Herencias perversas

20 de agosto del 2011

Hay un convencimiento -casi total- en algunas sociedades como la nuestra, que la genética como atributo biológico rige los destinos de los hombres y mujeres que pueblan estos lugares pertenecientes a la comarca de la indiferencia. De tal manera, que quienes se abrogan el derecho de comandar la conducción y defensa de la especie, tribu, […]

Hay un convencimiento -casi total- en algunas sociedades como la nuestra, que la genética como atributo biológico rige los destinos de los hombres y mujeres que pueblan estos lugares pertenecientes a la comarca de la indiferencia. De tal manera, que quienes se abrogan el derecho de comandar la conducción y defensa de la especie, tribu, clan u horda social, no llegaron a tal predominio sobre los otros, producto de una disputa ancestral o de fuerza, donde el más fuerte impone su condición y dominio sobre el resto de la manada, o de demostradas condiciones y cualidades para el liderazgo; sino por convicción genética.

La educación básica nos enseñó que en principio Demócrito y Anaxágoras con su teoría de la “Pangénesis” pregonaban que existía una teoría de la herencia por mezcla, la cual suponía que los caracteres se transmiten de padres a hijos mediante fluidos corporales que, una vez mezclados, no se pueden separar, de modo que los descendientes tendrán unos caracteres que serán la mezcla de los caracteres de los padres. Bueno, hasta Darwin daba por cierta esta Teoría.

Luego esa misma educación básica nos aclaraba que sólo hasta el siglo XIX, Gregorio Mendel pudo adelantar sus trabajo (en los ratos de ocio que le permitía su condición de monje) y refundar sin saberlo, la genética como ciencia, porque sus esfuerzos sólo se reconocieron a principios del siglo XX.

Estos datos históricos sólo lo cito para traer al presente las tres (3) famosas “Leyes de Mendel” que surgieron de sus dedicados trabajos: Ley de la Uniformidad. Ley de la Segregación y Ley de la Segregación Independiente. Vean que si sirve para algo lo que nuestros abnegados profesores de biología nos obligaban a aprender en sus clases. Ahora les diré por qué. (Repase el primer párrafo de esta columna).

Ley de la Uniformidad: Establece que si se cruzan dos razas puras para un determinado carácter, los descendientes de la primera generación serán todos iguales entre sí (igual fenotipo e igual genotipo) a uno de los progenitores.

Cruce dos razas puras de políticos y averigüe qué caracteres heredarán los descendientes de la primera generación: ¿Presidentes o Congresistas? No busque más. Si conoce a algunos que cumplen con esta Ley, sonría primero y luego acepte que la política es la mejor condición genética que se puede adquirir. Es una Ley.

Ley de la Segregación: Esta ley establece que durante la formación de los gametos cada alelo de un par se separa del otro miembro para determinar la constitución genética del gameto filial.

Bueno, ahora la cosa si se puso interesante. Tome a una familia de políticos de buena tradición en su región o territorio e indague cuántas separaciones, peleas y disputas internas se producen en dicha familia para “armar tolda aparte” y defender de verdad, a la democracia de insanas prácticas tribales. Acá en este caso un “alelo” es un par que comparte hasta cierto momento mi proyecto político -genético y que después (por leyes de la herencia y de la conveniencia) debemos separarnos para que se cumpla la Ley.

Ley de la Segregación Independiente: Diferentes rasgos son heredados independientemente unos de otros, no existe relación entre ellos, por tanto el patrón de herencia de un rasgo no afectará al patrón de herencia de otro. Sólo se cumple en aquellos genes que no están ligados (en diferentes cromosomas) o que están en regiones muy separadas del mismo cromosoma.

Ahora la cosa se complicó. Esto de la genética y la política tiene sus vainas científicas.

“A mí nadie me sirvió de ejemplo para meterme a la política” –dice el hijo de un exalcalde que quiere ser diputado-. “Yo me estoy haciendo solito” –balbucea el primogénito de un gobernador que quiere ser concejal-. “A mí me inspira es el servicio social” –. “Ñatea” la mamá de un congresista que quiere ser concejala-. “Mi hermano es una cosa y yo soy otra”, argumenta el hermano gemelo de un senador preso por parapolítica. Cosas de la genética y de la política. Son leyes y por lo tanto se deben cumplir.

Coda: Le propongo amable lector que continúe la explicación de las tres anteriores leyes en el espacio de comentarios (y de paso discutimos si quiere sobre genética política) con sus experiencias y razones que encuentre sobre estas herencias perversas que arremeten como en una monarquía en el reino de la indiferencia.

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