que ya tenía sus vacaciones planeadas, como la de cualquier otro trabajador.

Se destroza a los futbolistas, se les insulta y se pone en duda su profesionalismo cuando los verdaderos culpables de todo esto avivan la llama de esas críticas desde la comodidad de sus escritorios.

La DIMAYOR se ha escudado en el paro de pilotos de Avianca para justificar el cambio de fechas en finales sin consultar con los jugadores. Una mentira fácil de evidenciar: el calendario, aprobado por los clubes desde hace un año, estipulaba el final de la fase de todos contra todos el 18 de noviembre. El mismo día que acabará. Es decir, el paro de pilotos no incidió en la alteración del calendario del final del campeonato. 

Las verdaderas razones hay que buscarlas en el desorden y la falta de previsión de los dirigentes de nuestro fútbol, que olvidaron antes de dar su palabra a la agremiacion de jugadores, que un equipo colombiano (Junior en este caso) podría disputar un torneo continental. De aquellos que no tuvieron en cuenta el concierto de Bruno Mars en el Campín con Santa Fe y Millonarios peleando finales. No de los jugadores. 

El tema va mucho más allá de ayudarle o no a Junior, de si se hizo o no con Nacional el año pasado. El tema pasa por honrar la palabra, por dar al jugador el trato y el lugar que merece, y no tomar decisiones unilaterales que lo afecten. Por concebir un fútbol serio y organizado en el que todos los involucrados se vean beneficiados. 

Es muy fácil criticar el camino del otro. Sobre todo si nunca se ha puesto sus zapatos para recorrerlo. Es fácil hablar de la vida del futbolista si nunca le han tallado unos guayos. 

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