De Harold Orozco a Harold Bedoya, sobresalientes, porfiados

Foto: Captura de pantalla/Facebook

De Harold Orozco a Harold Bedoya, sobresalientes, porfiados

3 de Mayo del 2017

Tenían en común su nombre, Harold, de origen escandinavo y claramente señalado para dirigir ejércitos. Quizá nunca se sentaron en la misma mesa pero cada uno sabía del otro. Ambos llegaron a ser famosos en sus actividades y sobresalientes al máximo. Harold Orozco, cantante, compositor, autor de grandes piezas publicitarias. Harold Bedoya, militar, comandante de las Fuerzas Militares y candidato presidencial.

Murieron con una diferencia de 48 horas, el músico de 70 años, el militar de 78. No obstante sus logros y trayectoria, la vida (que es una tómbola caprichosa) les quedó debiendo objetivos que resultaron frustrados. “Los duros andamios de la vida…”.

Harold Orozco, con una voz extraordinaria, a la altura de un Rafhael (el español) rivalizó con éste en el tema “Yo soy aquél” –según recuerda Elkin Mesa- pero la disquera Fuentes no lo apoyó y promovió. Teniendo un talento inmenso como compositor, tampoco pudo dedicarle mucho tiempo (después de “Destino la ciudad”) y lo consumió la música comercial para agencias de publicidad, asunto seguramente más rentable.

Entre tanto, el general Harold Bedoya –de figura imponente y recia personalidad- llegó a comandar las fuerzas militares colombianas, en el gobierno Samper.

Su negativa rotunda y altiva a negociar con la guerrilla (en esos tiempos y siempre) le costaron primero su carrera militar y después la incomprensión del país que se negó a elegirlo para los cargos públicos que se postuló, incluyendo la Presidencia de la República.

Bedoya resultaba muy de derecha, muy duro en sus posiciones, muy cerrero en la decisión de no darle respiro a la subversión, cuando los gobiernos sucesivamente buscaban acercamientos, negociaciones y pactos de paz. Hasta sus compañeros de armas, los más recios como el general Mora Rangel, fueron cediendo a esa voluntad política, que Bedoya insistió en rechazar.

Que descansen en paz. Los dos Harold fueron constantes, luchadores, se mantuvieron fieles a sus gustos y actividades, a las que dedicaron la vida. Y fueron sobresalientes, brillantes, porfiados, hasta sus últimas horas.

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