Habilidades Blandas: ¿Quién y cuándo?

10 de octubre del 2019

Por: Rodrigo Riaño, Vicerrector Académico Universidad La Gran Colombia.

Habilidades Blandas: ¿Quién y cuándo?

En los últimos años diversos informes y reportes mundiales hablan de la necesidad que tienen los empleadores de contar con egresados universitarios con habilidades blandas. Muchos de estos documentos incluso hablan de la no satisfacción de parte del mundo empresarial con el perfil de trabajadores que están recibiendo del entorno universitario, en la medida que los nuevos profesionales tienen problemas para poder adaptarse al desafiante entorno del mercado laboral actual. Pero ¿en donde se aprenden dichas habilidades?, ¿realmente son las Universidades los escenarios donde los jóvenes desarrollan estas competencias?

Inicialmente es importante aclarar que en los entornos de selección de personal se habla de habilidades duras y habilidades blandas. Una habilidad dura es por ejemplo la capacidad que tiene un egresado de arquitectura al utilizar BIM (Building Information Modeling) para modelar digitalmente un diseño, es decir, se trata de una habilidad que se logra a través de un proceso educativo; bien sea una carrera o un diplomado específico en el uso de esta herramienta digital.

Por otra parte, están las habilidades blandas, que se trata de un paquete de rasgos intrapersonales y que son mucho más difíciles de medir y enseñar; por lo menos en los entornos tradicionales de clase. Por ejemplo, pensemos en ¿cómo enseñar motivación o flexibilidad mental en un aula de clase?, en efecto se pueden crear actividades para ello, pero va a ser más complicado evaluar el nivel de desempeño en una de estas características, que el nivel de conocimiento que tiene un Ingeniero Civil en cálculo estructural.

Lo llamativo de esto, es que en el sector de los Head Hunters, las empresas de selección de personal y los departamentos de talento humano de las organizaciones, a estas habilidades, se les concibe como determinantes para la empleabilidad.

La pregunta es ¿donde aprende una persona a ser creativo, a trabajar en equipo, a tomar decisiones, a manejar el tiempo, a resolver problemas, a tener un pensamiento crítico, a mantenerse motivado, a tener un pensamiento flexible y solucionar conflictos? Los empleadores e informes como los de la OCDE respecto a Educación Superior en diferentes países de Latinoamérica, hacen un llamado a las universidades para que sean ellas las que fortalezcan estas habilidades, pero ¿estamos seguros que son las universidades las que deben asumir esta responsabilidad?

De hecho, para tener éxito en los entornos de educación superior, los estudiantes deben contar con varias, sino todas las habilidades señaladas anteriormente, puesto que corresponden no solo a herramientas comportamentales, sino también cognitivas y por lo tanto son vitales para sobrevivir en un entorno tan exigente como el universitario. Esto quiere decir, que es el colegio e incluso el hogar el escenario donde dichos rasgos debieron ser cultivados.

Quizá las universidades deben asumir la responsabilidad de caracterizar muy bien a sus aspirantes, de tal manera que de entrada puedan cualificar a sus estudiantes de primer semestre, para que de allí en adelante se generen escenarios extracurriculares que permitan potenciar dichas cualidades intrapersonales.

Pero en línea con lo anterior, quizá necesitamos que el Gobierno nacional favorezca no solo el diálogo universidad – empresa, sino también, colegio – universidad – empresa. Si el país tuviera definido una política educativa clara, entendiendo que la vida académica no se trata de una serie de etapas, sino de un continuo; posiblemente existiría una mayor afinidad entre las características de los egresados universitarios y aquellas que demandan los entornos laborales.

Con ello no se está sugiriendo formar desde el pre-escolar individuos con mentalidad de empleados, se trata de exhortar al Gobierno a definir qué profesionales/tecnólogos/técnicos se quieren y se requieren en 30 años, para a partir de allí, organizar planes decenales de educación que realmente incluyan en ese continuo que inicia en el pre-escolar y termina en estancias posdoctorales, el fomento de habilidades blandas, que son importantes, no solo porque los empleadores lo digan, sino porque coinciden con las características actitudinales que deben tener los habitantes de la tierra que quieran realmente sumar a proyectos globales como la consecución de los Objetivos de Desarrollo Sostenible de la agenda 2030.

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