Hasta Luego Armando

25 de enero del 2019

Opinión de Ernesto Andrade

Hasta Luego Armando

Cuando empecé a estudiar medicina en la Universidad Militar hace mas de 35 años, recuerdo haberte conocido en la primera semana. Alguien nos presentó y se quedó para mi grabado tu fácil y musical nombre: Armando Carvajal. Te encontrabas en el último año de carrera.

Eras un rubio bonachón, de caminar extraño, medio jorobado, siempre con gafas enormes, con una sonrisa perpetua y enorme que borraba tus ojos claros, de un turquesa envidiable. Eras literalmente la versión joven del protagonista de la película Up. Siempre agradeceré ese apoyo de alguien “grande” que lo trata a uno de “chino” y lo hace sentir en casa. Un tono de voz tan rolo, que costaba creer que habías nacido en la bella ciudad de los parques. Me hacías sentir que hubiéramos sido amigos de toda la vida.

La vida y las profesiones nos mueven de lugar inclementemente y sin darnos cuenta nos despedimos de buenos amigos pero por fortuna siempre llegan de nuevo, de alguna manera. Hoy existe Facebook y otras formas de mantenernos en contacto lo cual es maravilloso. En esa época no, así que las muchas anécdotas que vivimos, quedaron en el limbo hasta que años después nos encontramos en el Hospital San Rafael donde ejercías como Cirujano y yo empezaba mi especialización en Cirugía Plástica.

Cada encuentro lo recuerdo con mucha alegría. ¡¡ Que humor más bravo !! No podías quedarte quieto nunca, tenías que estar haciendo chanzas a todo el mundo a toda hora. Yo que soy amante del humor pues me lo gocé al máximo aún cuando sé que más de uno te quería matar por esas tan bravas bromas.
En el primer año de residencia en Cirugía Plástica, uno se siente miserable. Le toca estudiar cosas que no le interesan y que muchas terminan no sirviendo para nada y de paso a uno lo regañan. Tu fuiste Armando, esa mirada que uno busca en un momento de angustia y que aparece a lo lejos, de la nada, acompañada de una mueca y diciéndome en silencio “No le pare bolas”

Te recuerdo como un gran cirujano, noble y bondadoso, ese mismo cariño que brota por montones hacia tus amigos y familiares, se lo entregaste también a tus pacientes y a nombre de todos ellos me tomo la vocería de darte la gracias una vez mas.

Por todos estos años Armando, solo puedo darte las gracias a manos llenas. Eres una de esas personas donde la palabra “decencia” brota por todos los poros. Siempre te recuerdo y siempre te llevaré en mi corazón. Espero haber correspondido a tu amistad.

Por tu existencia le doy gracias a la vida. Por tu entereza para aceptar este terrible destino que pronto terminará con tu vida y nos privará de esa maravillosa persona que eres, mil y mil millones de gracias. Has sido motivo de inspiración en la vida y ahora eres motivo de inspiración para enfrentar la partida final, la cual esperamos se demore.
No logro aceptar que tu existencia termine tan pronto. Eres muy joven para partir. Nos quedas debiendo muchas sonrisas, le quedas debiendo mucho amor a tus hijas, a tu hijo, a tu esposa y muchas cirugías a tus pacientes. El cielo debe estar aburrido y te mandó a llamar.

Que bueno haberte visitado y abrazarte una vez mas, una vez final. Espero que la vida honre tu existencia y te de un caminar tranquilo a la eternidad el día que tenga que ser. Lamento no poder estar a tu lado ese día para darte la mano mi buen amigo.

Gracias mi querido Armando por haberme compartido esa desprevenida y honesta sonrisa. Gracias infinitas por tanto amor. Como lo dijiste al final de nuestra visita en tu bella casa, que duras que son las despedidas.
Nunca hubiera sospechado que un ser como tu que solo me hizo reír, hoy me tenga aburrido y triste, haciendo un esfuerzo enorme para escribir estas líneas, para despedirme sin casi poder ver la teclas de las lágrimas que nublan mis ojos y que nunca imaginé me harías derramar. Este último sorbo de trago, va por ti mi buen amigo. Buen viaje.

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