Hay que oír las advertencias

6 de junio del 2018

Opinión de Daissy Cañón.

Daissy Cañon Hidroituango

La noche del 13 de noviembre de 1985 cuando la avalancha provocada por el volcán Nevado del Ruiz desapareció a Armero, algunos de sus habitantes salieron huyendo del agua y el lodo gracias a una advertencia hecha al cierre del noticiero TVHOY hacia las diez de la noche, para que sus habitantes abandonaran sus viviendas y salieran del pueblo porque el volcán había entrado en actividad. Días después muchos de quienes lograron salir se comunicaron con la redacción del informativo para agradecer por lo oportuno del aviso que los alertó y los hizo abandonar sus casas con lo que tenían puesto y salvar así sus vidas. Infortunadamente 25 mil personan murieron en una de la catástrofes más graves y dolorosas que recuerde el país.

Esa advertencia fue la última pero no la única, el propio alcalde del municipio Ramón Antonio Rodriguez, quien murió esa noche, llevaba meses solicitando al gobierno nacional y al departamental que ordenara la evacuación de los habitantes por la alerta dada por ecologistas y geólogos sobre lo que podría ocurrir con el volcán del Nevado del Ruiz, si el cráter Arenas aumentaba su actividad, como efectivamente pasó, lo que produjo expulsión de gases materiales y aire caliente que derritieron un casco de hielo del nevado y produjeron la avalancha por el cauce del río Lagunilla, arrastrando a gran velocidad agua, piedras, lodo, escombros y llevándose a su paso todo lo que encontraba.

Hoy cuando algunas voces prevén que puede presentarse una nueva tragedia provocada por la obra de la represa de Hidroituango, bien vale que a quienes les toca tomar medidas de fondo recuerden no solo el desastre y la muerte de miles de personas en Armero, sino cómo no se escuchó a quienes advirtieron basados en la experiencia y estudios que el volcán provocaría una avalancha devastadora.

Con la experiencia de lo que pasó hace 32 años, es mejor prevenir que lamentar lo que pueda pasar con los habitantes de 17 municipios en los departamentos de Antioquia, Bolívar, Sucre y Córdoba y completar la evacuación de quienes están en riesgo. Tal como ocurrió con el alcalde de Armero, al que nadie le hizo caso y fue calificado de alarmista, no se están escuchando las voces de quienes sostienen que si no se toman medidas con respecto a las personas una posible avalancha los arrastraría con ella. A la Sociedad Colombiana de Ingenieros le corresponde alzar la voz y al mensaje de carácter interno de un ingeniero experto, que fue dado a conocer en un medio radial, así no represente a la Sociedad Colombiana de Ingenieros y su opinión sea netamente personal, como lo expresó la organización en un comunicado de prensa, tal vez sería mejor tenerlo en cuenta, porque si todo el esfuerzo que hace EPM por superar los graves problemas que tiene a la presa hoy en cuidados intensivos infortunadamente no logra detener el desbordamiento del agua, es mejor estar preparados y no lamentar después el no haber escuchado ese tipo de voces, por apocalípticas que parezcan.

Más allá de si esta mega obra tiene o no problemas de ingeniería, de cálculos o de cualquier otra índole que solo entienden los expertos, bien vale la pena oír así sea parafraseandolos a quienes dicen que al parecer no hay plan de contingencia, ni plan de evacuación, solo el de gestión del riesgo, que es genérico y no está concebido para evacuar municipios completos y que un plan de contingencia no es utilizar un silbato cuando hay peligro, sino establecer lo materiales y medios para trasladar a la población a un área segura, buses, camiones, helicópteros, entre otros medios de transporte y proveer habitaciones y alimentación para esa población en áreas seguras y no hacinar a las familias en carpas en un sitio público del mismo pueblo, como el estadio o una escuela o una iglesia que en caso de una avalancha también serían arrastrados por la fuerza del agua. Estas labores le corresponden a las autoridades locales, departamentales y nacionales, EPM que se ocupe de lo suyo y salve la presa porque con eso salva también la vida de un buen número de personas.

Dios quiera que la ingeniería colombiana saque adelante a Hidroituango y que Armero ni hoy ni nunca sea superada por otra tragedia.

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