Yo te prometo…

30 de noviembre del 2015

Que el presidente de Francia deje de engañar y busque alternativas inteligentes

Yo te prometo…

Nada más mentiroso que las promesas de los amantes: “Estaré contigo toda la vida…” “como tu no hay nadie…” “Te prometo que dejaré a la otra”, “eso no significó nada…” etc. etc.

Ya se sabe, por sus escándalos públicos, que Francois Hollande es un amante múltiple. Tenía esposa y amante. Cuando lo descubrieron y la esposa lo echó se fue con la amante que pasó a ser su esposa y rápidamente se proveyó de otra amante, hasta que lo pillaron y está en trance de volver con la primera y reemplazar a la segunda.

Ese círculo de promesas mentirosas es un patrón de comportamiento que difícilmente va a cambiar, en especial ahora cuando es “importante”, presidente de un país en guerra. Eso no tendría por qué importarnos, son cosas de su vida personal, como le dijo a los medios para que no lo molestaran más.

Pero, sí empieza a importar cuando las mentiras sobre su vida personal y su actividad sexual las traslada al mundo público. Ahora que prometió solemnemente antes las víctimas del ataque de los Yihadistas en Paris el pasado 13 de Noviembre, que acabará con el Estado Islámico. Y lo dijo con toda la pompa, todo cariacontecido, como seguramente lo ha hecho otras veces cuando lo pillan con sus amantes.

El sabe que eso no es posible, sabe que está alimentando un sentimiento de venganza y una falsa ilusión en las personas que sufrieron por la pérdida de seres queridos en los infames ataques. No es posible, simple y llanamente, porque el terrorismo no se acaba con bombas. Eso es como intentar matar mosquitos a balazos.

Por supuesto que hay que hacer algo, por supuesto que el monstruo creado por las intervenciones desproporcionadas de Occidente en el Medio Oriente, alentó el fanatismo que hoy ha desembocado en esa furia irracional llamada EI, o ISIS, o Boko Harám, o cualquier otro nombre que le den a esa Yihad (Guerra Santa), desatada en todos los países del Islam.

Lo que hay que hacer no es tan sencillo, ni tan imbécil, como mandar bombas que se disparan a discreción, a veces con tan mala puntería como sucedió con el bombardeo a un hospital de Médicos sin Fronteras, por parte de los aviones norteamericanos. Están acribillando muchos pueblos y no logran terminar con los fanáticos, sino que los aumentan.

Es posible que la solución no sea tan fácil, ni tan rápida. Sin embargo podría ser más duradera y estable si se toman el tiempo de buscar salidas negociadas. Hasta los más fanáticos tienen su talón de Aquiles y el de los Yihadistas no es propiamente el miedo a morir. Hay una población civil, esa sí amedrentada por las bombas, hambrienta por las escaseces de la guerra que busca en forma desesperada huir hacía los mismos países que la bombardean y la desprecian.

Esas promesas de amante mentiroso que hace Hollande no van a resolver el problema. Los Yihadistas no se van a acabar con los bombardeos, sino que aumentará el odio a Occidente y aparecerán miles de jóvenes más dispuestos al sacrificio en nombre de Alá. Que el presidente de Francia deje de engañar y busque alternativas inteligentes, si no para su vida sexual, por lo menos para administrar esa guerra que proclamó de manera solemne.

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